5 de abril de 2026
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Liderazgo educativo y evaluación de resultados

En el Perú, la educación suele aparecer en el debate electoral, pero con frecuencia centrada en cobertura, infraestructura o presupuesto, sin poner suficiente atención en un factor clave para mejorar los aprendizajes de forma sostenida: el liderazgo educativo.

El sistema nacional atiende a más de 8.3 millones de estudiantes, cuenta con alrededor de 550 mil docentes y cerca de 60 mil directivos. La evidencia internacional indica que el liderazgo escolar es el segundo factor intraescolar con mayor impacto en los aprendizajes, solo detrás de la calidad docente.

No es un elemento secundario: el liderazgo es una palanca estructural del sistema educativo.

Desde el British Council, que trabaja en el Perú desde hace más de 70 años, hemos observado que los sistemas que logran mejoras sostenidas no solo invierten en la capacitación de directivos, sino que establecen trayectorias profesionales claras y usan estratégicamente el rol directivo para promover la mejora del sistema.

Cómo impacta el liderazgo en los aprendizajes: el liderazgo educativo tiene efectos concretos en la escuela y en el aula, no es un concepto abstracto.

Influye en la calidad de la enseñanza mediante la observación y el acompañamiento docente; en la cultura escolar al fijar altas expectativas y fomentar el trabajo colaborativo; en la gestión pedagógica asegurando el uso eficiente del tiempo y el seguimiento del aprendizaje; y en la articulación con la comunidad para proteger las trayectorias educativas de los estudiantes. Su efecto es especialmente relevante en contextos de vulnerabilidad.

Cuando estos elementos faltan, incluso inversiones importantes pierden impacto. La evidencia muestra que la infraestructura por sí sola no mejora los aprendizajes: importa cómo se gestionan las escuelas.

Lecciones desde la evidencia internacional: experiencias comparadas ofrecen aprendizajes útiles. En Ceará, Brasil, una estrategia que combinó liderazgo escolar, uso sistemático de datos, acompañamiento técnico e incentivos alineados a resultados logró aumentar la alfabetización en segundo grado de cerca del 40% a más del 85% en algo más de una década.

El factor decisivo no fue una intervención aislada, sino la alineación del sistema en torno a objetivos claros de aprendizaje y directores concentrados en resultados pedagógicos.

Perú: avances y oportunidades. El país ha avanzado en ordenar su sistema educativo y en definir el rol directivo y buenas prácticas, pero persisten desafíos importantes.

Entre ellos están la formación fragmentada de directivos, una supervisión mayoritariamente administrativa, el uso limitado de datos con fines pedagógicos y la poca diferenciación del liderazgo según el contexto territorial de las escuelas.

En contraste, sistemas como el del Reino Unido han desarrollado estándares claros centrados en el liderazgo pedagógico, trayectorias estructuradas de desarrollo profesional y mecanismos de evaluación autónomos orientados a la calidad.

La diferencia es evidente: pasar de gestionar procesos a liderar aprendizajes y evaluar resultados.

Un espacio para construir consensos. Conscientes de este reto, coorganizamos junto a CAPPES y con el apoyo de la Embajada Británica en Lima el encuentro “Diálogo electoral sobre calidad y liderazgo en la educación”.

El evento reunió a especialistas y equipos técnicos de diversas fuerzas políticas en un momento clave. Su objetivo no fue respaldar propuestas ni candidatos, sino promover un diálogo informado, técnico y basado en evidencia.

El resultado fue relevante: surgieron consensos claros sobre la necesidad de fortalecer el liderazgo educativo y avanzar hacia marcos regulatorios que promuevan la calidad.

De la evidencia a la acción. El desafío ahora es traducir esos consensos en políticas sostenibles: consolidar el liderazgo pedagógico como eje del rol directivo, alinear estándares, formación y evaluación, vincular incentivos a resultados de aprendizaje y fortalecer la capacidad del sistema para acompañar y escalar prácticas efectivas.

Pero, sobre todo, requiere construir una visión de largo plazo que trascienda los ciclos políticos; la educación necesita continuidad, evidencia y acuerdos técnicos.

Hoy el Perú tiene una oportunidad para situar el liderazgo educativo, la medición de resultados y la gestión de alianzas público-privadas en el centro de la agenda. Esto no solo mejoraría la gestión escolar, sino que ampliaría las oportunidades para millones de estudiantes.

En definitiva, la calidad del sistema educativo depende en gran medida de la calidad de quienes lo lideran.

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