15 de enero de 2026
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Jóvenes bailarines cumplen el sueño de ser Billy Elliot

Quizá aún no sean plenamente conscientes —son muy jóvenes— del gran hallazgo que ya experimentaron: encontraron su vocación. Mientras muchas personas pasan la vida sin descubrirla, Mateo, Lucio, Franco, Bernie y Joaquín, entre 10 y 15 años, ya saben y sienten qué quieren hacer: dedicar su vida a la danza, como el personaje de Billy Elliot.

La película que popularizó esa historia se estrenó en 2000 y relata la vida de Billy, un niño de once años de una familia trabajadora del condado de Durham, en Inglaterra. Ambientada en 1984-85, la trama se desarrolla en un contexto social convulsionado por las políticas de Margaret Thatcher y la huelga minera, que afecta la economía de la región y las vidas de su padre y su hermano.

En ese marco social se plantea el conflicto central: Jackie, el padre de Billy, lo manda a boxear “como los hombres”, pero Billy descubre su pasión por el ballet al presenciar una clase. Convencido de su vocación, decide seguir la danza pese a la oposición familiar y los prejuicios sociales. La película emociona a muchos espectadores por ese recorrido de determinación y sensibilidad.

Avance rápido: 2005, el West End de Londres, la historia llega al teatro.

El film fue reconocido por la crítica y compitió por varios premios internacionales; años después se adaptó al formato de musical con música de Elton John, y tuvo gran éxito en Broadway, en el West End y en producciones internacionales, acumulando importantes galardones del rubro.

En mayo de 2026, el musical Billy Elliot llegará a Buenos Aires en el Teatro Ópera, con entradas a la venta en Ticketmaster. El productor Diego Romay, con amplia experiencia en el medio, explica los pormenores del proyecto.

Romay cuenta que el impulso para traer la obra surgió del impacto artístico de la historia. Tras montar la producción en el Teatro Alcalá de Madrid y constatar su recepción popular, sintieron que la historia tenía un carácter universal: la búsqueda del lugar propio a través del arte.

Traer el musical a Argentina implicó un desafío formativo: necesitaban un elenco infantil con habilidades en ballet, tap, canto, actuación y acrobacia, algo difícil de reunir localmente. Por eso diseñaron, junto a la Fundación Julio Bocca, un programa de formación inspirado en los modelos de Broadway, West End y Madrid.

Las audiciones fueron multitudinarias: más de 1.500 niños de todo el país participaron, convocados por la Fundación Julio Bocca y centros de formación de ballet. Llegaron postulantes de diversas provincias con historias de esfuerzo y compromiso con la danza.

De ese proceso surgieron cinco seleccionados: Bernardo “Bernie” Banchero, Joaquín Formichelli, Mateo Tognolotti, Lucio Scavino y Franco Leone Molozaj, quienes relatan su experiencia tras haber sido elegidos.

—¿Cuántas veces vieron la película y qué les pareció?

Mateo (13): —La he visto varias veces; mi mamá tiene la película desde hace tiempo y la conocía antes de las audiciones.

Lucio (14): —La vi un par de veces. Me gustó porque trata de lo que hago y me sentí identificado.

Franco (15): —La vi a los ocho y otra vez a los catorce; me gustó mucho.

Bernie (10): —La vi a principios de año cuando me enteré de la audición. Me gustó, sobre todo por el mensaje que transmite.

Joaquín (12): —La vi unas tres veces. Me encantó y me quedó grabada por su mensaje.

—¿Qué rescatan del mensaje?

Mateo: —Que rompe estereotipos y que hay que luchar por lo que te gusta, sin importar lo que piensen los demás.

Lucio: —La película invita a no rendirse y a buscar tus propios sueños, sin dejarte llevar por la opinión ajena.

Franco: —Ser uno mismo, sin importar los juicios externos.

Bernie: —Que no hay que escuchar tanto a los demás y que hay que pelear por lo que uno quiere.

