Mientras el país se detiene por una nueva cita mundialista y el fútbol reafirma su papel como el fenómeno social más movilizador de Argentina, la ciencia aporta explicaciones sobre factores biológicos y ancestrales que contribuyen a nuestra identidad. Estudios de ancestría genómica permiten descomponer la compleja composición genética del argentino promedio y entender cómo esos rasgos pueden incidir en el rendimiento deportivo.
Aunque persiste el mito de una población homogénea, los datos muestran una marcada mezcla genética. Según algunas estimaciones, la «argentinidad» incluye aproximadamente 40% de origen europeo, 25% asiático, 20% americano y 10% africano, lo que da lugar a una identidad con múltiples raíces.
Esta diversidad genética ayuda a aclarar creencias comunes, también en relación con la Selección Nacional. La escasa visibilidad de afrodescendientes en el equipo no implica ausencia de linaje africano: cerca del 10% de la población argentina presenta ancestría africana, aunque suele representar menos del 5% del ADN individual debido a procesos históricos de mestizaje. De manera similar, algunos análisis señalan rastros de ADN vinculados a Bangladesh en alrededor del 8% de la población, lo que sugiere conexiones genéticas más complejas de lo que suelen reflejar las observaciones superficiales.
En Argentina, el fútbol es el deporte más convocante; talento y entrenamiento son decisivos, pero la genética también juega un papel: se estima que alrededor del 66% de la variación en aptitud atlética entre personas tiene base genética. Como afirma Adrián Turjanski, investigador del CONICET y director científico de Gen360, «los genes influyen en el tipo de deporte en el que podemos sobresalir».
La genética: el «jugador número 12» en el rendimiento deportivo
Fibras musculares: En futbolistas suele detectarse un predominio de fibras intermedias que facilitan resistencia aeróbica y recuperación durante esfuerzos intermitentes de larga duración.
El gen ACTN3: Esta variante genética está asociada a la producción de alfa-actinina-3 en fibras de contracción rápida y suele encontrarse en atletas de alto rendimiento con mayor capacidad de explosión y velocidad.
Gestión de la energía: Genes como PPARGC1A regulan el transporte de glucosa y la oxidación de lípidos, modulando la eficiencia energética del músculo en ejercicio intenso.
En torneos como la Copa del Mundo, donde las demandas físicas son extremas, conocer el perfil genético de los jugadores puede ser clave para prevenir lesiones y reducir bajas importantes. Variantes en genes como COL1A1 (vinculado al colágeno tipo I) o MMP3 pueden aumentar la predisposición a lesiones de ligamentos o tendones, como la rotura del ligamento cruzado o del tendón de Aquiles.
«Contar con esta información permite personalizar el entrenamiento e implementar medidas preventivas», explica el referente de Gen360. La medicina de precisión facilita hoy adaptar nutrición y rutinas según el ADN, tanto en deportistas de élite como en aficionados, para optimizar resultados y acortar tiempos de mejora.
La pasión argentina por el fútbol es, en gran medida, una construcción cultural, pero también puede entenderse como una interacción entre historias ancestrales diversas y una biología que influye en la capacidad para el esfuerzo físico y la competencia de alto nivel.
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