¿Qué puede enseñarnos un médico húngaro-canadiense de 81 años, referente en el estudio del trauma y sus efectos sobre la salud? Gabor Maté, especialista en desarrollo infantil, estrés y adicciones, cuestionó desde siempre los límites de la medicina convencional y defendió la idea —ahora más difundida— de que cuerpo, mente y emociones forman un sistema interdependiente en el que cada experiencia deja su huella.
Maté dedicó gran parte de su carrera a investigar los efectos invisibles del sufrimiento en su ciudad natal, Vancouver, atendiendo a personas con adicciones y trastornos mentales, y difundiendo sus observaciones en conferencias internacionales. Sus propuestas invitan a replantear el origen del malestar humano, las enfermedades y las vías de recuperación.
Para Maté, el trauma no es solo un suceso externo, sino la marca interna que dejan las experiencias adversas. “El trauma no es lo que te ocurre, sino lo que sucede dentro de ti como resultado de lo que te ocurre”, afirma el médico de origen húngaro radicado en Canadá.
Su propia historia —la separación de su madre y abuelos durante la ocupación nazi en Budapest— orientó su interés por entender cómo las heridas emocionales pueden condicionar una vida entera. Es autor de libros reconocidos internacionalmente, entre ellos Cuando el cuerpo dice no y El mito de la normalidad: trauma, enfermedad y curación en una cultura tóxica, este último escrito junto a su hijo Daniel.
Durante más de una década trabajó en el barrio Downtown Eastside de Vancouver, una de las zonas más vulnerables de Canadá, atendiendo a personas con problemas de adicción y salud mental. Para Maté, la sanación del trauma requiere una mirada compasiva y responsable hacia quienes sufren.
Prolífico autor, sus obras han sido traducidas a más de 40 idiomas. Su trabajo clínico y divulgativo le valió reconocimientos como la Orden de Canadá y el Premio al Mérito Cívico de Vancouver.
La investigación de Maté sostiene que incluso experiencias cotidianas, como la negligencia o la crítica constante en la infancia, pueden alterar el sistema nervioso y contribuir al desarrollo de trastornos mentales y enfermedades físicas en la adultez. “Se puede herir a un niño no solo por acciones dañinas, sino también por no satisfacer sus necesidades afectivas”, explica.
Maté insiste en que el trauma adopta formas diversas y no siempre deriva de grandes catástrofes. “No preguntes por qué la adicción, pregunta por qué el dolor”, señala, para subrayar que muchas conductas autodestructivas responden a heridas emocionales profundas.
Aunque reconoce la gravedad de esas heridas, advierte sobre el peligro del victimismo: la recuperación comienza cuando la persona reconoce lo que carga en su interior y decide enfrentarlo.
Siete lecciones sobre el trauma según Gabor Maté
1) El trauma se define por la huella interna más que por el hecho externo: puedes olvidar el evento, pero tu cuerpo conserva la reacción. 2) Provoca desconexión del cuerpo, de las emociones y de los demás, dificultando la identificación y regulación emocional. 3) Los mecanismos de afrontamiento desarrollados en la infancia suelen convertirse en síntomas en la adultez (ansiedad, agotamiento, conductas adictivas), porque permanecen como respuestas adaptativas. 4) La herida emocional no desaparece solo con el tiempo; si no se aborda, el dolor guía el comportamiento desde el miedo y la defensa. 5) La sanación exige intervenciones corporales además del trabajo mental: el trauma está almacenado también en el cuerpo y requiere enfoques somáticos. 6) Las enfermedades físicas y autoinmunes pueden relacionarse con emociones reprimidas y estrés crónico, que afectan la función inmunitaria; “el cuerpo expresa lo que la mente reprime”. 7) El estrés prolongado mantiene al organismo en modo supervivencia; para recuperarse es necesario que el sistema nervioso perciba seguridad. La neuroplasticidad permite cambiar a cualquier edad si el entorno favorece la reparación y la compasión.
El encuentro con el príncipe Harry que lo llevó a las portadas de diarios globales
La figura de Maté ganó atención mediática tras su conversación con el príncipe Harry en marzo de 2023. En una entrevista transmitida en directo, analizó junto al duque de Sussex el contenido del libro Spare y exploró cómo el trauma infantil, la pérdida de la madre y la dinámica de una familia disfuncional pueden afectar a lo largo de la vida.
Maté ofreció una lectura compasiva del sufrimiento de Harry, poniendo el foco en aspectos que, según él, la psicología convencional suele pasar por alto: la privación afectiva y el duelo no resuelto. Reiteró su máxima: “El trauma no es lo que te ocurre, sino lo que sucede dentro de ti como resultado de lo que te ocurre”.
Una parte polémica de la entrevista fue la sugerencia de que Harry mostraba rasgos compatibles con el trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH), insistiendo en que muchos síntomas adultos reflejan heridas tempranas más que solo una condición neurológica. Maté se defendió de las críticas: “No estaba diagnosticando al príncipe Harry con ninguna enfermedad… Le dije: ‘Tienes una reacción normal ante circunstancias anormales’”.
El impacto del trauma en la salud y la sociedad
El enfoque de Maté cuestiona el modelo biomédico tradicional y plantea una visión integral de la salud, donde emociones, contexto psicosocial y cultura interactúan. Según él, muchas enfermedades contemporáneas responden a lo que denomina una “cultura tóxica”, caracterizada por estrés persistente, presión social y déficit afectivo.
En su práctica en Vancouver observó que el trauma afecta no solo a individuos sino a comunidades enteras: las adicciones, la depresión y algunas enfermedades crónicas pueden entenderse como formas de adaptación a entornos que no reconocen las necesidades emocionales básicas. La normalidad aparente a menudo oculta heridas profundas que emergen cuando el cuerpo y la mente llegan al límite.
Maté también advierte sobre la transmisión intergeneracional del sufrimiento: los patrones dolorosos se repiten en familias y grupos a través de estilos relacionales y respuestas emocionales, no solo por la genética. No obstante, la neurociencia respalda la posibilidad de cambio: nunca es tarde para crear nuevas vías hacia el bienestar si el entorno ofrece seguridad y compasión.
Su aporte central es impulsar una mirada empática y contextual sobre la enfermedad y el sufrimiento, ofreciendo rutas para la curación que integren lo biológico, lo emocional y lo social.
Controversias y críticas al enfoque de Gabor Maté
A pesar de su impacto público y clínico, el trabajo de Maté ha recibido críticas desde ámbitos académicos y médicos. Algunos expertos consideran que su tendencia a vincular el trauma con una amplia variedad de enfermedades —desde trastornos psiquiátricos hasta condiciones físicas— puede exceder la evidencia científica disponible.
El profesor Nick Haslam, de la Universidad de Melbourne, señaló en The Conversation que, aunque el entorno y las experiencias adversas influyen en la salud, no todas las enfermedades pueden explicarse exclusivamente por el trauma. Críticos advierten que el enfoque de Maté corre el riesgo de simplificar problemas complejos y de subestimar factores genéticos, biológicos y sociales que también participan en el desarrollo de las patologías. Asimismo, temen que atribuir todo al trauma genere culpa o expectativas poco realistas en pacientes y familias.
Aun así, la propuesta de Maté conserva relevancia al promover una comprensión integral de la salud y al reconocer el papel de las experiencias emocionales, si bien sus ideas requieren diálogo y contraste con el rigor científico en la práctica clínica.



