El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, aseguró en una publicación en la red social Truth que su país está “destruyendo totalmente el régimen terrorista de Irán” mediante acciones militares, económicas y de otras índoles. Según el mandatario, la ofensiva contra Teherán está degradando las capacidades militares iraníes y Estados Unidos dispone de recursos suficientes para proseguir las operaciones.
Trump afirmó que están “destruyendo por completo el régimen terrorista de Irán” en todos los frentes posibles.
En el mismo mensaje, el presidente sostuvo que “la Armada iraní ha desaparecido, su Fuerza Aérea ya no existe, los misiles, los drones y todo lo demás están siendo diezmados” y que varios líderes iraníes han sido eliminados.
Trump también resaltó la superioridad militar de Estados Unidos y advirtió sobre nuevas acciones, afirmando que el país cuenta con un poder de fuego considerable, munición abundante y tiempo suficiente para continuar las operaciones.
El presidente presentó la respuesta como parte de una reacción a décadas de enfrentamiento con Teherán, señalando que, como el 47.o presidente de Estados Unidos, tiene la intención de poner fin a lo que describió como una larga trayectoria de violencia internacional atribuida al régimen iraní.
Horas antes, durante un acto en la Casa Blanca por el Mes de la Historia de la Mujer, Trump defendió la ofensiva militar conjunta con Israel contra Irán, dijo que la campaña avanza rápidamente, calificó a Irán de “nación de terror y odio” y afirmó que el Ejército estadounidense está haciendo lo que se debería haber hecho en décadas anteriores.
Las declaraciones llegan en el día 13 de la denominada Operación Furia Épica, la campaña militar que comenzó el 28 de febrero y que, según la Casa Blanca, responde a un enfrentamiento que se remonta a la fundación de la República Islámica de Irán.
La República Islámica se proclamó en abril de 1979 tras la revolución encabezada por el ayatollah Ruhollah Jomeini, que derrocó al sha Mohammad Reza Pahleví. Desde entonces, Teherán y Washington rompieron relaciones diplomáticas y han mantenido tensiones que incluyeron la crisis de los rehenes en la embajada estadounidense, el apoyo iraní a milicias regionales y décadas de sanciones.
El conflicto ha causado un alto número de víctimas. El Ministerio de Salud iraní reportó más de 1.200 muertos y más de 10.000 heridos desde el inicio de los bombardeos. La Agencia de Noticias de Activistas de Derechos Humanos de Irán (HRANA), con sede en Estados Unidos, informó cifras mayores: al menos 1.262 civiles y 190 militares muertos hasta el 10 de marzo.
Las declaraciones públicas de Trump sobre la guerra han variado en los últimos días. En un encuentro con republicanos en Miami, el presidente dijo que el conflicto podría terminar “bastante rápido” y afirmó que el Ejército estadounidense había destruido cerca del 80% de los lanzadores de misiles iraníes. En una rueda de prensa posterior habló de “avances significativos hacia el cumplimiento de nuestros objetivos militares”. Más adelante señaló que Estados Unidos y sus aliados “han ganado en muchos aspectos, pero no lo suficiente”.
Por su parte, el régimen iraní descartó negociar con Washington. El ministro de Exteriores, Abbas Araghchi, dijo que no considera posible retomar conversaciones con Estados Unidos, y el portavoz de la Guardia Revolucionaria, Ali Mohammad Naini, afirmó que “Irán determinará cuándo termina la guerra”.
Teherán respondió a los bombardeos con lanzamientos de misiles y drones contra Israel y contra bases militares en el Golfo, lo que contribuyó a la escalada del conflicto en varios países de la región.
En medio de la guerra, la Asamblea de Expertos de Irán eligió el 8 de marzo a Mojtaba Khamenei, hijo del entonces líder supremo Alí Khamenei, como nuevo líder supremo tras la muerte de su padre en los primeros ataques del conflicto. Antes de esa designación, Trump advirtió que la elección de otro Khamenei sería “inaceptable” y afirmó que cualquier líder iraní sin el respaldo de Washington “no durará mucho”.

