12 de marzo de 2026
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Liza Minnelli: 80 años, cabaret, dificultades y gloria

Hoy Liza Minnelli cumple ochenta años. Sentada en el umbral de esa edad, recapitula una vida intensa: éxitos y fracasos, resurrecciones y pérdidas, años sobre los escenarios y afinidad con la música. Ha publicado unas memorias tituladas Kids, wait till you hear this, que recogen esas vivencias.

A esa edad también busca poner en claro su relación con sus padres, en particular con su madre Judy Garland, cuya influencia fue determinante y a veces dolorosa, y con su padre Vincente Minnelli, reconocido director. Los ochenta son una etapa para reconciliaciones o para aclarar asuntos pendientes.

Liza conserva la imagen de su infancia fijada en los cinco años. Fue un período difícil: sus padres se divorciaron y ella vivía entre las casas de Judy y Vincente, lo que marcó profundamente su niñez.

Una tarde de 1951, aburrida en casa de su padre, Vincente le preguntó a Liza quién quería ser; ella respondió que quería ser una bailarina española. Salieron a comprar disfraces y, de regreso, él la vio bailar. Fue uno de los primeros gestos que le revelaron el escenario y que Liza recordaría con afecto.

Las heridas de la infancia nunca desaparecen por completo; se reparan, se endurecen o se vuelven motor de vida. Para Liza, esa reparación tuvo un lugar en el escenario: la actuación y el canto le dieron sentido y le ofrecieron un espacio para expresar y transformar su vulnerabilidad.

Su carrera se construyó en teatros y en cine. Interpretó personajes memorables como Sally Bowles en Cabaret y Pookie Adams en The Sterile Cuckoo, roles que reflejaban fragilidad y fuerza al mismo tiempo y que la consolidaron como intérprete.

La película The Sterile Cuckoo (en Argentina titulada Los años verdes) estableció una conexión particular entre Liza y el público argentino. Una escena telefónica de cinco minutos mostró su intensidad como actriz y le valió la nominación al Oscar en 1969.

No ganó el Oscar por aquel papel —la estatuilla fue para Maggie Smith—, pero sí recibió en 1970 el Cóndor de Oro a la Mejor Actriz en el Festival Internacional de Cine de Mar del Plata; su premio fue recogido por su coprotagonista Wendell Burton.

No todas sus películas fueron uniformemente estimadas; por ejemplo, New York, New York, dirigida por Martin Scorsese, no tuvo la acogida de la crítica, aunque dejó una canción emblemática que Liza llevó con pasión.

Antes de alcanzar la celebridad y de consolidar su estilo con colaboradores como John Kander y Fred Ebb, Liza vivió una infancia y adolescencia turbulentas. Ella misma reconoció que, pese a lo fascinante de su entorno, su niñez no fue una infancia típica.

En Beverly Hills creció entre vecinos famosos y con una vida social que mezclaba lo familiar y lo profesional. Su nombre proviene de una canción de los hermanos Gershwin, y su padrino fue Ira Gershwin.

A los dieciséis años se trasladó a Nueva York tras haber pasado por numerosas escuelas. Se cuenta que Frank Sinatra le ofreció dinero al llegar, gesto que ella declinó. La experiencia en la ciudad marcó otro paso hacia la independencia.

Regresó a California y la exposición mediática creció cuando su madre la invitó a su programa de televisión, lo que impulsó su carrera. En 1964 lanzó su primer disco, Liza! Liza!, que incluía Maybe This Time, de Kander y Ebb, y a partir de ese momento trabajó estrechamente con ellos.

Maybe This Time estuvo a punto de no incluirse en la película Cabaret: Bob Fosse dudó, pero Liza defendió la canción argumentando que la interpretación marcaría la diferencia. Finalmente se incorporó y se convirtió en una de las piezas centrales del film.

En 2012, durante una visita a Buenos Aires, Liza pidió a Héctor Maugeri acompañarla en la gira y trabajar en la pronunciación de una canción en español, Esta tarde vi llover de Armando Manzanero, que interpretó en el Luna Park.

En 1965, con diecinueve años, obtuvo un Tony por Flora, the Red Menace, y poco después compartió escenario con su madre en Londres. Aquella presentación fue una experiencia compleja: el éxito público se mezcló con la sensación de competir con Judy Garland.

Judy Garland murió en 1969 por una sobredosis, un hecho que dejó huella en Liza. Ella ha señalado que su propia relación con las adicciones se agudizó tras ese episodio, cuando comenzó a recibir medicación para dormir.

La consagración llegó con Cabaret, dirigida por Bob Fosse: Liza creó una Sally Bowles inolvidable, mezcla de teatralidad, tragedia y energía. Por ese papel obtuvo el Oscar a la Mejor Actriz, en una ceremonia marcada por varios hitos del cine de la época.

Cabaret se estrenó en Argentina en 1972 en un contexto político y cultural complejo, coincidiendo con otros grandes títulos internacionales que formaron parte de la cartelera del momento.

La prensa local la introdujo como figura pública destacada; la fama también trajo la atención sobre su vida privada y sus romances, algunos breves y escandalosos por la exposición mediática.

Artistas como Andy Warhol relataron episodios de la vida nocturna y los excesos de esa época; Halston y Studio 54 aparecen asociados a esos años de fiesta y de consumo de drogas en Nueva York.

Liza ingresó y salió de tratamientos para las adicciones a lo largo de su vida. En una ocasión tuvo que sustituir a Dean Martin en una gira junto a Frank Sinatra y Sammy Davis Jr., demostrando su capacidad artística y su profesionalismo pese a las dificultades personales.

Ella atribuye su problema con el alcohol a una predisposición heredada y ha defendido la idea de que se trata de una enfermedad, no de una mera falta de voluntad. Por eso ha mantenido medidas estrictas en su entorno para evitar el consumo.

Su vida sentimental fue turbulenta: cuatro matrimonios que terminaron en separación. El primero fue con Peter Allen; luego con Jack Haley Jr.; más tarde con Mark Gero, con quien sufrió pérdidas gestacionales; y finalmente con David Gest, una relación muy publicitada y conflictiva.

El matrimonio con David Gest, celebrado con la presencia de celebridades, terminó en acusaciones mutuas y una separación rápida. Gest murió en 2016, a los sesenta y dos años.

Además de las adicciones y los problemas emocionales, Liza enfrentó múltiples problemas de salud: intervenciones en cadera, rodilla y espalda, una encefalitis en 2000 que la dejó temporalmente en silla de ruedas, y un cáncer de mama en 2010 que superó tras operaciones.

En los Oscar de 2022 apareció en escena junto a Lady Gaga en una silla de ruedas, un momento que sus memorias describen con detalles sobre cómo se gestionó su presencia y cómo eso la afectó públicamente.

Visitó la Argentina varias veces y se interesó por el tango; aprendió a bailar con figuras locales y, en 2012, recorrió la ciudad y algunos rincones porteños con Héctor Maugeri.

A los ochenta, Liza ha tomado un descanso relativo. Su cuerpo muestra los efectos de una vida intensa, pero su relación con el arte permanece: cuando escucha música o sube a un escenario, conserva la capacidad de emocionarse y emocionar.

Si las condiciones la llaman, es plausible que vuelva a actuar: su voz, su presencia y su técnica siguen siendo armas poderosas; ante la música, su reflejo es cantar con intensidad.

Al final, muchas de sus contradicciones y logros siguen vivas: su carrera y su energía artística persisten más allá de las circunstancias personales.

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