15 de abril de 2026
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OIEA advierte riesgos del programa nuclear iraní tras perder supervisión del uranio enriquecido

En un contexto en el que la proliferación nuclear vuelve a ganar atención estratégica, Rafael Grossi, director general del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), advirtió sobre riesgos inéditos derivados de la escalada en torno al programa nuclear iraní. Informó que, tras los recientes enfrentamientos, la agencia perdió acceso inmediato a 440 kilos de uranio altamente enriquecido en territorio iraní y subrayó la necesidad urgente de restaurar el régimen de inspecciones y transparencia que sustenta el Tratado de No Proliferación.

En una entrevista con Inside Geopolitics de The Economist, Grossi explicó que hasta días antes de la llamada “guerra de doce días” su equipo realizaba inspecciones regulares y llevaba registros precisos de ese material. Sin embargo, ahora no pueden verificar su estado físico y por ello insistió en la importancia de regresar para comprobar los sellos que la OIEA colocó en junio de 2025 en las instalaciones iraníes.

Grossi señaló que el uranio se encuentra en forma gaseosa y almacenado en recipientes dentro de “túneles de difícil acceso” en Isfahan y otras ubicaciones, lo que complica su extracción por la fuerza. Al evaluar la opción de una operación militar para recuperar el material, destacó que trasladarlo exige condiciones específicas para garantizar la seguridad y que no sería una operación sencilla, por lo que la prioridad sigue siendo el retorno de inspectores y el cumplimiento de protocolos internacionales.

El director del OIEA recordó que Irán sigue siendo signatario del Tratado de No Proliferación y, como tal, debe informar sobre todo material y actividad nuclear. Reconoció que la interrupción de inspecciones puede tener explicaciones relacionadas con el conflicto, pero advirtió que perder el control sobre el paradero del material podría facilitar su desviación hacia actividades no pacíficas.

Grossi admitió que Irán contaba con los elementos materiales necesarios para desarrollar un arma nuclear antes del conflicto, aunque no se detectó un “programa institucionalizado y organizado” con ese propósito. Aun así, señaló declaraciones ambiguas de responsables iraníes sobre disponer de “todas las piezas del rompecabezas” y recalcó que capacidades técnicas conllevan la obligación de permitir inspecciones.

La destrucción militar no elimina la amenaza nuclear

Consultado sobre la posibilidad de eliminar el programa iraní mediante acciones militares, Grossi fue rotundo al afirmar que no es factible borrar completamente el conocimiento técnico ni la capacidad industrial del país. Argumentó que Irán tiene una base industrial y tecnológica amplia y que el conocimiento no desaparece con bombardeos o la eliminación de individuos.

Recordó que, tras la salida de Estados Unidos del acuerdo nuclear (JCPOA), Irán avanzó rápidamente en el desarrollo de centrifugadoras más eficientes, superando limitaciones previas. Ese progreso tecnológico aumenta la dificultad de control, porque muchas actividades pueden dispersarse en talleres y localidades fuera del alcance de ataques directos.

Para Grossi, la única vía eficaz para frenar el avance hacia un arsenal es un régimen robusto de inspecciones y cooperación plena con la OIEA. Defendió la diplomacia y los acuerdos que permitan un programa nuclear civil verificado, y advirtió que la presión militar externa tiende a endurecer posiciones y complica la verificación sostenible.

La proliferación nuclear: un riesgo global que crece

El director del OIEA manifestó su preocupación por un posible efecto dominó regional y global: el riesgo de que varios países intenten obtener armas nucleares en respuesta a percepciones de inseguridad. Anticipó que este tema será central en la próxima conferencia de revisión del Tratado de No Proliferación en Nueva York.

Grossi destacó que un aumento en el número de potencias nucleares haría al mundo menos seguro y señaló debates sobre armamento nuclear en países como Corea del Sur, Japón, Polonia o Alemania, impulsados por dudas sobre la fiabilidad de la garantía de seguridad estadounidense. También subrayó el enorme coste económico y tecnológico que supone iniciar y mantener un programa nuclear militar.

En relación con Corea del Sur, citó encuestas que muestran un amplio respaldo público a disponer de armas nucleares, aunque expresó confianza en el compromiso del país con sus obligaciones internacionales. Reafirmó la importancia para la OIEA de mantener su doble mandato: promover el uso pacífico de la energía nuclear y prevenir su desviación a fines militares.

Zonas de guerra, plantas nucleares y nueva doctrina internacional

Sobre el riesgo para instalaciones nucleares civiles en zonas de conflicto, Grossi recordó experiencias en sitios como Zaporizhzhia (Ucrania) y Bushehr (Irán), afectados por bombardeos y amenazas. Indicó que la OIEA ha implantado protocolos y “pilares de seguridad” para plantas en guerra que han ayudado a evitar accidentes graves hasta ahora.

Detalló que, desde el inicio de la guerra, la agencia ha mantenido despliegues cerca de frentes y rotaciones de inspectores en emplazamientos comprometidos, y que la presencia y la interlocución con las partes han contribuido a contener impactos inmediatos y limitar daños.

Grossi también relató que ha recibido amenazas personales tras ser acusado por un dirigente iraní fallecido de “ayudar a Israel y otros a conocer el programa nuclear iraní”, lo que requirió reforzar su seguridad. Subrayó, no obstante, que ello no ha mermado su determinación profesional.

En su conclusión, Grossi defendió que las instituciones multilaterales pueden influir positivamente y lograr resultados pese a la parálisis del Consejo de Seguridad y la fragmentación internacional, y reclamó revitalizar los mecanismos de seguridad y cooperación que sostienen el precario equilibrio nuclear global.

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