En el contexto del conflicto en Medio Oriente, que cumple un mes, el director general del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), Rafael Grossi, se pronunció sobre el programa nuclear de Irán y la situación actual en medio de tensiones con Estados Unidos e Israel. En una entrevista con CNN, Grossi reconoció que los ataques del año pasado causaron “enormes daños”, pero indicó que todavía quedan elementos intactos y destacó la urgencia de un acuerdo internacional para gestionar el material nuclear acumulado por Teherán.
Recientemente, la administración de Donald Trump presentó a Irán un plan de paz de quince puntos destinado a poner fin al conflicto armado y a imponer restricciones severas sobre el desarrollo nuclear iraní. Entre sus demandas figuran el desmantelamiento de los principales sitios nucleares, la suspensión completa del enriquecimiento de uranio y la entrega de las reservas existentes. Irán, en cambio, reclama su derecho soberano a mantener actividades de enriquecimiento bajo supervisión internacional.
Grossi señaló que “el derecho per se al enriquecimiento no existe”, pero aclaró que los Estados pueden realizar actividades de enriquecimiento si aceptan la inspección exhaustiva del OIEA en todas sus instalaciones. Asimismo indicó que Estados Unidos ha expresado repetidamente su rechazo a que Irán mantenga enriquecimiento. En negociaciones previas se propusieron alternativas con niveles muy limitados de enriquecimiento, que no prosperaron.
El núcleo de la discusión actual, explicó Grossi, es si se podrá imponer un cese total del enriquecimiento o si se aceptará una moratoria temporal. Propuso que podría considerarse una suspensión de varios años como parte de un proceso de creación de confianza, aunque admitió que no puede predecir el resultado de futuras conversaciones.
Los ataques militares del año pasado cambiaron el equilibrio regional. La campaña aérea de junio se centró en los complejos de Isfahán, Natanz y Fordow, principales centros nucleares iraníes. Grossi confirmó que los daños fueron “muy considerables”, pero recalcó que no toda la infraestructura fue destruida y que Irán ha acumulado conocimientos y capacidades a lo largo del tiempo.
Aunque analistas de inteligencia estadounidenses sostienen que los bombardeos habrían dejado a Irán incapaz de avanzar en su programa nuclear durante años, Grossi matizó esas afirmaciones: no es experto militar y, si bien el daño fue importante, persisten elementos que no fueron eliminados.
Grossi añadió que el conflicto actual tiene objetivos que van más allá del ámbito nuclear, por lo que, pese a los daños significativos del año pasado, no todo fue destruido.
Sobre la posibilidad de que Irán reconstruya su programa, el director del OIEA comentó que la tecnología de enriquecimiento, aunque compleja, puede reproducirse en plantas y talleres dispersos, dado que Irán domina la metodología y la fabricación de centrifugadoras.
En cuanto a las reservas de uranio enriquecido, Grossi advirtió que lo almacenado en Isfahán podría ser suficiente, según sus estimaciones, para fabricar más de diez armas nucleares. Por ello, reiteró que la opción más segura es alcanzar un acuerdo que permita el regreso de los inspectores del OIEA para verificar el destino del material; la última inspección del organismo, dijo, fue en junio del año pasado, cuando los cilindros estaban sellados con dispositivos de la agencia.
Grossi consideró que una solución negociada brinda mayores garantías que una acción militar, ya que ningún ataque garantiza la destrucción total del material ni impide necesariamente su proliferación.
Consultado por CNN sobre la fiabilidad de Irán como interlocutor, Grossi afirmó que la delegación iraní se ha mostrado racional y sofisticada en mesas de negociación, defendiendo sus intereses con inteligencia, de la misma manera que lo hacen Estados Unidos e Israel.
El conductor Fareed Zakaria preguntó sobre la legalidad del conflicto según el derecho internacional. Grossi evitó dar un juicio categórico y recordó que desde 1945 solo dos intervenciones se consideraron alineadas con la Carta de la ONU: la Guerra de Corea (resolución Uniting for Peace) y la primera Guerra del Golfo (resolución 687). Subrayó que el papel de la ONU es resolver problemas prácticos más que entablar debates académicos sin consenso.
La postura de Estados Unidos se basa en la desconfianza sobre la posibilidad de que Irán retome el desarrollo de armas nucleares en el futuro. Grossi puntualizó que, partiendo de uranio enriquecido al 60%, se requiere un proceso adicional relativamente pequeño para alcanzar material apto para arma, y que el programa iraní había alcanzado un nivel de sofisticación preocupante.
El futuro del programa nuclear iraní y la seguridad regional dependen de la capacidad de las potencias y de Irán para acordar mecanismos verificables que permitan un control efectivo de las actividades nucleares.
Mientras se esperan nuevas negociaciones, la comunidad internacional sigue con atención los movimientos en torno a las instalaciones nucleares iraníes y la evolución del conflicto que involucra a Estados Unidos, Israel e Irán, con el OIEA como actor central en las tareas de inspección y verificación.



