El primer ministro israelí Benjamin Netanyahu confirmó el martes la muerte de Ali Larijani y aseguró que Israel está “debilitando al régimen iraní” para ofrecer al pueblo iraní la posibilidad de derrocarlo, pocas horas después de que su gobierno informara que abatió al jefe del aparato de seguridad iraní y al comandante de los Basij en ataques aéreos nocturnos.
Netanyahu afirmó que “esta mañana eliminamos a Ali Larijani, el jefe de la Guardia Revolucionaria”, y describió a ese grupo como la red que, en su opinión, controla Irán. Añadió que también fueron abatidos el comandante de los Basij y otros colaboradores a quienes acusó de sembrar terror en Teherán y otras ciudades.
El primer ministro presentó los ataques como parte de una estrategia más amplia, destinada a debilitar al régimen y crear condiciones que permitan a los iraníes intentar un cambio político. Reconoció que ese objetivo no sería inmediato ni sencillo, pero afirmó que la perseverancia podría dar a la población la oportunidad de asumir el control de su destino.
Netanyahu dijo además que hay una estrecha coordinación con Washington en la región del Golfo Pérsico. Afirmó haber hablado “extensamente” con el presidente Trump y señaló cooperación entre la Fuerza Aérea y la Armada israelíes y el equipo estadounidense. Según él, se realizarán tanto ataques indirectos como acciones directas y anticipó que habrá “más sorpresas”, señalando que no revelaría todas las medidas.
En su intervención subrayó la importancia de la determinación para alcanzar la victoria en un conflicto: insistió en que la decisión y la firmeza de líderes, comandantes y población son factores clave para lograr los objetivos militares.
Netanyahu trazó un relato que va desde el ataque del 7 de octubre de 2023 hasta la situación actual, asegurando que tras ese episodio Israel pasó de estar al borde del colapso a convertirse en una potencia fuerte, apoyada por alianzas internacionales. Preguntó retóricamente qué otro país dispone de las mismas capacidades y reforzó la idea de la fortaleza militar, las alianzas y el apoyo popular.
También anunció medidas económicas para los ciudadanos afectados por la guerra, indicando que había ordenado la presentación y ampliación de un plan detallado de compensaciones y ayudas, tanto para el norte del país como para quienes lo necesiten, y que esta vez sería más amplio que en ocasiones anteriores.
Estos mensajes se difundieron un día después de que Netanyahu grabara un saludo al pueblo iraní con motivo del Festival del Fuego y del Año Nuevo persa. En ese video deseó a los iraníes unas felices fiestas y destacó el significado especial de esta celebración, animándolos a reunirse con familiares y amigos. Cerró con un saludo en persa: “Nowruz pirouz, payandeh Iran”, que dijo significa “que el Año Nuevo triunfe, que Irán perdure”.
Los pronunciamientos de Netanyahu coincidieron con un clima de alta tensión en Irán. El martes por la noche se celebraba el Chaharshanbe Souri, una tradición persa en la que se encienden hogueras y se salta sobre las llamas. Temiendo que las celebraciones derivaran en protestas, las autoridades enviaron mensajes de texto con advertencias a la población y desplegaron fuerzas de seguridad en puntos clave de Teherán, incluyendo vehículos con ametralladoras cerca del Gran Bazar.
En ese contexto, el príncipe heredero iraní en el exilio, Reza Pahlavi, aseguró que las autoridades habían emitido “amenazas de uso de fuerza letal para suprimir estas celebraciones pacíficas” y convocó manifestaciones frente a embajadas iraníes en el extranjero.
El conflicto llevaba dieciséis días y, según cifras oficiales citadas, había causado al menos 1.300 muertos en Irán, 850 en Líbano y 12 en Israel, además de 13 soldados estadounidenses fallecidos y cerca de 200 heridos.



