Irán inició este lunes ejercicios militares en el estratégico estrecho de Ormuz, en un gesto de presión regional que coincide con la proximidad de negociaciones nucleares con Estados Unidos.
Las maniobras, organizadas por la Guardia Revolucionaria, incluyen simulacros para bloquear la ruta marítima por la que transita cerca del 20% del petróleo mundial, además de la movilización de embarcaciones rápidas y sistemas de armamento avanzado.
Desde hace años, las autoridades iraníes han advertido sobre la posibilidad de cerrar el paso como respuesta a sanciones o presiones externas, una postura que los gobiernos occidentales consideran una fuente de inestabilidad para los mercados y la seguridad regional.
Según medios estatales, el ejercicio —denominado “Control inteligente del estrecho de Ormuz”— abarca también el golfo Pérsico y el mar de Omán, y está centrado en la capacidad de reacción rápida ante lo que las autoridades describen como conspiraciones contra la seguridad nacional.
La operación está supervisada por el comandante en jefe del cuerpo militar de élite, el general Mohamad Pakpur.
Para el liderazgo de Ali Khamenei, estas maniobras pretenden enviar un mensaje de fuerza a sus rivales: la posible interrupción del flujo energético global sigue siendo una carta de presión política y militar.
Irán ha reiterado en diversas ocasiones que consideraría el cierre de Ormuz si percibe una agresión directa o un endurecimiento significativo de las sanciones.
La realización de los ejercicios se produce al mismo tiempo que la llegada de una flota estadounidense al golfo Pérsico; el despliegue incluye el portaaviones USS Gerald R. Ford y buques de escolta, según fuentes oficiales de Estados Unidos.
El presidente Donald Trump afirmó que “si no hay acuerdo, lo necesitaremos” en referencia al portaviones, y dijo que Estados Unidos mantendrá una “fuerza muy grande” en la zona para disuadir cualquier intento de desestabilización.
El inicio de las maniobras también busca incidir en las negociaciones nucleares previstas en Ginebra, donde representantes iraníes y estadounidenses, con mediación de Omán, discutirán límites al enriquecimiento de uranio y el alivio de sanciones.
Las autoridades iraníes han dicho que el “enriquecimiento cero” y la restricción del programa de misiles balísticos no son opciones aceptables, dejando claro que no están dispuestas a renunciar a ciertas capacidades militares.
El primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, ha presionado a Estados Unidos para que exija la retirada del uranio enriquecido, el cese del apoyo iraní a milicias regionales y límites estrictos al alcance de los misiles iraníes.
El senador estadounidense Marco Rubio advirtió que negociar con Irán “no es fácil” y describió al país como gobernado por clérigos radicales que, según él, no responden a la lógica geopolítica convencional.
Las autoridades iraníes emplean estos ejercicios tanto como herramienta de propaganda interna como para intimidar y mantener su influencia en la región. Al mismo tiempo, los riesgos para el suministro energético mundial y la estabilidad regional aumentan, con la Guardia Revolucionaria dispuesta a considerar el cierre de Ormuz como medida política ante posibles retrocesos diplomáticos o militares.
El despliegue militar en Ormuz llega después de un conflicto de 12 días el pasado junio, que incluyó ataques a instalaciones en la región, y desde entonces la Guardia Revolucionaria ha subrayado que sus misiles y capacidad defensiva constituyen una línea roja.
Las maniobras navales y el mayor incremento de presencia militar extranjera en el golfo Pérsico mantienen alta la tensión en una de las áreas más sensibles para la economía mundial.
Teherán continúa utilizando el control sobre el estrecho de Ormuz como un elemento central de su política exterior y de seguridad, mientras avanzan las conversaciones diplomáticas con Estados Unidos en busca de un nuevo acuerdo nuclear.
(Con información de AFP y EFE)

