El vídeo viral del vendedor de fruta Yuri huyendo de un dron ruso ilustra una práctica cotidiana de las fuerzas armadas del régimen de Vladimir Putin: el acoso y, en ocasiones, el asesinato de civiles ucranianos con drones de corto alcance o FPV (vista en primera persona), especialmente en Jersón, aunque también se registra en otros frentes como el Donbás, Zaporiyia y Járkiv.
En las imágenes se observa un dron cuadricóptero que se aproxima al puesto de fruta y persigue al comerciante. Éste intenta primero indicar al operador que es un civil y muestra su negocio; cuando el aparato se acerca, intenta huir. El zumbido característico del dron, audible en el vídeo, suele paralizar a las personas atacadas. El piloto ruso maniobra con intención de impactar y, aunque no consigue un golpe directo, hiere al frutero en las piernas.
Este episodio encaja con publicaciones en canales de Telegram rusos donde, bajo el término «safari humano», se comparten diariamente vídeos de ataques a civiles acompañados de burlas y emoticonos. Esas grabaciones constituyen, según especialistas y organismos, pruebas claras de posibles crímenes de guerra.
La negación oficial —«Rusia no ataca a civiles»— sigue siendo la respuesta del régimen de Putin frente a ataques con misiles, bombas guiadas y drones de largo alcance, pero en los casos de los llamados «safaris humanos» son los mismos autores quienes registran y difunden las agresiones.
Jersón fue la única capital regional ocupada por las fuerzas rusas en los primeros días de la invasión y fue recuperada meses después por una contraofensiva ucraniana. La ciudad queda a pocos kilómetros de posiciones rusas en la otra orilla del Dnipro, lo que ha provocado bombardeos y acoso continuos durante años; muchos barrios están parcialmente destruidos y la presencia de civiles en las calles y refugios es reducida.
Investigadores ucranianos y organizaciones como Frontelligence Insight han analizado los patrones de ataque en Jersón y concluyen que la zona se utiliza como campo de entrenamiento. Los ataques FPV allí presentan una precisión menor que en otros sectores, lo que sugiere la participación de operadores novatos que practican con objetivos civiles. La orilla rusa del Dnipro ofrece un punto de lanzamiento seguro con bajo riesgo para el operador; entre los patrones detectados figuran persecuciones prolongadas y errores de pilotaje no habituales en equipos veteranos desplegados en otros frentes.
Estrategia de terror
Estos drones a menudo sobrevuelan edificios en llamas esperando la llegada de bomberos para atacarlos, una táctica que, además de sembrar terror, actúa como castigo y venganza contra la población civil por su resistencia a la ocupación. La práctica está documentada. Witold Stupnicki, analista senior para Europa y Asia Central de ACLED (Armed Conflict Location & Event Data Project), que visitó la ciudad de Nikopol, señala que la táctica del «safari humano» ha adquirido mayor letalidad y que unidades de drones entrenadas originalmente para atacar rutas militares están siendo utilizadas contra autobuses, mercados y ambulancias.
Danielle Bell, jefa de la Misión de Monitoreo de Derechos Humanos de la ONU en Ucrania, advierte que «los drones de corto alcance representan ahora una de las amenazas más mortales para los civiles en las zonas de primera línea». Según la misión, en enero de 2025 estos aparatos causaron más víctimas civiles que cualquier otra arma, afectando a personas en coches, autobuses y en las calles.
Estos ataques han contribuido al aumento de víctimas civiles. La Misión de Monitoreo de Derechos Humanos de la ONU (HRMMU) verificó 2.514 civiles muertos y 12.142 heridos durante 2025, un incremento del 31% respecto a 2024 (2.088 muertos; 9.138 heridos) y un 70% más que en 2023 (1.974 muertos; 6.651 heridos). Los datos disponibles de 2026 muestran que la tendencia al alza continúa.
Zaporiyia es otra capital regional afectada por ataques similares desde el sur de la ciudad: desde esa dirección, drones FPV rusos apuntan a grupos de civiles, vehículos y transporte público. En los días más graves, varios ataques al mes pueden implicar hasta diez drones causando muertos y heridos entre la población civil y afectados en autobuses urbanos.

