Compañeras del Hospital Italiano de la anestesióloga conocida como “Fini” Lanusse declararon en la causa que investiga a la joven profesional y a su antiguo jefe y pareja, Hernán Boveri, por el presunto robo de propofol y de elementos médicos del sanatorio para su consumo privado. Esas declaraciones constituyen hoy la columna vertebral del expediente que instruyen el juez Javier Sánchez Sarmiento y el fiscal Lucio Herrera.
Los relatos, que las defensas cuestionan con dureza, aportan no solo una posible explicación sobre el uso del propofol —descrito como un componente del vínculo sexual entre Lanusse y Boveri—, sino también información sobre la situación personal y el entorno de los acusados.
En el grupo de mencionados figuran Chantal “Tati” Leclercq, anestesióloga y amiga de Lanusse investigada por el robo del mismo anestésico en el Hospital Rivadavia, y el anestesiólogo Alejandro Zalazar, encontrado sin vida el 20 de febrero con una vía conectada en el pie derecho, tres días antes del inicio de la investigación por el presunto robo de propofol.
El juez Javier Sánchez Sarmiento también tiene bajo análisis la causa que intenta esclarecer la muerte de Zalazar, incluyendo los resultados de la pericia sobre su teléfono.
Según el magistrado, las declaraciones de las médicas ayudan a unir las piezas del caso. “Los testimonios recolectados resultaron coherentes, circunstanciados y concordantes con otros elementos probatorios obrantes en la causa, y aportaron información de significativa relevancia para la reconstrucción de los hechos”, sostuvo Sánchez Sarmiento.
Chantal “Tati” Leclercq aparece asimismo en el expediente.
La médica cero
La anestesióloga identificada como S., de 35 años y oriunda de San Isidro, fue la primera en declarar. Esta testigo clave relató un progresivo empeoramiento de la salud de Lanusse y describió un episodio de febrero de 2026 en el que la encontró “totalmente drogada” y con una lesión frontal de “considerable entidad”; en el expediente figura, por ejemplo, una fotografía de esa herida.
Según el relato consignado por el juez, en esa ocasión Lanusse le dijo que “necesitaba ayuda” y que “Hernán estaba muy loco”, y dijo que ese día Boveri había ido a su domicilio y que se habrían administrado propofol y otras sustancias, entre ellas ketamina. Poco después, la médica S. alertó a las autoridades del Hospital Italiano.
Las defensas de Boveri y Lanusse atacaron con intensidad el testimonio de S. en sus apelaciones. La acusada mencionó “supuestos problemas psiquiátricos familiares” de la testigo como un posible factor explicativo de su versión, según el procesamiento. El abogado de Boveri sostuvo que la médica S. fue “la verdadera usina narrativa de la imputación” y el punto de partida desde el cual, directa o indirectamente, otros testigos habrían incorporado información al expediente.
La defensa también cuestionó que la acusación se apoye en “testigos de oídas”, lo que, en términos jurídicos, constituye a su criterio “un vicio estructural”. No obstante, otros testimonios coinciden en aspectos con la versión principal.
Una de las profesionales declaró además que había oído el rumor de que “un amigo se había muerto de sobredosis en su casa”, en referencia que, según la investigación, sería Alejandro Zalazar.
Una visita de “Tati” Leclercq
La amiga de Lanusse, quien enfrenta su propia causa, declaró que para septiembre de 2025 los acusados mantenían encuentros en el domicilio de Delfina Lanusse con consumo de propofol incluido.
Relató también un episodio que dijo haber presenciado ese mismo mes: al ir a buscar su bolso —contaba con un juego de llaves— encontró a Lanusse “tirada en el piso, semiconsciente”. Según su versión, Lanusse le confesó que se había “drogado” y que Boveri había estado en su casa momentos antes, aunque luego había viajado a Perú por motivos laborales.
En otra oportunidad, Lanusse la llamó porque se sentía mal y tenía fiebre. Leclercq, según su relato, contactó a Alejandro Zalazar —conocido de la residencia del Hospital Rivadavia—, quien llevó un antibiótico que ella luego llevó al departamento de su amiga. Al llegar, dijo haber observado jeringas y una ampolla de propofol en el piso.
Meses después, Zalazar fue encontrado muerto en una escena que las fuentes describen como similar a la antes mencionada.
Qué dice el Italiano y qué dice el juez
Una jefa del Hospital Italiano declaró en el expediente que no constató faltantes ni irregularidades: no se detectaron anomalías en los procedimientos de descarte de medicamentos ni diferencias de stock, y en términos generales todo estaría en orden. El juez Sánchez Sarmiento expresó, sin embargo, dudas sobre esa afirmación.
En su procesamiento, el magistrado planteó diversas formas en que podría haberse sustraído anestesia. Puso como ejemplo la posibilidad de falsear la hoja de anestesia consignando un uso mayor de propofol del realmente administrado, y señaló también la ausencia de controles sobre las pertenencias del personal al ingresar o egresar de la institución.
Para Sánchez Sarmiento, la jerarquía de Boveri como médico agrava la situación: recordó su desempeño en el quirófano de neurocirugía, donde suelen realizarse cirugías largas y complejas —con mayor utilización de anestesia— y su rol formativo respecto de la técnica TIVA, que le dio reconocimiento nacional e internacional y con la que dictó seminarios en el exterior.
El juez consideró que ese posicionamiento profesional “generaba una posición de confianza en el resto de sus pares y colegas, y sobre todo en sus dependientes”.
Las apelaciones presentadas por las defensas serán examinadas en una audiencia a cargo de la Sala V de la Cámara Criminal y Correccional a comienzos del mes próximo.

