12 de abril de 2026
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Kicillof define, Uñac propone y el peronismo anti-K avanza en el norte

El jueves, ante un auditorio lleno y con necesidad de un candidato opositor, Axel Kicillof probó un tono que será recurrente en sus actos de campaña. Con ese discurso busca instalar y fortalecer su proyecto nacional de cara a las elecciones presidenciales del año próximo. Su mensaje combinó el impulso de un lanzamiento con una apertura a la convivencia política, consciente de que su liderazgo se limita a una fracción del peronismo.

Un funcionario cercano al gobernador afirmó que “Axel entendió que en la calle se empezó a vivir una situación diferente respecto al gobierno de Milei y que no puede mantener su discurso de la misma forma. Hay que subirse a ese momento y empezar a acelerar”. En su intervención, Kicillof enfatizó el fracaso del Frente de Todos y advirtió: “No nos puede pasar que logremos una expresión electoral que pueda ganar las elecciones y después tengamos dificultades para gobernar”.

En el peronismo bonaerense varios interpretaron el mensaje como dirigido a todos los sectores del frente que se fracturó en 2023, y en particular a Cristina Kirchner: no puede haber una conducción dual. Si el peronismo llega a la Casa Rosada necesita un único jefe que ejerza la presidencia. El intento de doble comando de 2019 chocó con esa realidad, y algunos entendieron la señal como un llamado al fin de las delegaciones de poder centralizadas.

Más allá de las lecturas, Kicillof tiene claro cómo imagina su vínculo futuro con Cristina Kirchner: la considera parte necesaria de la coalición opositora y le asigna un rol relevante para alcanzar la victoria. Cree que su inclusión es clave para sumar apoyos.

Un funcionario de confianza del gobernador descartó una ruptura entre Axel y Cristina: “Esperar una ruptura de Axel con Cristina es una fantasía que no tiene asidero. El que intentó romper definitivamente con ella, desapareció del mapa. No tiene razón de ser que algunos piensen que hay que tirarla por la ventana. Es algo que no va a pasar”.

Kicillof no mantiene diálogo con CFK ni con Máximo Kirchner. A pesar de esa distancia y de los malestares por la interna con La Cámpora, el gobernador no reniega de su origen kirchnerista ni de su trayectoria política. Sin embargo, algunos dirigentes creen que ese pasado puede dificultarle el acceso al electorado del centro del país, donde existe rechazo hacia el kirchnerismo institucionalizado.

El gobernador se ha diferenciado políticamente de Cristina Kirchner: ya no se conduce políticamente por ella y su estilo de liderazgo se aparta del de la ex presidenta. Esa postura irrita a sectores de La Cámpora, que lo ven como un precandidato apresurado y entienden su distanciamiento como ingratitud. El malestar es profundo y la decepción notable.

Un ministro de primera línea defendió la postura de Kicillof: “Axel no hace lo que quiere Cristina y no por eso es un traidor”. Con ironía, otro funcionario de la gobernación señaló que al kicillofismo “le sirve que Mayra y Máximo sigan diciendo que Axel no es Cristina”, porque esa crítica marca por sí sola una distancia sin necesidad de que el gobernador enfatice más las diferencias.

Hay vínculos rotos dentro del peronismo, y la relación de Kicillof con Mayra Mendoza y Máximo Kirchner parece difícil de reparar. No obstante, dirigentes con experiencia suelen recordar que siempre queda margen para retomar el diálogo; el problema es cuando lo personal atraviesa lo político y esas tensiones deben resolverse al interior del espacio.

En La Cámpora molestó la reunión que mantuvo el jefe de Gabinete bonaerense, Carlos Bianco, con referentes del Movimiento Derecho al Futuro (MDF) en Quilmes, antes del acto de Kicillof en la Ciudad. La sospecha es que ese encuentro podría impulsar una interna contra la intendenta quilmeña en uso de licencia. Desde el camporismo se quejaron recordando la frase del gobernador sobre evitar perder tiempo en internas y pidieron coherencia entre palabras y actos.

Aunque la relación se ha tornado conflictiva, subsisten lazos políticos: los cuatro ministros vinculados a La Cámpora en el gabinete bonaerense siguen en sus cargos. Kicillof nunca consideró echarlos para afirmar su liderazgo, a pesar de pedidos de dirigentes que creían que esa medida fortalecería su rol político.

En La Plata sostienen que lo central es que las decisiones de gobierno las tomó siempre el mandatario provincial. Como ejemplo citan su decisión de desdoblar las elecciones provinciales de las nacionales, una determinación que desencadenó una fuerte disputa interna y que, según allegados, demostró su condición de jefe político sin necesidad de desplazar a ministros.

