24 de junio de 2026
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Operación Epic Fury: programa nuclear devastado, liderazgo iraní oculto e inflación insoportable

Matthew Kroenig sostuvo que, aunque Estados Unidos no logró un golpe final, ganó la guerra con Irán al haber destruido gran parte de la capacidad estratégica de la República Islámica y dejarla en su momento de mayor debilidad desde 1979. En una columna para Foreign Policy, calificó como exagerada la idea de una derrota catastrófica de Washington y afirmó que, si se evalúa por resultados acumulados, la balanza favorecía a Donald Trump.

Kroenig, columnista de Foreign Policy y vicepresidente y director sénior del Scowcroft Center for Strategy and Security del Atlantic Council, evaluó la campaña desde su posición en esa institución.

Su argumento principal fue que la operación denominada Operation Epic Fury degradó de manera significativa el programa nuclear iraní, sus fuerzas convencionales, la base industrial de defensa y la capacidad de conducción política del régimen. Según él, Estados Unidos no obtuvo un nocaut, pero sí ganó por puntos.

Antes del conflicto, dijo, Irán representaba una de las mayores amenazas para la seguridad nacional de Estados Unidos; después de la ofensiva, quedó en su estado más vulnerable desde la revolución de 1979.

Kroenig afirmó que gran parte de la dirigencia previa a la guerra dejó de estar disponible y que los nuevos líderes se ocultaban para protegerse. Sumó a eso una economía en crisis, con hiperinflación, una caída prevista del PIB cercana al 6% y daños de guerra estimados por Teherán en 270.000 millones de dólares.

También sostuvo que las fuerzas armadas iraníes habían quedado tan degradadas que ya no podían infligir de forma directa un daño significativo a las fuerzas estadounidenses; además, dijo que el régimen perdió legitimidad interna y distanció a vecinos de la región.

Otro efecto político importante, según Kroenig, fue la muerte del líder supremo ayatolá Alí Khamenei y de parte de la cúpula responsable, en su lectura, de las matanzas internas de diciembre y enero, lo que, afirmó, envió una señal disuasoria a futuros dirigentes iraníes.

El cambio de régimen no era el objetivo central

Kroenig reconoció que la guerra no produjo un cambio de régimen, al menos por ahora, pero sostuvo que ese no había sido un objetivo central ni plenamente controlable por Washington.

Según su interpretación, la campaña militar creó una oportunidad para un levantamiento popular, como había prometido Trump, pero la población decidió no alzarse, algo que explicó por el temor generado por las masacres previas del régimen.

Con ese punto, rechazó la crítica de que la ausencia de una caída inmediata del régimen invalidara la victoria estadounidense: para él, el éxito consistió en destruir capacidades, no en imponer una ocupación política en Teherán.

Frente a quienes afirmaron que el gasto acelerado de municiones había agotado el poder militar estadounidense y mostrado debilidad, Kroenig planteó lo contrario: la guerra demostró que Estados Unidos seguía dispuesto y capaz de llevar a cabo operaciones militares de gran escala.

Ese dato, a su juicio, debía ser tomado en cuenta por líderes como Vladimir Putin y Xi Jinping, quienes no deberían dar por sentado que el Pentágono permanecería inactivo ante un ataque a la OTAN o a Taiwán.

Como beneficio adicional, el autor destacó la práctica militar adquirida: el Pentágono realizó durante meses en Irán operaciones con nuevas tácticas y tecnologías útiles para conflictos futuros en Europa o Asia, frente a ejércitos como el chino que no combatían desde hacía décadas.

Ormuz confirmó una vulnerabilidad ya conocida

Kroenig respondió a quienes vieron en el cierre del estrecho de Ormuz una demostración de poder iraní y una ventaja para Teherán. Admitió que las últimas semanas aportaron detalles sobre el impacto económico de esa medida y sobre los límites de la capacidad estadounidense para revertirla por la fuerza.

