16 de julio de 2026
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Armada neerlandesa apuesta por robots, drones y sistemas autónomos

En la costa de Den Helder, en los Países Bajos, dos embarcaciones negras designadas Defender 1 y Defender 2 vigilan a distancia un buque objetivo. Estas unidades operan sin tripulación y sus trayectorias las dirige un sistema informático central, un despliegue que, según The Guardian, representa el comienzo de una etapa en la que los sistemas autónomos empiezan a transformar las operaciones de las fuerzas armadas neerlandesas.

El capitán de navío Sjoerd Feenstra, responsable del centro de excelencia en sistemas no tripulados de la Marina Real Neerlandesa, encabeza una misión experimental de cinco semanas destinada a evaluar las capacidades de esta tecnología. Su objetivo es que, en menos de una década, toda embarcación tripulada navegue acompañada por plataformas autónomas.

“En unos 10 años, existirán plataformas tripuladas rodeadas por un anillo de sistemas no tripulados que operarán de la forma más autónoma posible”, declaró Feenstra, citado por el medio británico.

Laboratorio marítimo para la innovación tecnológica

El GeoSea, antes dedicado a la vigilancia del lecho marino en parques eólicos, funciona ahora como base flotante para ensayos. En él se prueban los drones Noa, las embarcaciones Defender y un sistema de mapeo de minas submarinas desarrollado por Lobster Robotics. Según Feenstra, este enfoque de “sistema de sistemas” facilita la incorporación y sustitución de componentes conforme surgen nuevas tecnologías.

El presupuesto militar neerlandés contempla que más de la mitad de sus operaciones emplearán sistemas no tripulados en los próximos cinco años. El Reino Unido, por su parte, planea invertir más de 5.000 millones de libras esterlinas (unos 6.741,55 millones de USD) en capacidades similares. Vehículos submarinos, embarcaciones y drones sin tripulación se están integrando en tareas de vigilancia y en escenarios de conflicto en todo el mundo.

Desde la invasión rusa de Ucrania en 2022, los drones han tenido un papel activo en operaciones reales. Recientemente, la Armada estadounidense empleó buques no tripulados en el Golfo Pérsico y en la región de Oriente Medio, y también se ha visto el uso de drones en ataques vinculados a Irán.

Seguridad, eficiencia y nuevos desafíos

La Marina Real Neerlandesa prioriza la protección del personal mediante la automatización de tareas peligrosas. “El objetivo es aprovechar al máximo los sistemas no tripulados para mantener a la gente fuera de las zonas de peligro”, señaló Feenstra. Además, destacó que el trabajo naval exige rapidez, análisis de datos y capacidades técnicas cada vez mayores.

Al recibir la orden de vigilar un barco, las embarcaciones Defender ejecutan la misión acompañadas por dos drones Noa de fibra de carbono y otro dron con forma de murciélago que sobrevuela la zona. Esta combinación reduce la exposición de los marineros a situaciones de riesgo y permite vigilar áreas extensas durante largos periodos.

Reflexión ética y cooperación internacional

El debate sobre la ética de los sistemas autónomos en defensa tiene décadas de historia. Los Países Bajos llevan más de 40 años usando el sistema antiaéreo Goalkeeper, capaz de operar de forma autónoma. Feenstra advirtió que, aun cuando se planifique y se recopile información, siempre existe la posibilidad de errores, y planteó la pregunta de dónde recaerá la responsabilidad si se automatiza todo.

El contexto demográfico también influye en la estrategia neerlandesa: la escasez de mano de obra impulsa la adopción de la autonomía. Además, el modelo holandés sirve de referencia para países que cooperan en la seguridad del mar del Norte y el mar Báltico.

Lee Willett, analista naval, sostuvo que “los holandeses tienen una capacidad superior a la que cabría esperar. Además, están mejorando sus capacidades porque reconocen que su armada es relativamente pequeña en una región del mundo de suma importancia”, según informó The Guardian.

Sidharth Kaushal, investigador principal del Royal United Services Institute de Londres, señaló que la tendencia hacia sistemas autónomos responde a beneficios operativos y sociales: permiten reducir el tiempo en el mar y facilitar el equilibrio entre la vida profesional y familiar de las tripulaciones. Los sistemas no tripulados no eliminan la necesidad de personal, pero cambian la relación entre tecnología y recursos humanos: suelen requerir más ingenieros y ofrecen un tipo distinto de conciliación familiar.

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