El incidente no causó heridos. Vecinos de la ribera de Quilmes atribuyeron eso a la circunstancia y a la suerte: el mal tiempo de ese día había reducido la actividad y no había personas en las inmediaciones. Si hubiera ocurrido en otro momento, las consecuencias podrían haber sido muy distintas.
Esa posibilidad era la principal preocupación de quienes conocen el lugar. Residentes de la zona venían advirtiendo desde hace tiempo que el paredón mostraba signos evidentes de deterioro y que era cuestión de tiempo antes de un colapso; el derrumbe confirmó esas advertencias.
Santa Cruz es uno de los boliches más concurridos de la ribera de Quilmes. Los fines de semana reúne a gran cantidad de personas, por lo que cualquier falla estructural representaría un riesgo considerable. Hasta el momento del incidente, el local no había registrado antecedentes relacionados con problemas de seguridad.
Tras lo ocurrido en la ribera de Quilmes resta evaluar el estado general de la estructura y determinar si serán necesarias intervenciones adicionales para garantizar la seguridad antes de que el lugar reanude su actividad habitual.

