7 de abril de 2026
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Tiroteo empañó la Pascua en el barrio

¿Cómo celebrar la vida en medio de la muerte?

El sábado 4 de abril por la tarde, Sábado Santo, mientras cientos de niñas y niños celebraban la Pascua en el predio de las Tres T, sobre la calle Crovara, frente a Puerta de Hierro, en La Matanza, se produjo un hecho de violencia ligado al narcotráfico. Durante un tiroteo una bala calibre .22 alcanzó a Emilia, una niña de 13 años que vive en uno de los hogares de la parroquia con tres de sus hermanos porque sus padres quedaron fuera de cuidado por el consumo de drogas.

La comunidad actuó de inmediato y la trasladó al hospital; los equipos médicos respondieron con rapidez y profesionalismo. En el día de Pascua de Resurrección Emilia sobrevivió. Agradecemos al personal sanitario y a quienes colaboraron.

Sin embargo, el episodio plantea una demanda más profunda: no basta con sobrevivir por milagro; las personas merecen vivir con dignidad. Nuestra vida tiene valor y exige protección.

Esto no es un caso aislado. En el barrio se registran muertes y heridos por armas con frecuencia, y muchos jóvenes son víctimas de la violencia armada.

No debe normalizarse que espacios comunitarios —escuelas, centros de jubilados y lugares de encuentro— presenten rastros de impactos de bala.

Es alarmante la presencia de armas y el acceso que tienen los grupos delictivos para involucrar a menores en actividades violentas.

Las familias trabajadoras padecen que sus hijos caigan en la droga; muchas sufren la pérdida gradual de un hijo por consumo o violencia, y algunas personas han quedado con discapacidades por años de agresiones y adicciones.

También se constata la explotación de adolescentes, la comercialización de drogas y otros daños sociales que agravan la vulnerabilidad de la comunidad.

Es doloroso ver que los objetos cotidianos, como un teléfono, pueden convertirse en motivo de violencia y terminar intercambiados por drogas.

En la práctica, el narcotráfico opera con impunidad en muchos barrios.

Los espacios se ocupan y quedan bajo el control de esas organizaciones si no hay intervención efectiva.

Las villas y barrios populares deben integrarse social y urbanísticamente; si no, quedan a merced del narcotráfico. A nuestro juicio, el Estado nacional ha optado por no priorizar la integración socio-urbana.

Cuando el Estado no actúa de manera adecuada, el narcotráfico avanza: no solo comercializa drogas, sino que penetra en la vida comunitaria, organiza mediante la violencia y afecta a los más pobres, mientras algunos se enriquecen con esa actividad.

Por eso formulamos preguntas concretas: ¿cómo es posible que el narcotráfico crezca a pocos metros de puestos policiales y de gendarmería, cuando los vecinos conocen los puntos problemáticos? ¿Por qué la justicia no aborda eficazmente la venta de droga, mientras miles de jóvenes sufren las consecuencias aquí? ¿Cómo aceptar como normal que una balacera ocurra donde cientos de niños celebraban?

Los barrios de Crovara son mayoritariamente de trabajadores y familias con fuerte sentido comunitario que han padecido abandono. Muchas familias han sufrido pérdidas por droga o violencia y han vivido circunstancias duras en distintos momentos históricos. A pesar de ello, la comunidad ha construido escuelas, clubes, hogares y otros espacios que ofrecen oportunidades a los jóvenes.

Por eso duele ver que, a medida que la comunidad se organiza y recupera espacios, la presencia de drogas también crece. Queda la duda de si esto responde a intereses que dificultan el desarrollo del barrio.

Creemos que no alcanza con una mirada externa o con intervenciones tardías: cuando el Estado no llega, otros ocupan el vacío. Es necesario un abordaje integral y sostenido.

La política pública debe entenderse como una herramienta para mejorar la vida colectiva: garantizar igualdad de oportunidades y condiciones dignas para todas las personas. Hacen falta decisiones firmes contra la droga y las armas, y un compromiso real con las iniciativas que fortalecen la vida en los barrios. Procesos como la urbanización, el trabajo del Organismo Provincial de Integración Social y Urbana (OPISU) y el esfuerzo comunitario no pueden quedar aislados. Donde hay dignidad y organización, el narcotráfico retrocede.

Otra pregunta dolorosa es qué habría ocurrido si Emilia no hubiera sobrevivido. Probablemente habría una reacción mediática y declaraciones oficiales, pero no debemos esperar una tragedia para exigir respuestas y prevención.

Como comunidad acompañamos a Emilia y agradecemos a quienes contribuyeron a salvarle la vida. Además asumimos la responsabilidad de levantar la voz para exigir cambios estructurales.

No queremos solo sobrevivir; queremos vivir con dignidad. Deseamos que los niños jueguen sin miedo y que el barrio priorice la vida por encima de la violencia.

Aunque el dolor es grande, mantenemos la esperanza y la convicción de que la vida puede prevalecer sobre la muerte y la violencia.

Padre Nicolás “Tano” Angelotti y Comunidades “Las Tres T” (Tierra-Techo-Trabajo)

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