3 de agosto de 2026
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Voluntarias ucranianas confeccionan capas térmicas para proteger soldados de drones rusos

Un grupo de voluntarias fabrica capas anti-drones que ayudan a proteger a soldados ucranianos al reducir su firma térmica y hacerlos menos visibles para los drones rusos, que usan cámaras térmicas y sobrevuelan constantemente una “zona de la muerte” que se extiende por kilómetros a ambos lados del frente.

“Antes hacíamos distintos objetos necesarios para nuestros soldados, pero ahora nos centramos en estas capas. Es una guerra de drones”, explicó a EFE Natalia Tjorzevska, profesora de lengua y literatura de 54 años y líder del colectivo Diyemo Vze (Actuamos ahora).

Una decena de mujeres trabaja en una pequeña sala para atender pedidos del frente, donde los combates no cesan. Algunas extienden paneles de tejido sintético de camuflaje y material aislante térmico; otras cosen y dan forma a ponchos amplios con mangas largas, capucha y una ventana transparente en la zona del rostro.

Ocultarse de los drones

ACOMPAÑA CRÓNICA: UCRANIA GUERRA - KOVEL (UCRANIA), 03/08/2026.- Oleksandra Samokha, una contable desplazada de Zaporiyia, acude al taller para ayudar a producir ponchos antidrones que protejan a los soldados ucranianos de los drones rusos, este lunes, en Kovel (Ucrania) EFE/ Rostyslav Averchuk

El objetivo principal es retener parte del calor corporal para que las cámaras térmicas de los drones no detecten con facilidad a las personas que los portan.

Estas cámaras, combinadas con cámaras de vídeo convencionales, permiten a los operadores localizar y atacar a soldados que muchas veces deben caminar durante kilómetros y horas para alcanzar posiciones sin ser vistos.

“No pueden desplazarse en vehículo hasta las posiciones más cercanas a la línea de contacto porque cualquier vehículo es destruido. Tienen que ir a pie. Y ahí está el mayor riesgo”, señaló Tjorzevska.

El riesgo aumenta de noche, cuando el contraste térmico es más marcado y los soldados aparecen en las pantallas como manchas calientes sobre un fondo frío.

- Voluntarios civiles fabrican ponchos antidrones para soldados ucranianos este lunes, en Kovel (Ucrania)
EFE/ Rostyslav Averchuk

Según Olena Rizko, otra integrante del equipo de 53 años, las capas hacen que, desde la altitud a la que vuelan los drones —entre 50 y 100 metros—, los soldados se confundan con arbustos o árboles.

Rizko se pone la capa, que pesa menos de un kilo, para mostrar cómo su diseño permite a los combatientes cubrirse rápidamente al oír un dron. También facilita que puedan agacharse y reducir aún más su visibilidad.

Los ponchos funcionan también de día: las voluntarias adaptan los patrones y colores al terreno y a la estación para que el camuflaje sea eficaz frente a cámaras de imagen normal.

‘Feedback’ del frente

Natalia Tkhorzhevska (d), líder del grupo de voluntarios que fabrica ponchos antidrones para soldados ucranianos este lunes, en Kovel (Ucrania)
EFE/ Rostyslav Averchuk

Ver a mujeres civiles en un pequeño taller confeccionando equipos pensados para contrarrestar tecnologías avanzadas puede parecer sorprendente, reconoce Tjorzevska.

Algunos modelos los producen empresas privadas, pero la fabricación es insuficiente y, en ocasiones, los diseños no se ajustan a las necesidades del frente. Por eso el Ejército recurre a voluntarios, que responden más rápido a las observaciones que envían las tropas tras usar el material en combate; sin embargo, dependen de campañas de micromecenazgo para financiarse.

Ninguna capa garantiza protección total, y cada diseño tiene ventajas y limitaciones. Aun así, la demanda en el frente confirma su utilidad, dice Tjorzevska. El pequeño taller fabrica alrededor de un centenar de ponchos por semana y ya ha producido más de 2.000.

Además de ocultar a quienes se mueven, a veces se emplean para cubrir a heridos que esperan ser evacuados. Para soldados que pasan meses en fortificaciones excavadas, ofrecen la posibilidad de salir brevemente a la superficie.

Capa antidrones
EFE/ Rostyslav Averchuk

“Los drones vuelan en enjambres y las posibilidades de sobrevivir sin protección son muy bajas si sales afuera. Nuestros chicos usan estas capas cuando necesitan salir, aunque sea por poco tiempo, porque no pueden estar bajo tierra todo el tiempo”, afirma Tjorzevska.

Según la voluntaria, en una misión reciente 30 soldados salieron indemnes y pudieron evacuar a algunos heridos gracias a los ponchos. Relatos como ese mantienen la motivación del grupo, cuyas miembros en su mayoría tienen familiares en el Ejército.

“Mi marido lleva cuatro años luchando. Están muy cansados y necesitan equipamiento con urgencia”, cuenta Oleksandra Samoja, una contable de 40 años que huyó de Zaporiyia con sus dos hijos y ahora acude casi a diario al taller.

“Es nuestro deber hacer todo lo posible para ayudar”, añade.

(Con información de EFE)

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