21 de mayo de 2026
Buenos Aires, 9 C

Ciudades más congestionadas del mundo y soluciones de expertos

El colapso del tránsito en muchas grandes ciudades se ha acentuado en las últimas décadas por el crecimiento demográfico, la expansión urbana y la preferencia por vehículos privados. El TomTom Traffic Index 2026 indica que, entre casi 500 ciudades analizadas en 2025, solo 34 redujeron el tiempo de desplazamiento por kilómetro respecto al año anterior; en la mayoría, los tiempos de viaje aumentaron de forma sostenida.

Ciudades como Londres, Dublín, Ciudad de México, Barcelona y San Francisco figuran entre las más afectadas: las velocidades promedio en horas punta pueden bajar de 20 km/h y algunos tramos llegan a tardar más de tres minutos por kilómetro.

La congestión es especialmente intensa en las urbes más pobladas. Según el mismo informe, Ciudad de México lidera el ranking mundial con un nivel de congestión del 75,9%, mientras que Bengaluru (India) y Dublín (Irlanda) superan el 72%.

De acuerdo con los datos, un habitante puede perder entre 150 y 200 horas al año en atascos, lo que impacta la productividad, la salud mental y la calidad de vida. La saturación vial también afecta a ciudades intermedias de América del Sur, como Barranquilla y Bogotá, donde la infraestructura resulta insuficiente para el parque automotor actual. Ante este escenario, expertos proponen diversas soluciones para mitigar el colapso de calles, avenidas y autopistas.

Soluciones para reducir el tráfico en ciudades

1. Transporte público eficiente y accesible

Mejorar el transporte público para que atienda las necesidades reales de movilidad es clave para reducir la dependencia del automóvil. Especialistas señalan que la oferta debe garantizar trayectos rápidos, buenas conexiones y suficiente frecuencia, ya que servicios lentos o limitados no persuaden a quienes pueden utilizar coche ni cumplen con las necesidades de quienes dependen del sistema.

Ampliar y mejorar la red de transporte colectivo es una base esencial en la transformación urbana: la prioridad debe estar en la calidad, la frecuencia y la cobertura más que en la gratuidad aislada del servicio.

2. Espacios verdes, ciclovías y priorización de peatones

Rediseñar el espacio público para priorizar peatones y ciclistas contribuye a revitalizar la vida urbana y reducir el tráfico. Convertir plazas de estacionamiento en zonas verdes, crear carriles exclusivos para bicicletas y peatonalizar calles fomenta modos de transporte activos y seguros.

Los automóviles ocupan espacio de forma ineficiente y permanecen estacionados la mayor parte del tiempo; devolver ese espacio a otros usos urbanos es una estrategia eficaz. Experiencias en ciudades que han cerrado temporalmente calles al tráfico muestran que la práctica puede disminuir la oposición pública al demostrar mejoras en la calidad de vida y en la seguridad vial.

3. Movilidad activa y superación de barreras sociales

Comprender por qué la gente sigue conduciendo permite diseñar soluciones más efectivas. Las barreras al uso de transporte público, bicicleta o caminar pueden ser culturales, de seguridad o de accesibilidad, y requieren consultas exhaustivas para identificarlas.

Medidas como ampliar horarios nocturnos del transporte, mejorar la iluminación y normalizar el uso del transporte público ayudan a atraer a quienes dependen del vehículo particular y a combatir estigmas asociados a colectivos y trenes.

El problema en las periferias de grandes ciudades

Reducir la cultura del vehículo particular es especialmente difícil fuera de los centros urbanos, en periferias y suburbios, donde las mayores distancias y la baja densidad complican soluciones de movilidad alternativa. La discrepancia entre lugar de residencia y empleo genera congestión diaria durante las horas punta en muchas ciudades europeas.

Mejorar el transporte público en estas zonas es fundamental pero desafiante: a menudo las periferias quedan fuera del alcance directo de la gestión municipal. La estrategia requiere ampliar cobertura y frecuencia para ofrecer alternativas reales al coche privado.

Estudios y experiencias personales muestran que mudarse a zonas con mayor oferta de transporte y servicios reduce la necesidad de desplazamientos largos y, por tanto, la dependencia del automóvil.

Efectos de la restricción al tráfico

La alta cantidad de automóviles también agrava la contaminación. Algunas medidas para limitar el tráfico buscan mitigar tanto la congestión como las emisiones. En Italia, varias ciudades han aplicado restricciones temporales —por ejemplo, prohibir la circulación de coches fabricados antes de 2013— durante episodios de alta polución para reducir emisiones y mejorar la calidad del aire.

Estas medidas se activan en condiciones meteorológicas que impiden la dispersión de contaminantes (poca lluvia, ausencia de viento y días soleados). En urbes situadas en valles o rodeadas de montañas, como Santiago de Chile o Ciudad de México, la acumulación de contaminación suele ser más pronunciada.

En uno de estos episodios, más de 60 municipios italianos emitieron alertas por alta contaminación y elevaron las restricciones. En la región de Lombardía, Milán anunció prohibiciones que debieron suspenderse temporalmente por una huelga del transporte público, lo que demuestra que la efectividad de estas medidas depende en gran medida de la disponibilidad de alternativas de movilidad.

La geografía contribuye al problema: en áreas valleadas el aire puede quedar estancado y concentrar emisiones de vehículos y calefacción. Los índices de calidad del aire han mostrado a Italia entre los países más afectados de Europa occidental en ciertos episodios, con zonas como la Toscana alcanzando índices catalogados como poco saludables; en respuesta, Florencia y otras localidades toscanas prohibieron la circulación de vehículos muy contaminantes durante varios días.

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