El general Martín Balza, veterano de Malvinas y exjefe del Ejército Argentino, ofreció en Infobae al Regreso una evaluación crítica sobre las fallas de la conducción militar durante la guerra, a 44 años del conflicto. En la conversación con el equipo del programa, enfatizó que la iniciativa fue un “renunciamiento a las escasísimas pretensiones de la humanidad” y señaló que la dictadura buscaba, en realidad, prolongar su permanencia en el poder.
Balza y la guerra: “Una causa justa en manos bastardas”
Balza describió la acción como “una causa justa en manos bastardas”, porque, a su juicio, el objetivo no fue principalmente recuperar las islas sino reforzar al régimen. Para él, la decisión tuvo motivaciones políticas y fue producto de incapacidad e improvisación en los altos mandos, más que de una lógica estratégica o nacionalista.
Al evocar el 2 de abril de 1982, destacó la juventud y la falta de experiencia de los combatientes: muchos eran jóvenes que recién terminaban el colegio o empezaban la universidad, con edades principalmente entre 18 y 19 años. Subrayó que la guerra cambió radicalmente la vida de numerosos jóvenes argentinos que terminaron en Malvinas.
Balza afirmó que la superioridad británica fue evidente desde el comienzo: en una guerra insular es imprescindible dominar el aire y el mar, áreas en las que el Reino Unido contaba con fuerza y capacidad superiores, en gran medida por su pertenencia a la OTAN.
Sobre la Junta Militar, apuntó que hubo una grave subestimación de la reacción británica: la suposición de que el Reino Unido no respondería demostró desconocimiento de su historia bélica y de cómo actuaría ante la agresión, lo que reflejó una incapacidad decisiva en la conducción.
La improvisación y el rol de los mandos
Balza relató cómo se enteró del inicio de la operación: recuerda que la noticia le llegó cuando llegó a su unidad, un hecho que para él evidencia la improvisación en la puesta en marcha del conflicto. Días más tarde ya se encontraba con su unidad en Malvinas.
Acerca de la preparación de las tropas, reconoció que algunos soldados estaban bien instruidos, especialmente en combate nocturno, pero que también hubo unidades con instrucción muy limitada, incluso de apenas un mes. Reiteró que la mayoría eran jóvenes con 18 o 19 años, y solo unos pocos con más edad por prórrogas de servicio.
En referencia al material y al desempeño, mencionó el informe Rattenbach y destacó que hubo unidades que actuaron con eficiencia, valor y decisión. Citó ejemplos de unidades y servicios que participaron: aviación de ejército, helicópteros, artillería antiaérea 601, artillería de campaña, escuadrón de caballería blindado 10, compañías de comandos y el regimiento 25.
Balza diferenció rendimientos y rechazó generalizaciones sobre todo el personal militar: advirtió contra estigmatizaciones que etiquetan colectivamente a “los milicos” y defendió la necesidad de evaluar unidad por unidad y caso por caso.
La derrota, la autocrítica y la memoria
Sobre el punto de quiebre en la contienda, dijo que percibió la inevitable derrota el 1 de mayo tras un potente ataque sobre la zona del aeropuerto y posteriores acciones aéreas que evidenciaron la superioridad enemiga. Afirmó que el cerco naval y aéreo británico marcó el giro decisivo del conflicto.
Al analizar la rendición, matizó que no fue solo una capitulación del ejército: señaló que las fuerzas argentinas tenían ya una fracción mínima de su capacidad operativa, por lo que la rendición implicó una derrota de la nación en su conjunto.
Sobre las denuncias de torturas, expresó que no tuvo conocimiento directo de casos durante los ocho años siguientes; dijo que la información que manejaba era de origen mediático y que, si ocurrieron hechos de ese tipo, debieron haberse investigado y sancionado con rigor en su momento, cuestionando la larga demora en las denuncias.
En cuanto al trato entre combatientes, relató episodios de humanidad y respeto mutuo al finalizar las batallas: veteranos británicos y argentinos se abrazaron y lloraron, y hubo situaciones de ayuda médica y suministro de alimentos entre adversarios, lo que, dijo, demuestra que ambos bandos sufrieron las consecuencias del conflicto.
Sobre Margaret Thatcher y la mirada de líderes actuales, Balza distinguió entre el respeto hacia los soldados británicos y su crítica a Thatcher, a quien atribuye beneficios políticos por la conducción de la guerra. Comparó esa situación con la decisión de la dictadura argentina de usar la guerra para intentar prolongarse en el poder.
Recordó su mensaje institucional de 1995, en el que asumió responsabilidad por errores en la conducción y señaló la necesidad de autocrítica: reconoció la responsabilidad institucional y personal por el pasado y el presente.
Cerró con un llamado a la memoria y a la paz: pidió que, en fechas como las Pascuas, todos los argentinos, independientemente de su religión, recuerden a los caídos y hagan una oración por ellos, enfatizando que es preferible siempre el camino de la paz antes que el de la guerra.
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