El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y el primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu, presionan a Irán para que reabra el estratégico estrecho de Ormuz o enfrente ataques contra instalaciones energéticas. Trump fijó como plazo el 6 de abril a las 20:00, hora del Este de Estados Unidos (00:00 del martes).
En la madrugada del domingo, Trump informó del rescate de un tripulante desaparecido tras un ataque iraní contra un caza F-15E Strike Eagle estadounidense. Según el comunicado, las fuerzas iraníes intentaron retener al aviador como rehén, pero tropas estadounidenses lo recuperaron en las montañas.
El sábado por la mañana, el mandatario advirtió que Irán disponía de 48 horas “antes de que el infierno se apodere de ellos”. Más tarde afirmó que durante un ataque masivo en Teherán fueron eliminados varios líderes militares iraníes.
Trump recordó en una publicación que había dado a Irán diez días para llegar a un acuerdo o reabrir el estrecho de Ormuz y señaló que el plazo se reducía a 48 horas.
Las autoridades iraníes respondieron que el estrecho de Ormuz dejará de ser una vía de libre navegación. Abbas Goudarzi, portavoz de la Presidencia del Parlamento iraní, afirmó que la nueva situación de seguridad convierte al estrecho en una ventaja estratégica para Irán y que no recuperará el estatus anterior.
Goudarzi anunció el inicio de trámites legislativos para imponer una tarifa de navegación pagadera en riales a los barcos que crucen el estrecho. Según la agencia semioficial Tasnim, afirmó que la gestión de la vía está a cargo de las fuerzas armadas iraníes, que ningún país podrá transitar sin permiso de Irán y que el país defenderá esa posición con su poderío militar.
En las últimas semanas, Irán permitió el paso únicamente a embarcaciones con bandera o destino a países que se han opuesto públicamente a la operación conjunta de Estados Unidos e Israel.
La advertencia de Trump intensificó la retórica entre Washington y Teherán. La cúpula militar iraní rechazó el ultimátum.
El general Ali Abdollahi Aliabadi, portavoz del Cuartel General Central Khatam al-Anbiya, calificó la amenaza estadounidense como una acción “impotente, nerviosa, desequilibrada y estúpida” y advirtió, retomando la expresión de Trump, que “se les abrirán las puertas del infierno”.
Abdollahi, que coordina operaciones entre el Ejército iraní y el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI), sostuvo que, en caso de ataques, todas las infraestructuras empleadas por el ejército estadounidense y por Israel serían objeto de ataques devastadores y continuos, sin limitaciones.
Desde el inicio del conflicto entre Estados Unidos, Israel e Irán el 28 de febrero, Trump ha alternado mensajes sobre avances diplomáticos y advertencias de posibles bombardeos contra la República Islámica.
Por su parte, el primer ministro israelí afirmó que su gobierno continúa la ofensiva contra Teherán. Dijo que seguirán actuando contra lo que calificó como el “régimen terrorista de Teherán”.
Netanyahu aseguró que Israel había destruido en Irán alrededor del 70% de la capacidad de producción de acero, utilizada como materia prima para armamento, y anunció que las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) atacaron plantas petroquímicas y seguirán actuando en esos objetivos.
El sábado se registró una nueva escalada militar en Medio Oriente tras un ataque del Ejército israelí a una instalación petroquímica y otros objetivos en Irán.
El Ejército israelí informó que llevó a cabo bombardeos simultáneos en Líbano e Irán, reportando más de 140 objetivos atacados en territorio libanés y más de 200 en Irán entre el viernes y el sábado.
La semana pasada, Trump afirmó que Estados Unidos había “diezmado” a Irán y que pondría fin a la guerra “muy rápido”. No obstante, dos días después medios iraníes reportaron un ataque contra dos aeronaves militares estadounidenses, lo que evidenció que persisten riesgos en la campaña de bombardeos pese a su aparente debilitamiento.



