29 de abril de 2026
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Tres patrones de progresión del Alzheimer

El ritmo de progresión del Alzheimer no es igual en todas las personas: mientras algunas empeoran de forma continua, otras conservan sus funciones cognitivas durante años.

Un estudio de la Keck School of Medicine of USC identificó tres trayectorias diferentes de la enfermedad, cuestionando la idea de una progresión única y ofreciendo nuevas perspectivas para el diagnóstico y el tratamiento.

El Alzheimer es la forma más común de demencia y uno de los mayores retos para los sistemas de salud. Según la Organización Mundial de la Salud, alrededor de 57 millones de personas viven con demencia en el mundo y se diagnostican unos 10 millones de casos nuevos cada año.

Entre esos casos, el Alzheimer representa entre el 60% y el 70%. Las proyecciones indican que, por el envejecimiento poblacional, el número de afectados podría triplicarse hacia 2050, aumentando la carga sobre los sistemas sanitarios, la economía y las familias y enfatizando la importancia de medidas preventivas antes de la aparición de síntomas.

Tres trayectorias posibles en la evolución del Alzheimer

El análisis distinguió tres patrones principales en el deterioro cognitivo: estabilidad, declive lento y declive rápido. Estos resultados proceden del seguimiento más extenso realizado hasta ahora en personas sin síntomas al inicio, lo que permitió observar la evolución desde fases muy tempranas.

Uno de los hallazgos clave fue que cerca del 70% de los participantes se mantuvo estable durante unos seis años, lo que indica que una proporción significativa puede conservar sus capacidades cognitivas durante periodos largos, incluso en estadios iniciales.

El estudio, dirigido por Michael Donohue, desafía la noción de que todos los pacientes empeoran al mismo ritmo. Donohue señaló que muchos trabajos presentan resultados promedio que pueden dar la impresión de uniformidad, cuando en realidad el Alzheimer muestra una variabilidad considerable.

Cómo se realizó el estudio

Los investigadores analizaron datos procedentes de dos ensayos clínicos anteriores, denominados A4 y LEARN. Uno evaluó un tratamiento experimental con el anticuerpo monoclonal solanezumab y el otro incluyó participantes sin altos niveles de amiloide cerebral, la proteína vinculada al Alzheimer.

La muestra consistió en personas asintomáticas al inicio, lo que permitió seguir la enfermedad desde etapas muy tempranas, antes de la aparición de problemas de memoria evidentes.

A lo largo de casi seis años, los participantes realizaron pruebas cognitivas periódicas y se sometieron a análisis sanguíneos y estudios de imagen cerebral para detectar cambios en el cerebro. Este seguimiento individualizado posibilitó identificar distintos patrones de deterioro entre los voluntarios.

Los hallazgos plantean un reto para el diseño de ensayos clínicos, que a menudo asumen una evolución homogénea entre los participantes, lo que puede dificultar la evaluación de la eficacia de nuevos tratamientos.

Runpeng Li, primer autor del trabajo, advirtió que la presencia de un grupo amplio de participantes estables complica comprobar si un fármaco realmente tiene efecto.

Por ello, identificar desde el inicio a las personas con mayor probabilidad de deterioro ayudaría a mejorar la selección de participantes y a obtener resultados más claros en futuros estudios.

El papel de los biomarcadores en la predicción

El estudio se apoyó en biomarcadores neurodegenerativos, especialmente la proteína P-tau217 detectable en sangre, estrechamente asociada al Alzheimer.

Se observó que niveles elevados de P-tau217, junto con mayor acumulación de tau en el cerebro y un hipocampo más pequeño, se relacionaban con un deterioro más rápido o progresivo desde etapas tempranas.

Con estos indicadores, el modelo desarrollado logró anticipar la evolución de los participantes con una precisión cercana al 70%.

No obstante, los autores reconocen limitaciones: algunos participantes empeoraron más de lo previsto y otros permanecieron estables pese a biomarcadores de riesgo, lo que refleja la complejidad de la enfermedad y la existencia de factores aún no identificados que influyen en su curso.

Perspectivas para nuevas estrategias terapéuticas

El equipo de la Keck School of Medicine of USC trabaja en mejorar estos modelos incorporando nuevos biomarcadores y técnicas analíticas.

Un objetivo clave es entender por qué algunas personas se mantienen estables durante años y otras progresan con rapidez; identificar esos factores podría ser esencial para desarrollar intervenciones que ralenticen la progresión del Alzheimer.

En conjunto, el estudio propone concebir el Alzheimer no como una enfermedad con un único curso, sino como un proceso con múltiples trayectorias posibles, lo que tiene implicaciones para el diagnóstico, el diseño de ensayos y las estrategias terapéuticas.

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