El primer ministro británico Keir Starmer no será sometido a una investigación parlamentaria tras las acusaciones de haber mentido en la Cámara de los Comunes sobre el nombramiento de Peter Mandelson como embajador en Estados Unidos. El caso había suscitado dudas por los vínculos del exministro con Jeffrey Epstein y por posibles fallos en los controles de seguridad.
La moción para abrir la investigación fue rechazada por 335 votos frente a 223. La iniciativa la promovió el Partido Conservador, mientras el grupo parlamentario laborista recibió instrucciones de votar en contra. Aun así, catorce diputados laboristas respaldaron la investigación y varios manifestaron su descontento con la disciplina de voto; algunos sugirieron que el propio primer ministro podría haber remitido el asunto al Comité de Privilegios para su aclaración.
La designación de Mandelson, excomisario europeo de Comercio, como embajador en Washington se puso en entredicho cuando trascendió que no había superado los procedimientos de seguridad habituales y por su conocida relación con Jeffrey Epstein, el financiero estadounidense condenado por delitos sexuales.
En febrero, la policía británica abrió una investigación sobre la posible transmisión en 2009 de información gubernamental sensible a Epstein. Mandelson ha negado irregularidades y no ha sido formalmente acusado.
El episodio provocó varias dimisiones en el entorno del primer ministro. Entre ellas, la de Morgan McSweeney, jefe de gabinete hasta febrero, quien ante el Comité de Asuntos Exteriores admitió haber cometido un “grave error” al recomendar la designación y pidió disculpas a las víctimas vinculadas al caso Epstein.
La crisis también tensó la relación con el servicio civil. Philip Barton, alto cargo del Ministerio de Exteriores en el momento de la designación, declaró que existió presión para confirmar al candidato con rapidez, aunque negó que se hubieran omitido pasos del procedimiento. Barton afirmó haber advertido sobre los riesgos de nombrar a una persona asociada a Epstein.
McSweeney rechazó haber presionado a los funcionarios y afirmó que, al recomendar la candidatura, consideraba la relación con Epstein como “un conocimiento pasajero”.
En septiembre, el primer ministro destituyó a Mandelson tras la aparición de nuevos detalles sobre su relación con Epstein. Más adelante también cesó a Olly Robbins, alto funcionario del Ministerio de Exteriores, al comprobar que la designación se aprobó pese a la opinión contraria de la agencia de seguridad gubernamental.
El debate provocó reacciones dentro del propio partido gobernante. Varios diputados laboristas cuestionaron la imposición de la disciplina de voto. Emma Lewell manifestó sentirse “defraudada, decepcionada y enojada”.
En la oposición, la líder conservadora Kemi Badenoch afirmó que el nombramiento de una persona con riesgo conocido para la seguridad nacional representa un fracaso del Gobierno y exhortó a los laboristas a no ser “cómplices de un encubrimiento”.
El rechazo a la moción evitó una investigación formal contra el primer ministro, aunque el asunto continúa generando presión política en la antesala de las elecciones locales y regionales del 7 de mayo.
En el Reino Unido, mentir deliberadamente ante el Parlamento se considera una ofensa grave y un menosprecio a la Cámara de los Comunes, que puede acarrear la dimisión del responsable. El precedente reciente fue la renuncia de Boris Johnson en 2023, tras el informe del Comité de Privilegios sobre las fiestas en Downing Street durante la pandemia de covid-19.
(Con información de EFE y AP)

