Las autoridades iraníes han cubierto Teherán con carteles propagandísticos que promueven la unidad nacional y la supuesta victoria frente a una potencia mundial, meses después de reprimir protestas con violencia y en un contexto de empeoramiento económico por la guerra.
Además de imágenes de la Guardia Revolucionaria y representaciones del estrecho de Ormuz bloqueado, las autoridades organizan bodas masivas con temática militar y sesiones públicas de instrucción en el manejo de armas en mezquitas, con el objetivo de fomentar un sentimiento de resistencia nacional.
En contraste con los mensajes religiosos revolucionarios tradicionales, la propaganda actual pone mayor énfasis en temas nacionalistas pensados para un público más amplio que el de la línea dura clerical.
“La antigua ideología de la República Islámica ya no tenía mucha influencia en la sociedad. Por lo tanto, era necesario recurrir a otros elementos de la identidad iraní que pudieran movilizar a las masas”, dijo Ali Vaez, director del proyecto sobre Irán del International Crisis Group.
Analistas como Vaez cuestionan, sin embargo, cuánto podrá convencer esta estrategia a una población profundamente desilusionada. Aunque Irán ha resistido ataques aéreos estadounidenses e israelíes y ha usado el cierre del estrecho de Ormuz —vía clave para el petróleo mundial— como herramienta de presión diplomática, enfrenta una grave crisis interna.
La economía, ya frágil antes de la guerra, corre riesgo de colapso, y una campaña cada vez más intensa de represión muestra el temor de las autoridades a un nuevo brote de descontento.
En este marco, el gobierno sigue recurriendo a la narrativa de resistencia y a la demonización de Occidente, pero atenúa algunas imágenes revolucionarias clásicas.
La iconografía chiíta del martirio, que fue central durante décadas, ha dado paso en parte a símbolos nacionales e históricos persas que hasta ahora eran rechazados por su asociación con el pasado monárquico.
Al mismo tiempo, la televisión estatal ha mostrado con mayor frecuencia manifestaciones organizadas por el régimen en las que aparecen mujeres sin velo, algo que había sido raro en los medios oficiales.
“Es un intento de demostrar que todo es normal en Irán, que estamos todos unidos y que no masacramos a nuestra propia gente”, señaló Ali Ansari, profesor de historia moderna en la Universidad de St Andrews, en Escocia.
“Funcionará hasta cierto punto con los indecisos, pero la mayoría de los iraníes no se lo cree realmente”, añadió.
Estrecho de Ormuz
El cierre del estrecho de Ormuz ha sido un pilar de la propaganda exterior de Irán, con memes dirigidos a Trump, y también ha servido como elemento en la comunicación interna.
Algunos carteles representan a miembros de la Guardia Revolucionaria atrapando barcos y aviones de guerra estadounidenses, o muestran una tela sobre el rostro de Trump con la silueta del estrecho.
Estas imágenes se inscriben en la tradición de exaltar el heroísmo iraní y criticar a Estados Unidos, que incluye murales conocidos como el que muestra a la Estatua de la Libertad con una calavera.
Rompiendo con la estética revolucionaria previa, un gran cartel en Teherán muestra a Rais Ali Delvari, líder que resistió la ocupación británica en el Golfo hace un siglo, junto a un comandante de la Guardia Revolucionaria, simbolizando la defensa del estrecho.
“Estas pancartas que muestran héroes nacionales son para fines bélicos. Después, se volverán contra nosotros y comenzará la represión”, dijo Narges, de 67 años, una funcionaria jubilada de Shiraz que pidió conservar su anonimato.
Durante la guerra, el poder en Irán ha tendido a desplazarse de los clérigos hacia los comandantes de la Guardia Revolucionaria, un proceso gradual que, según fuentes políticas, se ha acelerado recientemente.
“La dirección que está tomando la narrativa que difunde el régimen es, de hecho, indicativa de la transformación que está experimentando. Está pasando de un sistema teocrático a uno militar”, afirmó Vaez.
Imágenes de la selección nacional de fútbol saludando y del nuevo Líder Supremo, Mojtaba Khamenei, junto a una gran bandera iraní, refuerzan ese mensaje patriótico.
Escepticismo sobre la propaganda
Los ataques a infraestructura y las amenazas de represalias por parte de Estados Unidos han contribuido a que estas tácticas propagandísticas cobren más credibilidad para algunos, dijo Vaez.
“Todo esto ha ayudado al régimen iraní a presentar esta guerra no como una guerra contra la República Islámica, sino como una guerra contra Irán como Estado”, explicó.
Las autoridades han organizado manifestaciones casi diarias para mostrar apoyo en las calles, pero tanto partidarios como detractores del régimen muestran dudas sobre la efectividad de esas movilizaciones.
“Todo es un juego, una puesta en escena para demostrar al mundo que la gente apoya al sistema. En lugar de estas demostraciones, deberían solucionar la situación económica”, opinó Arshia, de 23 años, recién graduada en francés en Yazd.
Para Mohammed, de 26 años y estudiante en Tabriz, el patriotismo puede ser genuino, pero le molestó ver mujeres sin velo mezclándose con hombres no emparentados en las manifestaciones. “Para esto no se hizo la revolución”, afirmó.
Una reciente boda multitudinaria mostró parejas desfilando en vehículos de la Guardia Revolucionaria adornados con globos y ametralladoras, junto a maquetas de misiles pintadas de color rosa.
La televisión estatal también difundió imágenes de entrenamiento con armas en mezquitas, donde instructores militares enseñaban a hombres y mujeres a desmontar y disparar fusiles de asalto.
Según Ansari, esas escenas cumplen un doble propósito: demostrar a disidentes que el régimen cuenta con apoyo armado y, a la vez, proyectar la imagen de un gobierno fuerte, aunque revelan inseguridad interna.
“Esto pone de manifiesto que el régimen no es tan seguro como pretende ser. Le están haciendo creer a su propio pueblo que este es un régimen duro”, concluyó.
(Reuters)