Aun así, sostuvo que esa amenaza no reveló nada esencialmente nuevo: los planificadores militares ya sabían desde hace años que Irán podía afectar el estrecho de Ormuz de manera dañina para la economía global.

Lo explicó como una cuestión de geografía y capacidades militares: resulta difícil impedir que Irán amenace con lanzar un dron o un arma contra un buque que transita por esa vía, por lo que la guerra simplemente confirmó un supuesto de larga data.

Para Kroenig, la guerra demostró además que la supervivencia del liderazgo iraní, su programa nuclear y sus fuerzas convencionales dependía de que Washington y Tel Aviv no optaran por destruirlos por completo.

En su criterio, Estados Unidos e Israel mantuvieron siempre la opción de volver a “decapitar y desarmar” a la República Islámica si lo decidían, y esa capacidad reduce el valor estratégico de cualquier recuperación parcial iraní.

Desde esa lógica, incluso una reconstrucción futura no alteraría la asimetría fundamental establecida por el conflicto: la ventaja decisiva seguiría estando del lado estadounidense e israelí.

La relación con Medio Oriente salió fortalecida

Kroenig aceptó que Washington debió haber involucrado mejor a sus aliados europeos, aunque afirmó que Europa entendía que Irán representaba una amenaza seria que debía ser afrontada.

Donde vio una mejora más clara fue en la relación con países de Medio Oriente: en términos generales, sostuvo, las relaciones de Estados Unidos con aliados y socios regionales mejoraron tras el conflicto.

Puso como ejemplo a Qatar, que antes de la guerra oscilaba entre Washington y Teherán; según él, el conflicto dejó en claro la verdadera naturaleza de Irán al atacar objetivos civiles en países vecinos, lo que evidenció su condición de socio poco confiable.

Kroenig consideró que el mayor costo de la guerra fue el cierre del estrecho de Ormuz por parte de Irán y la respuesta estadounidense que bloqueó flujos energéticos, causando inflación y disrupciones en la economía global. Dijo que el memorando de entendimiento prometía reparar ese daño con la reapertura del paso y la estabilización de los mercados energéticos.

Comparando resultados, formuló un juicio directo: Epic Fury habría intercambiado la destrucción del aparato militar del principal Estado terrorista del mundo por un aumento transitorio del precio de la energía, un balance que calificó como favorable para Estados Unidos.

El autor admitió que algunos términos del memorando parecían favorecer a Irán, en particular la posible facilitación por parte de Washington de una reconstrucción por 300.000 millones de dólares, algo que criticó.

No obstante, Kroenig dijo no estar excesivamente preocupado porque dudaba que todos esos términos llegaran a aplicarse en su totalidad, y propuso leer el memorando como si fueran dos acuerdos separados.

Según explicó, una parte entraría en vigor de inmediato —la reapertura del estrecho a cambio de un alivio limitado de sanciones— y la otra, relativa al programa nuclear y a una reconstrucción a gran escala, quedaría sujeta a negociación en los siguientes 60 días.

En síntesis, vio el acuerdo como un mecanismo para devolver rápidamente energía de Medio Oriente a los mercados globales y postergar las cuestiones más complejas, que probablemente no se resolverían fácilmente.

Kroenig sostuvo que era difícil imaginar que los líderes iraníes renunciaran a su programa nuclear y que tampoco esperaba que los estadounidenses llevaran a cabo un Plan Marshall para un Estado catalogado como terrorista.

Con base en eso, rechazó la crítica de que, si Irán no limitaba su programa atómico, Trump habría fracasado en otro objetivo: para él, Washington no necesitaba un nuevo acuerdo nuclear porque el programa iraní había sido severamente dañado y, si se intentaba reconstruir, el Pentágono podría volver a destruirlo.

Ese razonamiento se aplicó también al uranio enriquecido enterrado entre los escombros de las instalaciones destruidas: Kroenig consideró que el debate le había dado demasiada importancia, ya que Irán carecería de capacidad práctica para recuperar y enriquecer ese material sin exponerse a ataques y sin instalaciones operativas tras las acciones militares estadounidenses.

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