11 de abril de 2026
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Discrepancias clave entre EEUU e Irán en Pakistán

Tras sesiones de más de 15 horas el sábado, Estados Unidos e Irán acordaron reanudar el diálogo en las primeras horas del domingo. Este segundo día de negociaciones directas en Islamabad se desarrolla en medio de la presión internacional por el control del estrecho de Ormuz.

Las conversaciones se extendieron hasta la madrugada del domingo, hora local, debido a profundas diferencias en cuestiones de seguridad y economía relacionadas con el estrecho. La región afronta alzas en los precios del petróleo y nuevas amenazas militares, y hasta ahora no se registran avances definitivos para reducir el riesgo de un enfrentamiento armado.

El encuentro, celebrado en un hotel de lujo bajo estrictas medidas de seguridad en Islamabad, representa una ruptura con décadas de mediación indirecta. Por primera vez desde 1979, una delegación estadounidense de alto nivel, encabezada por el vicepresidente JD Vance, dialoga directamente con la representación iraní, liderada por el presidente del Parlamento, Mohammad Bagher Ghalibaf, y el canciller Abbas Araghchi. También participan Steve Witkoff y Jared Kushner por parte de Washington.

Según AFP, funcionarios paquistaníes destacan un ambiente cordial y avances graduales, en contraste con largos periodos de estancamiento anteriores. Islamabad permanece fuertemente resguardada y busca mantener el equilibrio entre sus relaciones con Irán y con la administración estadounidense.

En la agenda, Irán exige el desbloqueo de activos sancionados y el cese de la ofensiva israelí contra Hezbollah en Líbano como condiciones para un acuerdo. Las autoridades iraníes subrayan la importancia de la presencia de Vance por su rango y su previa oposición a la guerra, como señal de seriedad en el proceso. Estados Unidos, en cambio, mantiene la presión económica y militar e insiste en excluir el asunto libanés de las conversaciones, según confirmó Vance antes de partir de Washington.

La desconfianza predomina tras experiencias previas de promesas incumplidas y enfrentamientos. La prensa iraní reportó que el régimen reprocha a Estados Unidos “demandas excesivas” sobre el control marítimo, mientras la Casa Blanca condiciona cualquier avance a gestos concretos de Teherán y descarta hablar del conflicto en Líbano.

La presencia estadounidense se reforzó el fin de semana con el envío de dos buques de guerra dedicados al desminado en el estrecho de Ormuz. Washington afirma que la misión busca garantizar un “paso seguro” a los petroleros, vital para “un quinto del comercio mundial de crudo”. El mando naval de la Guardia Revolucionaria negó que embarcaciones estadounidenses hayan ingresado en el canal estratégico y advirtió que “cualquier intento de buques militares de cruzar el estrecho será respondido con firmeza”.

Existe una tregua temporal limitada a embarcaciones civiles bajo condiciones determinadas, aunque el riesgo de incidentes persiste. Las acciones iraníes en el estrecho han provocado el aumento de los precios del petróleo, con impacto en economías europeas y en Estados Unidos, que importa menos crudo directamente del Golfo pero enfrenta presión política por el encarecimiento del combustible. El presidente Donald Trump declaró que Washington mantendrá abierto el canal para proteger a sus aliados internacionales.

Además, afirmó que le “da igual” el resultado de las negociaciones en Islamabad: “Lleguemos o no a un acuerdo, me da igual. La razón es que hemos ganado”, dijo, y agregó: “Estamos en negociaciones muy profundas con Irán. Ganamos de cualquier manera. Los hemos derrotado militarmente”.

El conflicto trasciende la disputa marítima. Israel, bajo el primer ministro Benjamin Netanyahu, continúa ofensivas militares en Líbano contra Hezbollah. El premier expresó su interés en lograr un tratado de paz duradero con Líbano, aunque descartó un alto el fuego con el grupo y señaló que ejercerá presión sobre el gobierno central de Beirut.

Tanto la Unión Europea como otros actores internacionales observan con preocupación el riesgo de una escalada y reclaman garantías para el suministro energético global. Están previstas reuniones próximas entre Israel y Líbano en Washington, lo que añade tensión a un panorama regional ya cargado de intereses contrapuestos. Islamabad refuerza la seguridad mientras acoge un diálogo considerado sin precedentes y con potencial para redefinir el equilibrio en Medio Oriente.

La desconfianza entre Teherán y Washington persiste, según reconoció Ghalibaf. Las expectativas de un compromiso transformador siguen limitadas por décadas de promesas rotas y decepciones mutuas.

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