Joaquín: —Que hay que perseguir los sueños hasta el final, siempre respetando a los demás.

—¿A qué edad comenzaron en la danza?

Mateo: —Bailo desde muy pequeño; en mi pueblo, Magdalena, mi tía da clases de clásico y mi mamá enseña español, así que crecí rodeado de danza.

Lucio: —Empecé a los tres años porque quería imitar el ballet que veía en la tele. Ahora también estudio en la Escuela del Colón.

Franco: —Comencé a los cuatro o cinco años y desde entonces no paré.

Bernie: —Creo que empecé a los cinco con zumba kids y a los seis en un estudio de danza; siempre me gustó moverme al ritmo de la música.

Joaquín: —A los cuatro me empezó a gustar la danza y a los seis comencé clases de clásico y contemporáneo; también me interesa la interpretación.

—La película aborda prejuicios sobre el ballet masculino. ¿Cómo viven ustedes ese tema hoy? ¿Alguno sufrió bullying?

Mateo: —No he recibido comentarios negativos; puede que a otros no les interese la danza, pero a mí me gusta.

Lucio: —En mi anterior escuela sufrí bullying, pero con el tiempo dejé de darle importancia. Ahora, en una escuela de danza, ya no me ocurre.

Franco: —No tuve problemas, aunque sé que aún existen prejuicios, pero no en la misma magnitud que en la época de la película.

Bernie: —Una vez me cargaron en una colonia, pero no me afectó demasiado.

Joaquín: —A mí tampoco me ha pasado nada grave; como dice la película, no hay que darle tanta importancia a lo que digan los demás.

La producción detalla que el casting fue muy exigente porque el personaje exige una combinación rara de habilidades. Los criterios principales fueron:

– Dominio del ballet como base imprescindible.

– Nivel sólido de tap o capacidad de aprenderlo con rapidez.

– Canto con naturalidad y expresividad.

– Actuación que comunique vulnerabilidad y fortaleza.

– Acrobacia y habilidades físicas necesarias para el rol.

– Resistencia física y emocional por la exigencia del espectáculo.

– Personalidad escénica, ese rasgo difícil de enseñar pero esencial.

—¿Cómo llegaron al casting?

Mateo: —Me venía preparando desde antes; con la ayuda de mi tía y varios profesores hicimos el video y lo enviamos.

Lucio: —Mi mamá me propuso audicionar. Al principio dudé porque me dedico al clásico y no estaba seguro para un musical, pero finalmente envié el video y quedé.

Franco: —Me enteré por mi profesora de danza y probé suerte. No tenía mucha fe, pero mandé el video y me seleccionaron.

Bernie: —Vi el flyer y al principio no pensé en hacerlo, pero mi profesora me filmó y presentó el video; luego me avisaron que quedé.

Joaquín: —Me enteré por una amiga de mi mamá, mandé el video casi al final y también fui convocado.

—¿Cómo vivieron el día en que confirmaron que habían quedado?

Lucio: —Al principio no lo creía; me parecía una broma. Cuando me confirmaron, fue una sorpresa enorme y mucha alegría.

Franco: —Ese día estaba de viaje; me llamaron y no entendía hasta que me dijeron “Bienvenido a Billy Elliot”. Fue mucha emoción.

Bernie: —Quedé impactado, no lo podía creer; sentí una gran alegría.

Joaquín: —Fue pura felicidad. Llamé a mi familia y todos estaban muy emocionados y orgullosos.

Mateo: —Al principio no entendía bien lo que pasaba; de repente apareció mi familia para felicitarme y fue muy emocionante y también inquietante por la responsabilidad.

—¿Tienen referentes en la danza o en el espectáculo?

Mateo: —Me interesa mucho la comedia musical y valoro a artistas locales; he trabajado en producciones como Matilda y School of Rock.

Lucio: —Mi referente en ballet es Marianella Núñez, de la Royal Ballet; cuando viene al Colón trato de verla siempre.