En paralelo, Sergio Uñac aceleró la construcción de su precandidatura. El exgobernador sanjuanino recibió dirigentes y empresarios en un departamento del bajo Belgrano, donde montó una base operativa. Allí se reunió con integrantes de la Red Federal Peronista, que agrupa a dirigentes justicialistas de distintas provincias.

En ese espacio, Uñac defendió la realización de una interna partidaria abierta organizada por regiones y planteó la necesidad de negociar los apoyos y votos en oficinas paralelas en caso de que las PASO se eliminen. El Gobierno anunció su intención de avanzar hacia la eliminación de las primarias, mientras la mayoría opositora busca preservarlas. Emilio Monzó, entre otros, trabaja para sostener las PASO y retomó diálogo con el ex presidente Mauricio Macri.

Uñac propuso además dividir la interna abierta en cuatro regiones y celebrarla en cuatro fechas distintas —una por región—, a modo de ejemplo votando en noviembre en el NEA, en diciembre en el NOA, en febrero en la región centro y en marzo en la Patagonia. Tomó las primarias norteamericanas como modelo y plantea que ese calendario podría ocupar la agenda política por seis meses y permitir que los candidatos concentren sus propuestas por regiones.

El debate sobre el ordenamiento del peronismo es complejo, sobre todo por la conflictividad en determinadas provincias. Esta semana la Justicia Federal de Jujuy anuló la intervención dispuesta por Cristina Kirchner en el PJ local y dejó sin efecto resoluciones de los interventores Aníbal Fernández y Gustavo “Tano” Menéndez, que habían suspendido a 300 afiliados, entre ellos a la senadora Carolina Moisés.

Carolina Moisés, blanco del cristinismo local, ganó una pulseada judicial al impulsar la intervención federal tras la suspensión reiterada de las elecciones partidarias y su sanción por apoyar el Régimen de Incentivo a las Grandes Inversiones (RIGI), incluido en la Ley Bases y en el proyecto de Presupuesto 2026.

Tanto Moisés como dirigentes como Rubén Rivarola y Guillermo Jenefes compitieron en listas de fuerzas distintas al PJ en las legislativas de octubre y en las provinciales de mayo. Las diferencias se profundizaron durante la gestión de Milei, cuando el kirchnerismo acusó de traición a quienes apoyaron medidas supuestamente afines al gobierno libertario, y a los gobernadores que integran el bloque de Sáenz, Jalil y Jaldo.

Esos tres mandatarios—Gustavo Sáenz (Salta), Raúl Jalil (Catamarca) y Osvaldo Jaldo (Tucumán)—actúan juntos frente al kirchnerismo, y en Jujuy la designación del nuevo interventor, Ricardo Guillermo Villada (exministro de Gobierno de Sáenz), fue interpretada como un gesto favorable. Villada conducirá el partido durante 180 días y buscará convocar elecciones internas antes de fin de año.

Es probable que el PJ Nacional reaccione a corto plazo: quienes conocen la justicia electoral estiman posible una recusación del juez federal de Jujuy ante el juzgado de la histórica jueza electoral María Servini, por tratarse de la competencia sobre la intervención de un partido nacional. Mientras tanto, el peronismo anti-K del norte celebra lo que percibe como una victoria en la disputa por el control de los PJ locales.

El grupo que integran los tres gobernadores y Moisés sostiene que el peronismo dentro de Unión por la Patria tiene “una agenda vieja” y que las críticas dirigidas a su gestión son injustas, ya que muchas decisiones responden a necesidades de gobierno. “Somos peronistas y tenemos que gobernar”, dicen Jaldo y Jalil para marcar que su prioridad es la gestión provincial y no abandonar el partido.

En una entrevista con el canal de streaming Gelatina, Raúl Jalil dijo que “el peronismo tiene que salir de la agenda del conurbano y del no”. Los gobernadores sostienen que el núcleo del justicialismo no prioriza cuestiones relevantes para las provincias, como el RIGI o la Ley de Glaciares, y que esas divergencias terminaron fracturando los bloques del peronismo en el Senado y la Cámara de Diputados.

Hoy esos mandatarios están lejos de integrar un frente común con la mayor parte del peronismo de cara a la próxima elección. Mantienen diálogos con gobernadores de otros espacios y algunos evaluaron la posibilidad de una alternativa electoral propia. En el escenario más realista, varios buscarán acuerdos con la Casa Rosada, en negociaciones que mezclen intereses nacionales y provinciales y concluyan en intercambios de concesiones.

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