Álex de la Iglesia celebra hoy sus 60 años. En septiembre pasado visitó Buenos Aires para participar en la primera edición del Festival Internacional de Cine de la Universidad de Buenos Aires, dedicado a “Cine y Democracia”. Poco antes se había relanzado en salas argentinas La comunidad (2000) en una restauración en 4K, uno de sus títulos más celebrados protagonizado por Carmen Maura, lo que despertó gran interés entre cinéfilos y seguidores.
En sus entrevistas, el director bilbaíno atrapa al público con una mezcla de lucidez, provocación y humor que recuerda el tono de sus películas.
Para De la Iglesia, el humorista es un intérprete supremo: considera a quien hace reír como una figura casi sagrada y llega a situar a Buster Keaton entre las mayores estrellas de la historia.
Su salto al largometraje empezó con la colaboración con Pedro Almodóvar en Acción mutante (1993). Antes había dirigido el corto Mirindas asesinas (1991) y trabajado como director artístico en Mamá (1988), de Pablo Berger. Su formación en Filosofía y Bellas Artes y su experiencia como dibujante en publicaciones como No y La Ría del Ocio alimentaron su trayectoria artística.
Sus personajes suelen mostrar pequeñez y mezquindad en situaciones grotescas que acaban desbordándose en violencia. Sus películas, como Crimen Ferpecto, incluyen diálogos punzantes que subrayan esa mezcla de crueldad y humor negro.
El valor de dedicarse a pensar
De la Iglesia se define antes que nada como pensador: licenciado en Filosofía por la Universidad de Deusto, reconoce esos años como entre los más felices de su vida, aunque puntualiza que no se siente un filósofo profesional.
Ha expresado su preocupación por la posible desaparición de la filosofía en la enseñanza, comparándolo con algo aberrante y criticando una educación que, según él, no fomenta realmente la reflexión. Le irritó siempre una enseñanza que solo daba respuestas mecánicas sin contexto.
La filosofía es, dice, su mayor disfrute intelectual y también un contraste con una realidad que encuentra aburrida y conformista. Defiende a los artistas como “los improductivos del sistema” que, al perder el tiempo creando, acaban transformando la cultura —recuerda incluso ejemplos populares como South Park para ilustrar cómo la creación aparentemente inútil termina teniendo impacto social—.
¿La felicidad en el shopping?
Una idea recurrente en sus entrevistas es que vivimos intentando sostener una ficción de vida perfecta: pareja fiel, trabajo ideal y consumo de fin de semana en centros comerciales. Según él, esa fantasía no se corresponde con la realidad, pero el consumo sigue siendo la única faceta en la que la ficción parece mantenerse.
Su diagnóstico cultural es contundente: existe un interés económico por idiotizar a la gente y un desprecio hacia la cultura considerada improductiva. Le preocupa que pensar se perciba como prescindible, porque eso limita la posibilidad de debatir y cuestionar lo que ocurre, y defiende a la filosofía como herramienta para abrir esa conversación.
En España su filmografía forma parte del imaginario colectivo —desde El día de la Bestia hasta Las brujas de Zugarramurdi o Balada triste de trompeta—, pero admite ser un “mal espectador”: no suele ver sus propias películas por falta de tiempo y prefiere leer manuales de juegos de rol que rara vez llega a jugar. Creció en un Bilbao marcado por la violencia soterrada del terrorismo, la presión policial y el silencio social, y por problemas psiquiátricos en su familia; ese telón de fondo, afirma, explica en parte el tono de su cine.
Es pesimista sobre el futuro de cierto tipo de cine: augura que desaparecerá la “serie B intermedia” que sostiene oficios técnicos y que quedarán solo las superproducciones y un cine independiente muy barato y artesanal. El riesgo, según él, es perder las fábulas donde la imaginación discute la realidad.
Messi, Maradona y lo que no se atrevía a decir
Uno de sus proyectos más improbables fue el documental sobre Lionel Messi. Relata que le ofrecieron el encargo casi por descarte; su falta de conocimiento futbolístico le permitió hacer preguntas ingenuas que resultaron útiles. En el rodaje no consiguió una entrevista formal con Messi, y cuenta con humor anécdotas sobre intentos de reunir al equipo del Barça para participar.
También recuerda su encuentro con Diego Maradona en Dubái, en una casa prácticamente vacía, donde Maradona mostró una mezcla de afecto y desconcierto y aceptó participar sin profundizar en los detalles. El documental Messi, estrenado en septiembre de 2014, adopta un formato híbrido que combina entrevistas reales con escenas dramatizadas sobre la infancia y el traslado de Messi a Barcelona.
Snoopy y una cuenta bancaria que se vació
Su relación con el dinero tiene episodios curiosos. Cuenta que participó en una subasta en Las Vegas donde pujaron por una figura antigua de Snoopy; tras una inesperada adjudicación su cuenta quedó reducida, y recuerda con humor que le quedaron 14.000 euros.
En una entrevista reciente contó que es padre de cuatro hijas; las dos más jóvenes son fruto de su matrimonio con la actriz Carolina Bang, con quien además mantiene una sociedad creativa. Bang ha protagonizado varias de sus películas y juntos producen cine y series desde su compañía.
Entre sus planes figura un rodaje en Argentina para el próximo año, que tendría como protagonista a Diego Capusotto.


