1 de julio de 2026
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Efectos adversos del veto de celulares en escuelas británicas, según un estudio

Un informe sobre la prohibición de teléfonos inteligentes en las escuelas concluye que los vetos totales probablemente resultan ineficaces, no cuentan con el apoyo de la mayoría de los alumnos y pueden debilitar la confianza entre jóvenes y adultos. El estudio del University College London (UCL) también señala que estas medidas no abordan problemas de fondo como el ciberacoso, los contenidos dañinos en internet y el diseño adictivo de plataformas digitales.

La investigación de UCL afirma que una prohibición general de los teléfonos inteligentes en las escuelas no resuelve las causas subyacentes del daño en línea y puede provocar efectos adversos. Publicado el martes 30 de junio de 2026, el estudio recogió las opiniones de 732 estudiantes de secundaria de 11 a 18 años, 27 profesionales de la educación y 41 padres en el Reino Unido.

El trabajo detectó un amplio acuerdo entre estudiantes, familias y docentes sobre las distracciones y las interrupciones que pueden ocasionar los móviles en clase. La divergencia surge en la respuesta: mientras los adultos tienden a apoyar las prohibiciones, la mayoría de los jóvenes las rechaza.

Según el informe, el 87% de los docentes y el 88% de los padres respaldan esos vetos. Entre los alumnos consultados, el 75% manifestó su desacuerdo con una prohibición general.

El equipo del UCL Institute of Education y de Life Lessons Education indica que estas políticas evidencian una brecha generacional con percepciones muy diferentes sobre el papel del teléfono en la vida diaria. El informe añade que los adultos suelen ver ese uso con ansiedad, pese a su propia dependencia de esos dispositivos.

Los efectos no deseados de las prohibiciones

Los estudiantes describieron el teléfono como una herramienta cotidiana para consultar horarios de autobús, el tiempo o aplicaciones relacionadas con las tareas. También destacaron que les permite mantener contacto con redes de apoyo y que, en el caso de muchas chicas, ofrece una sensación de seguridad cuando viajan solas.

La profesora Jessica Ringrose, autora principal, señaló que los alumnos perciben las prohibiciones generales como medidas punitivas y no como apoyo. Afirmó que sentían que estas normas socavaban la confianza con los adultos, a quienes consideraban ajenos al papel integral que los móviles desempeñan en su rutina.

El informe advierte sobre un “efecto de desplazamiento”: problemas digitales como el ciberacoso o el acoso sexual facilitado por la tecnología pueden hacerse menos visibles dentro del centro escolar sin desaparecer, trasladándose al ámbito doméstico y dificultando que los alumnos los denuncien.

Edith Rodda, investigadora doctoral del UCL Institute of Education, alertó sobre los riesgos de decisiones apresuradas. Señaló que las políticas escolares implantadas sin tener en cuenta las perspectivas de los estudiantes, aunque estén bien intencionadas, pueden generar un ciclo de castigo que acabe minando los objetivos de la propia política.

Rodda añadió que los alumnos a menudo buscan maneras de eludir las restricciones, como ocultar el móvil en fundas con cierre. El estudio indica además que, cuando no pueden llevar el dispositivo al centro, la prohibición puede aumentar la ansiedad y crear nuevos riesgos de protección.

La alternativa que propone el informe

El trabajo se publicó en un contexto de mayor presión normativa en el Reino Unido. En abril de 2026, Inglaterra introdujo una política obligatoria de escuelas sin teléfonos durante la jornada escolar, con supervisión por parte de Ofsted y del Department for Education.

El texto también sitúa como antecedente el anuncio del Gobierno británico en junio de 2026 de prohibir las redes sociales a menores de 16 años a comienzos de 2027. Según el informe, existe poca base empírica para sostener que vetar redes sociales o restringir móviles en la escuela corrija las causas del daño en internet.

Los autores citan estudios previos en el Reino Unido que no encontraron mejoras en las calificaciones ni en el bienestar solo por imponer vetos, y un estudio en Estados Unidos que no halló avances en rendimiento académico ni en la reducción del acoso escolar, y sí observó más incidentes disciplinarios a corto plazo. También recogen preocupaciones sobre privacidad, la vigilancia de datos y las tecnologías de verificación de edad.

Frente a ese enfoque, Life Lessons Education y UCL proponen un marco centrado en el alumnado, con consulta colaborativa, desarrollo de competencias, normas claras y revisión activa periódica. Recomiendan aplicar estrategias de reducción de daños, sustituir la prohibición por acompañamiento guiado, abordar el efecto de desplazamiento y enfocarse en plataformas, conductas y tecnologías emergentes.

La coautora Dawn Aytoun planteó que la escuela debe crear espacios para comprender mejor el entorno digital. Señaló que las escuelas deberían fomentar que los estudiantes aprendan, comprendan y debatan las dimensiones éticas, relacionales y políticas del mundo digital, así como los modelos económicos que guían a las empresas tecnológicas.

El informe sostiene que incorporar la voz de los alumnos en estas políticas no disminuye la protección, sino que orienta las respuestas hacia habilidades útiles fuera del aula. Bajo ese criterio, la prioridad cambia de retirar dispositivos a desarrollar criterio, alfabetización digital y capacidad de decisión.

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