Franco: —También admiro a Marianella Núñez y me inspira en mi formación en ballet.

Bernie: —Me gusta la música en general, no tengo un referente claro por ahora.

Joaquín: —Me interesa mucho la actuación y me gusta Diego Peretti en el plano actoral.

—¿Y respecto al fútbol, juegan o tienen club preferido?

Mateo: —Soy de Independiente por mi padre; jugué con familia y primos, pero lo dejé para dedicarme a la danza.

Lucio: —No soy muy aficionado al fútbol; mi familia es de River y por eso me consideran hincha, aunque no es algo esencial para mí.

Franco: —Jugaba de chico pero lo dejé por la danza; apoyo a River por influencia familiar.

Bernie: —No tengo preferencia por ningún club; antes me llevaban a la cancha, pero la danza me interesó más.

Joaquín: —Me divierte jugar con amigos; soy de Colón porque mi padre es de Santa Fe y así me criaron.

—¿Qué hacen fuera de la danza: música, videojuegos, otras aficiones?

Joaquín: —Escucho Imagine Dragons y también me gusta Shakira.

Bernie: —Me gusta todo tipo de música; no tengo un estilo preferido.

Franco: —Soy fan de Tini y sigo su música desde chico; también fui a sus conciertos.

Lucio: —Me inclino por el pop: Madonna, Lady Gaga y Ariana Grande son referentes para mí.

Mateo: —No tengo un género favorito; disfruto distintos estilos cuando suena la música.

—¿Compatibilizan la escuela con la danza?

Mateo: —Estudio en la Sagrada Familia de Magdalena y, por ahora, no me resulta difícil; voy por la mañana y entreno por la tarde.

Lucio: —Estudio en la Escuela Aida Mastrazzi; a veces tengo que organizarme para cumplir con las tareas, pero lo llevo bien.

Franco: —Me va aceptablemente; tengo asignaturas complejas, pero priorizo la danza.

Bernie: —Voy a la escuela Tercer Milenio y, aunque debo salir antes algunas veces, mantengo buenas calificaciones.

Joaquín: —Estudio en el Colegio Nuestra Señora del Calvario en Santa Fe y viajo semanalmente para los ensayos; cuento con permisos especiales y no me ha costado demasiado compaginar ambas actividades.

—¿Algo más que quieran agregar?

Bernie: —Como soy más chico, todavía necesito ropa de tamaño infantil (risas).

Mateo: —Creo que Billy es un personaje muy valioso; siento la responsabilidad de interpretar a alguien tan emblemático y me identifica su sencillez y perseverancia.

—Finalmente, ¿cuál es el sueño de cada uno?

Mateo: —Me gustaría trabajar en comedia musical y también aparecer en televisión.

Lucio: —Mi objetivo es poder vivir de la danza y ser bailarín profesional.

Franco: —Quiero formarme en el exterior, viajar y actuar en muchos ballets internacionales.

Joaquín: —Aspiro a ser actor, participar en películas y seguir creciendo en el teatro.

Bernie: —Quiero formarme como actor y bailarín y desarrollarme en ambas disciplinas.

Romay aclara que los cinco chicos seleccionados integran el elenco oficial y han completado el programa intensivo de la Fundación Julio Bocca. No están “a prueba”, pero, como en otras producciones infantiles profesionales, el elenco funciona con un sistema rotativo para cuidar su salud y garantizar funciones con intérpretes descansados y preparados.

Una escena emblemática de Billy Elliot muestra el examen de ingreso en Londres: cuando le preguntan qué siente al bailar, Billy responde que se olvida de todo, que siente un fuego interior y que se imagina volando, como un pájaro. Esa sensación de libertad y electricidad en el cuerpo es la que hoy viven Bernardo, Joaquín, Mateo, Lucio y Franco en su propio recorrido artístico.

Fotos: Jaime Olivos

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