La presencia de microplásticos en los océanos puede sesgar de manera significativa las mediciones científicas del ciclo del carbono, un elemento clave para comprender y modelar el cambio climático. Un estudio de la Universidad Stony Brook, publicado el 13 de octubre de 2025 en PLOS One, alerta sobre un posible sesgo en décadas de datos oceanográficos porque los instrumentos habituales no distinguen entre carbono orgánico natural y carbono procedente de plásticos.
El grupo de la Escuela de Ciencias Marinas y Atmosféricas (SoMAS) de Stony Brook, liderado por Luis E. Medina Faull junto a Gordon T. Taylor y Steven R. Beaupré, mostró que los microplásticos presentes en muestras marinas pueden alterar las mediciones de carbono.
Según el estudio, si una muestra contiene microplásticos junto con materia orgánica natural, el carbono emitido por los plásticos durante los ensayos de combustión se registra como si fuera carbono orgánico natural. Esto puede llevar a conclusiones equivocadas sobre la cantidad, el origen y la antigüedad del carbono oceánico, afectando la precisión de los modelos climáticos.
El mecanismo detrás de la distorsión
Los microplásticos, definidos como partículas plásticas de hasta 5 mm, están presentes en todos los ambientes marinos y provienen tanto de la degradación de plásticos mayores como de productos industriales y cosméticos. En el océano, estas partículas se mezclan con la materia orgánica y pueden incorporarse a las muestras analizadas en laboratorios.
La investigación, en colaboración con el National Ocean Sciences Accelerator Mass Spectrometry (NOSAMS) y el Departamento de Geociencias de Stony Brook, usó experimentos controlados en los que fragmentos de polietileno y poliestireno se mezclaron con sedimentos marinos.
Los resultados indican que, en los análisis de combustión elemental, el carbono de los microplásticos y el de la materia orgánica natural se oxidan y se cuantifican conjuntamente. Los equipos no distinguen la procedencia del carbono, por lo que las cifras pueden resultar artificialmente elevadas.
Un hallazgo relevante es que una presencia de apenas 1% de microplásticos en masa en una muestra puede hacer que hasta el 40% de los átomos de carbono medidos procedan del plástico. Ese nivel de contaminación puede desplazar la edad radiocarbónica calculada de los sedimentos en miles de años y cambiar la proporción aparente entre fuentes de carbono terrestres y marinas.
Repercusiones en los modelos climáticos y la investigación internacional
Las implicaciones son significativas. Los autores alertan de que incluso una baja contaminación por microplásticos puede introducir errores importantes en estimaciones de inventarios de carbono, en relaciones estequiométricas elementales y en modelos del ciclo del carbono.
Por ejemplo, una muestra con 1% de microplásticos podría sobrestimar la edad radiocarbónica en alrededor de 4.000 años y aumentar la proporción aparente de carbono de origen terrestre del 20% al 60%.
Estos errores condicionan la datación y caracterización de la materia orgánica y distorsionan la comprensión de procesos biogeoquímicos como la productividad del fitoplancton, la descomposición de detritos y los flujos de carbono marinos.
Los modelos climáticos globales requieren datos confiables sobre el ciclo del carbono; por ello, la contaminación inadvertida por microplásticos constituye una fuente de incertidumbre que puede tener efectos en políticas públicas y medidas de mitigación.
El estudio también subraya que la contaminación puede originarse tanto en el ambiente natural como durante la manipulación en laboratorio, por ejemplo a partir de fibras textiles y partículas de equipos de muestreo y almacenamiento. Esta ubiquidad dificulta eliminar por completo los microplásticos de las muestras científicas.
Urgencia de nuevas metodologías y prácticas
Ante este desafío, los investigadores de Stony Brook y la publicación PLOS One llaman a la comunidad científica a revisar y actualizar los protocolos de recolección, procesamiento y análisis de muestras de materia orgánica ambiental. Recomiendan controles estrictos para evitar la contaminación por microplásticos y el desarrollo de técnicas que permitan distinguir entre carbono natural y carbono derivado de plásticos.
“Incluso bajos niveles de contaminación por microplásticos pueden llevar a errores no triviales en las estimaciones de inventarios de carbono, estequiometría elemental y modelos de ciclo del carbono”, advierten los autores. La previsión de un aumento considerable de residuos plásticos en los océanos hacia finales de siglo hace aún más urgente corregir este sesgo científico.
El estudio concluye que es imprescindible reconocer la presencia generalizada de microplásticos en los reservorios actuales de materia orgánica ambiental y replantear las mejores prácticas en el procesamiento de muestras destinadas al análisis de carbono. Solo con datos fiables se podrá sostener una comprensión robusta del cambio climático.


