30 de julio de 2026
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Fiume: microestado adriático de 28 km2 que duró 4 años

En el Adriático, una ciudad de apenas 28 km2 fue entre 1920 y 1924 escenario de uno de los experimentos políticos más inestables del periodo de entreguerras: el Estado Libre de Fiume, nacido del enfrentamiento entre dos estados triunfantes y un poeta que se proclamó líder.

Su breve existencia resume, a escala reducida, las tensiones que surgieron en Europa tras la desaparición del Imperio austrohúngaro.

La disputa que ningún tratado de paz supo resolver

Al desmembrarse el Imperio austrohúngaro en octubre de 1918, la ciudad adriática de Fiume —hoy Rijeka, en Croacia— quedó sin una soberanía claramente establecida. Tanto el Reino de Italia como el recién creado Reino de los Serbios, Croatas y Eslovenos (más tarde Yugoslavia) reclamaron la ciudad, apelando al principio de autodeterminación promovido por el presidente estadounidense Woodrow Wilson.

La cuestión combinaba demografía y geografía. En el Corpus separatum —la entidad administrativa especial que Fiume tenía bajo la corona húngara— se registraban, según Encyclopædia Britannica, alrededor de 22.488 italianos frente a 13.351 eslavos. Los eslavos sostenían, además, que el suburbio de Sušak, con cerca de 11.000 habitantes eslavos y 1.500 italianos, formaba parte integral de la ciudad. Wilson propuso incluso que Fiume fuera sede de la incipiente Sociedad de Naciones, pero ninguna solución fructificó.

La Conferencia de Paz de París de 1919 no resolvió el conflicto. En Italia se habló de una “victoria mutilada”: el país había combatido con los Aliados, pero no recibió todos los territorios prometidos por el Tratado de Londres de 1915, lo que alimentó el resentimiento y la inestabilidad política interna.

D’Annunzio, la Regencia de Carnaro y la “Navidad sangrienta”

El 12 de septiembre de 1919 el escritor y militar Gabriele D’Annunzio encabezó una columna que partió de Trieste hacia Fiume. Partiendo de unos 287 hombres, la fuerza creció hasta aproximadamente 2.000 irredentistas. Las tropas aliadas presentes se retiraron sin combatir y D’Annunzio proclamó la anexión de la ciudad a Italia.

Al no obtener el reconocimiento del gobierno de Roma, en septiembre de 1920 D’Annunzio proclamó la Reggenza Italiana del Carnaro, se nombró Comandante y presentó la Carta del Carnaro, una constitución que mezclaba elementos del sindicalismo nacional, el corporativismo y el republicanismo democrático.

D’Annunzio es considerado un precursor del fascismo italiano: muchos rasgos rituales y simbólicos posteriormente asociados al movimiento de Benito Mussolini —el saludo romano, los discursos desde el balcón, las camisas negras y el uso del título de Duce— fueron practicados o ensayados en Fiume.

Cuando el 12 de noviembre de 1920 se firmó el Tratado de Rapallo entre Italia y el Reino de los Serbios, Croatas y Eslovenos, D’Annunzio rechazó el acuerdo y declaró la guerra a su propio país. El 24 de diciembre de 1920 el Ejército Real italiano, bajo el general Enrico Caviglia, atacó la ciudad; los acorazados Andrea Doria y Duilio bombardearon Fiume durante tres días. El 28 de diciembre D’Annunzio renunció y el 30 de diciembre la Regencia capituló en lo que pasó a llamarse la “Navidad sangrienta” (Natale di sangue).

Cuatro años de independencia y un final anunciado

Tras la expulsión de D’Annunzio, el Tratado de Rapallo se aplicó: ambas coronas reconocieron “la completa libertad e independencia del Estado de Fiume”, con la obligación de respetarla a perpetuidad. El nuevo Estado obtuvo el reconocimiento inmediato de Estados Unidos, Francia y Reino Unido. Riccardo Zanella fue su primer jefe de gobierno y propuso, aprobado por referéndum el 24 de abril de 1921, un consorcio tripartito italo‐fiumano‐yugoslavo para la gestión del puerto.

La estabilidad, sin embargo, fue efímera. En marzo de 1922 fascistas locales derrocaron a Zanella y se produjo una ocupación militar italiana. Siete meses después Mussolini llegó al poder en Roma. El 27 de enero de 1924 el Tratado de Roma otorgó Fiume a Italia y Sušak a Yugoslavia, con una administración portuaria compartida, y el Estado Libre dejó de existir.

Después de la Segunda Guerra Mundial, el Tratado de París de 1947 incorporó formalmente la ciudad a Yugoslavia. Tras la disolución de aquel estado, la ciudad pasó a formar parte de Croacia con el nombre de Rijeka.

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