14 de mayo de 2026
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Vaticano amenaza excomulgar a tradicionalistas que desafían al Papa

El Vaticano emitió este miércoles una dura advertencia a un grupo católico tradicionalista que tiene previsto ordenar nuevos obispos en julio sin la autorización del Papa, una acción que la Santa Sede considera un cisma, es decir, una ruptura formal con la Iglesia católica.

El cardenal Víctor Manuel Fernández, máxima autoridad doctrinal del Vaticano, señaló en una declaración oficial que esas ordenaciones serían “un acto cismático” y que adherirse formalmente al cisma “constituye una grave ofensa a Dios y comporta la excomunión establecida por el derecho de la Iglesia”. El papa León XIV, añadió, “continúa rezando” para que los responsables del grupo “vuelvan sobre sus pasos”.

El mensaje iba dirigido a la Fraternidad Sacerdotal San Pío X, organismo fundado en 1970 por el arzobispo francés Marcel Lefebvre en rechazo a las reformas del Concilio Vaticano II, que en los años sesenta modificaron la liturgia, abrieron espacios de diálogo interreligioso y cambiaron el lenguaje pastoral de la Iglesia. Sus seguidores consideran que esas reformas traicionaron la tradición católica y reclaman su reversión.

De qué se trata el conflicto

El núcleo del conflicto es la potestad para nombrar obispos dentro de la Iglesia católica. Según el derecho canónico, sólo el Papa —o alguien autorizado expresamente por él— puede consagrar obispos. Cualquier ordenación realizada sin ese permiso, conocido como “mandato pontificio”, se considera ilegítima y acarrea la excomunión automática del consagrante y del consagrado.

La Fraternidad anunció a comienzos de febrero su intención de ordenar cuatro nuevos obispos el 1° de julio sin esperar la autorización vaticana. Sus dirigentes argumentan que estas consagraciones son necesarias para asegurar la continuidad de su ministerio y responder a una “necesidad espiritual” de los fieles que siguen su práctica tradicional del catolicismo, con la misa en latín y los ritos anteriores al Concilio.

El Vaticano intentó detener la decisión. El 12 de febrero, el cardenal Fernández recibió al superior general de la Fraternidad, el italiano Davide Pagliarani, y propuso abrir un diálogo teológico con la condición de que suspendieran las ordenaciones. Una semana después, la Fraternidad rechazó la oferta y confirmó su intención de seguir adelante. Desde entonces, las tensiones han ido en aumento.

El antecedente de 1988

La crisis actual es la más grave entre Roma y los lefebvristas desde 1988, cuando Lefebvre consagró a cuatro obispos sin el permiso del papa Juan Pablo II. La respuesta vaticana fue inmediata: Lefebvre y los cuatro obispos fueron excomulgados. El arzobispo murió en 1991 sin reconciliarse con Roma.

En 2009, el papa Benedicto XVI levantó la excomunión de los obispos supervivientes en un intento de acercar al grupo a la plena comunión con la Iglesia.

Ese gesto desató polémica internacional: uno de los beneficiados, el británico Richard Williamson —entonces rector del seminario lefebvrista de La Reja, en la provincia de Buenos Aires— negó en una entrevista televisiva la existencia de cámaras de gas nazis y cuestionó la cifra de seis millones de víctimas del Holocausto. El gobierno argentino lo expulsó semanas después; la Fraternidad lo relevó como rector y en 2012 lo expulsó del organismo.

La reconciliación intentada por Benedicto XVI nunca se consolidó por completo. Hoy sobreviven dos de los obispos consagrados en 1988 y, de participar en las nuevas ordenaciones de julio, se enfrentarían a una segunda excomunión.

Qué representa hoy la Fraternidad

Aunque es pequeña en términos globales, la Fraternidad San Pío X tiene presencia internacional. Según sus propios datos, cuenta con cerca de 1.500 miembros, entre ellos alrededor de 730 sacerdotes y 260 seminaristas, repartidos en 50 países.

Administra cinco seminarios —incluido el de La Reja, fundado por Lefebvre en 1980 y el principal de América Latina—, casi un centenar de escuelas y realiza actividad pastoral en 77 países.

La Fraternidad encarna el sector más rígido del tradicionalismo católico, una corriente que ha ganado visibilidad en años recientes, especialmente entre jóvenes atraídos por la liturgia antigua. Su actual superior general, Davide Pagliarani —el primer italiano al frente del grupo— fue rector en La Reja y dirigió la formación sacerdotal allí durante casi seis años antes de ser elegido en 2018. Desde su elección ha mostrado menos disposición al diálogo con Roma que algunos de sus antecesores.

Recientemente criticó con dureza al papa León XIV por reunirse con Sarah Mullally, la primera mujer nombrada arzobispo de Canterbury, calificando las imágenes del encuentro como “abominables y grotescas”.

Si las ordenaciones se llevan a cabo en julio, la ruptura entre Roma y la Fraternidad alcanzaría un punto de quiebre comparable al de hace casi cuatro décadas. Por ahora, el Vaticano mantiene abierta la posibilidad de diálogo, pero advierte con claridad que el costo del desafío será la excomunión.

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