15 de enero de 2026
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Reciclaje electrónico en Ghana esencial pese a riesgos

Miles de personas en Ghana dependen del reciclaje informal de residuos electrónicos para su subsistencia, una actividad que los expone a contaminación tóxica persistente y a riesgos graves para la salud.

En Agbogbloshie, en Accra, la quema y el procesamiento rudimentario de equipos electrónicos sostienen a comunidades enteras y suministran minerales clave a la economía circular global, según investigaciones de la Universidad de Michigan y la revista Urban Sustainability.

Sustento en la informalidad: migración, empleo y movilidad social

El reciclaje informal en Agbogbloshie y Old Fadama se ha convertido en una fuente de ingresos para miles de personas, en su mayoría migrantes internos provenientes del norte de Ghana, donde la pobreza y los conflictos limitan las oportunidades. La Universidad de Michigan estima que alrededor del 15 % de los residuos electrónicos globales llegan a Ghana y que la mayor parte se procesa fuera de los marcos regulatorios. En Agbogbloshie trabajan directamente cerca de 6.000 personas en el reciclaje, y aproximadamente 30.000 más dependen indirectamente de esta actividad en el área metropolitana de Accra.

Las entrevistas de campo indican que la mayoría de quienes trabajan allí son hombres jóvenes, aunque también participan mujeres y personas mayores. La falta de alternativas laborales y la posibilidad de enviar remesas a sus familias son factores decisivos. Un joven de 19 años comentó: “Puedo reunir metales y vendérselos a empresas más grandes. Así me alimento y envío dinero a mi familia”. Otro trabajador dijo: “Trabajamos duro y hacemos lo que podemos. No hay apoyo, nos tratan como si no importáramos. ¿Qué otra cosa podemos hacer?”.

Para muchas personas, la informalidad —aunque precaria— es la única vía de progresión socioeconómica. Al mismo tiempo, esta situación dificulta el acceso a protección social y el reconocimiento de su contribución a la economía nacional. “Nuestro negocio es importante para el país porque contribuye al crecimiento económico. El gobierno no reconoce nuestra contribución”, afirmó un trabajador entrevistado.

Contaminación y salud: el costo oculto del reciclaje informal

Las prácticas de reciclaje en Agbogbloshie incluyen la quema de plásticos y el uso de ácidos para extraer metales como cobre, aluminio y elementos de baterías de ion de litio. Estas operaciones liberan partículas finas (PM2.5) y otros contaminantes que se depositan en el aire, el suelo y la laguna cercana, creando un entorno tóxico para trabajadores y residentes. La Universidad de Michigan registró niveles de PM2.5 casi cinco veces superiores al máximo recomendado por la OMS, con picos durante las labores de quema.

La exposición prolongada a estas partículas eleva el riesgo de enfermedades cardiovasculares, respiratorias y daños neurológicos. Las mujeres, especialmente las embarazadas, son particularmente vulnerables, y la discriminación de género limita su participación plena en la actividad. Una joven vendedora de bebidas comentó: “Es difícil trabajar aquí. Enfrento muchos desafíos, como el acoso de algunos hombres y el olor en el aire. Me hace toser mucho; no sé si es asma o el aire”.

A pesar de los riesgos conocidos, la población de Agbogbloshie ha crecido en las últimas dos décadas por la necesidad económica. Un análisis geoespacial publicado en Urban Sustainability muestra una correlación entre mayor densidad poblacional y niveles más altos de contaminación atmosférica, lo que indica que muchas personas priorizan el sustento inmediato sobre la salud a largo plazo.

Minerales críticos y cadenas globales: el vínculo con la economía circular

Los metales recuperados en Agbogbloshie abastecen tanto a la economía local como a mercados internacionales. Intermediarios locales compran materiales y los exportan a países como Líbano, India y China, cubriendo la demanda de minerales esenciales para la transición energética y la descarbonización.

Este flujo plantea una paradoja: mientras la reutilización y el reciclaje se promueven como prácticas sostenibles, los costos sociales y ambientales recaen sobre comunidades del Sur global. La investigación subraya que la informalidad facilita que países desarrollados exporten sus residuos sin asumir responsabilidades, perpetuando desigualdades.

Gobernanza, informalidad y políticas públicas: desafíos persistentes

La gestión de residuos electrónicos en Ghana se caracteriza por la ausencia de una regulación eficaz y la prevalencia de la informalidad. Las autoridades locales, incluida la Accra Metropolitan Assembly, han recurrido ocasionalmente a demoliciones y desalojos masivos que han desplazado a miles sin consulta previa, lo cual agrava la vulnerabilidad y la desconfianza hacia las instituciones.

El estudio indica que la informalidad afecta la economía, la vivienda y la gobernanza. La falta de transparencia y trazabilidad en la cadena de suministro dificulta la implementación de políticas y la protección de derechos laborales y ambientales. Muchos trabajadores desconocen el destino final de los materiales y los intermediarios operan sin registros claros ni rendición de cuentas.

Las respuestas políticas han oscilado entre la represión y la inacción, sin abordar las causas estructurales. El proyecto de ley sobre gestión de residuos electrónicos en Ghana intenta prohibir la importación y exportación de desechos peligrosos, pero contiene vacíos que permiten la continuidad de prácticas nocivas y la criminalización de trabajadores informales.

Hacia un equilibrio entre sustento y protección

La Universidad de Michigan recomienda estrategias que reconozcan la centralidad de la informalidad y reduzcan sus efectos negativos. Entre las medidas propuestas figuran la provisión de herramientas más seguras para el desmantelamiento de cables, la creación de centros de procesamiento regulados y la implementación de sistemas de registro y certificación para los trabajadores informales.

La transparencia en las transacciones y la trazabilidad de los materiales reciclados son fundamentales para mejorar las condiciones laborales y ambientales. Se sugiere que organismos como la Environmental Protection Agency de Ghana trabajen con comunidades y ONG para aplicar estándares mínimos de seguridad y mecanismos de certificación.

El éxito de estas iniciativas dependerá de la capacidad de las políticas públicas para comprender la complejidad local y evitar intervenciones mal diseñadas que aumenten la vulnerabilidad de quienes dependen del reciclaje informal.

La experiencia de Agbogbloshie muestra que soluciones desconectadas de la realidad local pueden agravar desigualdades y riesgos. Encontrar un equilibrio entre el sustento económico y la protección social y ambiental sigue siendo un desafío central dentro de la economía circular global.

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