20 de marzo de 2026
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Ondas cerebrales del sueño que predicen la demencia antes de los síntomas

La demencia afecta a más de 55 millones de personas en el mundo y cada año se detectan cerca de 10 millones de casos nuevos, según la Organización Mundial de la Salud.

En este contexto, el análisis de la actividad cerebral durante el sueño podría anticipar el riesgo de desarrollar la enfermedad años antes de que aparezcan los primeros síntomas, según una investigación de la Universidad de California, San Francisco (UCSF). El estudio fue publicado en la revista JAMA Network Open.

El enfoque se basa en estimar la llamada “edad cerebral” a partir de registros nocturnos. Ese indicador permite identificar si el cerebro envejece más rápido que el resto del cuerpo, una diferencia vinculada a un mayor riesgo de deterioro cognitivo futuro.

Qué analizan las ondas cerebrales durante el sueño

El estudio, realizado en colaboración con el Beth Israel Deaconess Medical Center, empleó un modelo de aprendizaje automático para evaluar 13 características microestructurales —detalles finos en la forma y el comportamiento de las ondas cerebrales— registradas mediante electroencefalograma (EEG).

Entre los patrones examinados están las ondas delta, asociadas al sueño profundo, y los husos del sueño, ráfagas breves implicadas en la consolidación de la memoria. A diferencia de enfoques que miden principalmente la cantidad de sueño, este análisis se centra en cómo funciona el cerebro mientras descansa.

La muestra incluyó cerca de 7.000 personas de entre 40 y 94 años sin diagnóstico previo de demencia, con seguimientos de entre 3,5 y 17 años.

Un hallazgo notable fue el papel de la curtosis —un indicador de picos abruptos en la actividad cerebral—, que se asoció con menor riesgo de demencia, al contrario de lo esperado. Este tipo de medida captura detalles que no aparecen en métricas más generales, como la duración del sueño o sus fases.

La edad cerebral como indicador de riesgo

Los investigadores destacan la comparación entre la edad cerebral estimada y la edad cronológica. Cuando el cerebro muestra signos de envejecimiento superior al esperado, el riesgo de demencia aumenta.

En concreto, por cada 10 años de diferencia a favor de la edad cerebral, la probabilidad de desarrollar demencia crece aproximadamente un 40%.

Por ejemplo, si una persona de 60 años presenta patrones cerebrales propios de alguien de 70, su riesgo de deterioro cognitivo futuro es significativamente mayor.

Esta relación se mantuvo tras ajustar por factores como el nivel educativo, el índice de masa corporal, el tabaquismo, antecedentes médicos y predisposición genética.

Durante el seguimiento, cerca de 1.000 participantes desarrollaron demencia, lo que permitió validar la asociación entre este indicador y el deterioro cognitivo real.

“La actividad cerebral durante el sueño ofrece una ventana medible sobre cómo envejece el cerebro”, explicó Yue Leng, profesora asociada de psiquiatría en UCSF y autora principal del estudio. Según la investigadora, los patrones eléctricos nocturnos resultan más reveladores que la cantidad de horas dormidas para entender la salud cognitiva a largo plazo.

Hacia una detección temprana más accesible

Los autores proponen que este avance podría convertirse en herramientas de monitoreo accesibles y no invasivas. En el futuro, dispositivos portátiles que registren la actividad cerebral durante el sueño permitirían evaluar el riesgo de demencia desde el hogar.

Un sistema así facilitaría la detección temprana y abriría la puerta a intervenciones preventivas antes de que aparezcan los síntomas clínicos.

El modelo desarrollado con el Beth Israel Deaconess Medical Center también sugiere que ciertos hábitos influyen en el envejecimiento cerebral: la calidad del descanso, la actividad física y el control del peso podrían afectar la evolución de estos patrones.

Haoqi Sun, profesora asistente de neurología y primera autora del trabajo, destacó que tratar los trastornos del sueño podría modificar estas señales cerebrales y ayudar a preservar la memoria y otras funciones cognitivas.

Aunque la tecnología mejora la predicción del riesgo, los investigadores subrayan que la salud cerebral no depende solo de herramientas diagnósticas. El cuidado cotidiano —descanso adecuado, hábitos saludables y seguimiento médico— sigue siendo esencial.

En resumen, el estudio refuerza la idea de que el cerebro deja señales tempranas incluso mientras dormimos, y que interpretarlas podría ser clave para prevenir el deterioro cognitivo antes de que se manifieste.

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