Arabia Saudí recibió este lunes ataques coordinados con drones contra su infraestructura petrolera procedentes de dos frentes simultáneos: los rebeldes hutíes de Yemen y milicias proiraníes con base en Irak. El Ministerio de Defensa saudí informó que interceptó y destruyó varios de los aparatos antes de que alcanzaran objetivos en Riad y en la Región Occidental.
El portavoz militar hutí, Yahya Sari, reivindicó la acción desde el frente yemení. En sus redes sociales afirmó que las fuerzas rebeldes atacaron “varios objetivos y puntos sensibles del suministro y transporte de petróleo desde el este de Arabia Saudí hasta Yanbu”, y aseguró que la ofensiva respondía a lo que calificó como una “violación del espacio aéreo yemení por parte de drones saudíes”.
Desde territorio iraquí, grupos armados apoyados por Irán lanzaron una segunda serie de drones contra instalaciones petroleras saudíes. En un comunicado, el Ministerio de Defensa de Arabia Saudí describió esos ataques como “ataques terroristas” y pidió a Bagdad que adopte medidas para impedir el uso de su territorio como base para agresiones.
Las milicias proiraníes radicadas en Irak no emitieron una reivindicación pública, pese a que Arabia Saudí y otros países del Golfo las señalaron como responsables. Ese silencio contrasta con la postura explícita de los hutíes, que sí reconocieron su participación.
El Gobierno internacionalmente reconocido de Yemen acusó a Teherán de dirigir ambas ofensivas. El ministro de Información yemení, Muamar al Eryani, afirmó en X que la “coincidencia temporal” entre las acciones en Yemen e Irak demuestra la existencia de un único mando y un mismo objetivo, que sería afectar la navegación internacional y el suministro energético.
Al Eryani sostuvo que los ataques forman parte de una “estrategia iraní” para trasladar los focos de amenaza del estrecho de Ormuz hacia el mar Rojo y el estrecho de Bab al Mandeb, y advirtió de un plan destinado a interrumpir cadenas de suministro y aumentar los costes del comercio y la energía a nivel global.
Los enfrentamientos entre los hutíes y Arabia Saudí se reanudaron el 13 de julio, tras cuatro años de tregua. La escalada comenzó después del bombardeo del aeropuerto de Saná —bajo control rebelde—, atribuido por los hutíes a Riad, que respondieron con ataques contra el reino y con un bloqueo marítimo en el mar Rojo, junto al cierre del estrecho de Ormuz.
El fin de semana previo, la coalición liderada por Arabia Saudí atacó objetivos militares hutíes en la gobernación de Hodeida en represalia por ataques del grupo contra buques mercantes en el mar Rojo. Los hutíes anunciaron represalias, en un contexto en el que también se han intensificado los enfrentamientos entre Estados Unidos e Irán y los bombardeos de fuerzas iraníes contra intereses estadounidenses en la región.
Estos incidentes se produjeron justo después de una breve calma entre Washington y Teherán tras 13 días de enfrentamientos directos. Al Eryani consideró que no se trata de hechos aislados en Yemen o Irak, sino de capítulos simultáneos de una misma estrategia iraní que emplea a sus aliados para presionar la seguridad energética y la navegación internacional cuando Teherán enfrenta tensiones.
(Con información de AFP, EFE y Europa Press)

