La difusión masiva de videos falsos creados con inteligencia artificial plantea desafíos inéditos para verificar información en zonas de conflicto. Giancarlo Fiorella, director de investigación y formación de Bellingcat, señaló en Infobae en Vivo que este fenómeno se ha acelerado en episodios recientes como el enfrentamiento entre Irán, Israel y Estados Unidos, donde cualquier persona con acceso a internet puede producir y viralizar material audiovisual fabricado.
La comprobación de hechos en conflictos actuales exige procesos manuales y exhaustivos, además de la colaboración de fuentes locales, debido a la sofisticación de las falsificaciones y los incentivos de las redes sociales. Solo mediante análisis detallados, el uso de imágenes satelitales y el trabajo del periodismo independiente es posible distinguir entre hechos verificables y desinformación, un reto que aumenta con el avance tecnológico y la participación de actores estatales y privados.
“Lo que estamos viendo con el conflicto de Irán es algo nuevo”, explicó Fiorella. En otros conflictos recientes —Israel y Palestina, Ucrania o Siria— solían circular muchos videos grabados por residentes y difundidos por internet; ahora, la naturaleza y la escala de los contenidos falsos son distintas.
Sobre la magnitud del fenómeno, el experto comentó que con frecuencia aparecen videos completamente falsos generados por plataformas de inteligencia artificial accesibles al público general. Estas herramientas permiten crear material audiovisual muy realista sin requerir conocimientos técnicos, lo que facilita su producción y difusión masiva.
Fiorella subrayó que en el último año la distancia tecnológica entre videos auténticos y manipulados se ha acortado notablemente. Antes, las creaciones de IA solían cometer errores evidentes; hoy pueden ser altamente convincentes, lo que complica su identificación y verificación.
Incentivos en redes sociales y participación de actores estatales
Las plataformas digitales ofrecen incentivos que favorecen la creación de contenido viral y sensacionalista, lo que alimenta la circulación de imágenes falsas. Algunos servicios recompensan la interacción —retuits, likes o visualizaciones—, lo que motiva a producir material llamativo y sorprendente para captar atención.
Además, existen casos en los que gobiernos u otros actores estatales generan propaganda o contenidos fabricados. No obstante, Fiorella indicó que, en su experiencia con Irán, gran parte de los videos falsos parecen responder más a incentivos de viralidad individuales que a campañas estatales organizadas.
Cómo se verifica la información en zona de guerra
La verificación se basa en un escrutinio manual y metódico. Una práctica habitual es la geolocalización: identificar en un video todos los elementos visibles —edificios, carreteras, árboles y otros detalles— y registrarlos para compararlos con imágenes de referencia.
Con esos detalles se consulta a imágenes satelitales o servicios cartográficos como Google Maps para confrontar lo que aparece en el video con la fisonomía real del lugar. Ese cruce de evidencias ayuda a confirmar o descartar la autenticidad del material.
Fiorella advirtió también sobre la pérdida de información útil para la verificación: muchas redes sociales eliminan metadatos de los videos. Algunos creadores ocultan o recortan marcas que indicarían la procedencia de una IA, lo que dificulta aún más la autenticación.
En comparación con periodos anteriores, las plataformas de inteligencia artificial han mejorado sustancialmente. Antes solían generar fallos evidentes en las imágenes; hoy producen resultados mucho más pulidos, lo que eleva la complejidad de la verificación.
Desinformación y el reto para el periodismo independiente
Las imágenes generadas por IA, al ser muy realistas, afectan la percepción pública: pueden llevar a creer en acontecimientos que no ocurrieron y, a la vez, provocar escepticismo frente a materiales auténticos. Este doble efecto —falsas creencias y desconfianza generalizada— es especialmente dañino en contextos de conflicto.
Fiorella destacó que el periodismo independiente desempeña un papel clave en la lucha contra la desinformación, ya que debe investigar y aportar pruebas sobre los hechos. En ese sentido, la inversión pública o privada en medios y en herramientas de verificación puede contribuir a combatir campañas engañosas y a sostener la credibilidad de la información.
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