Miles de personas en Ghana sobreviven gracias al reciclaje informal de residuos electrónicos, una actividad que las expone a contaminantes tóxicos persistentes y a riesgos severos para la salud.
En Agbogbloshie, en Accra, la quema y el tratamiento rudimentario de aparatos electrónicos sostienen a comunidades enteras y alimentan cadenas de valor globales al recuperar minerales necesarios para la transición energética, según estudios de la Universidad de Michigan y la revista Urban Sustainability.
Sustento en la informalidad: migración, empleo y movilidad social
El reciclaje informal en Agbogbloshie y Old Fadama se ha convertido en una fuente de ingresos para miles de personas, en su mayoría migrantes internos provenientes del norte de Ghana, donde la pobreza y los conflictos limitan las alternativas. La Universidad de Michigan estima que alrededor del 15% de los residuos electrónicos mundiales llegan a Ghana y que la mayor parte se procesa fuera de marcos regulatorios. En Agbogbloshie trabajan directamente cerca de 6.000 personas, y unas 30.000 dependen indirectamente de esta actividad en la zona metropolitana de Accra.
Las entrevistas en terreno muestran que predominan los hombres jóvenes, aunque también participan mujeres y personas mayores. La ausencia de otras oportunidades laborales y la posibilidad de enviar remesas a sus familias empujan a muchos a dedicarse a esta labor. Un joven de 19 años relató que recoge metales para venderlos a empresas más grandes y así poder alimentarse y apoyar a su familia. Otro trabajador expresó que, pese a las dificultades y la falta de apoyo, no ven otra opción viable donde vivir y trabajar.
Para muchos, la informalidad —aunque precaria— es la única vía de movilidad socioeconómica. Al mismo tiempo, esta condición dificulta el acceso a protección social y impide el reconocimiento formal de su contribución al desarrollo económico nacional; varios trabajadores sostienen que su actividad aporta al crecimiento del país pero no es reconocida por el gobierno.
Contaminación y salud: el costo oculto del reciclaje informal
El reciclaje en Agbogbloshie incluye la quema de plásticos y la aplicación de ácidos para extraer metales como cobre, aluminio y componentes de baterías de iones de litio. Estas prácticas generan partículas finas (PM2.5) y otros contaminantes que se depositan en el aire, el suelo y la laguna cercana, creando un entorno tóxico para trabajadores y residentes. La Universidad de Michigan registró niveles de PM2.5 casi cinco veces superiores al máximo recomendado por la Organización Mundial de la Salud, con picos durante las tareas de quema.
La exposición prolongada a estas partículas aumenta el riesgo de enfermedades cardiovasculares y respiratorias, así como de daños neurológicos. Las mujeres, especialmente las embarazadas, son particularmente vulnerables y sufren además discriminación de género que limita su participación y protección. Una vendedora joven describió que el humo y los malos olores le provocan tos constante y le preocupan posibles problemas respiratorios.
A pesar de los riesgos, la población de Agbogbloshie ha crecido en las últimas dos décadas por razones económicas. Un análisis geoespacial publicado en Urban Sustainability muestra una relación entre mayor densidad poblacional y niveles elevados de contaminación atmosférica, lo que indica que la necesidad de generar ingresos a corto plazo prevalece sobre las preocupaciones de salud a largo plazo.
Minerales críticos y cadenas globales: el vínculo con la economía circular
Los metales recuperados en Agbogbloshie alimentan no solo la economía local sino también mercados internacionales. Intermediarios compran los materiales y los venden a empresas en Líbano, India y China, satisfaciendo la demanda de minerales esenciales para tecnologías vinculadas a la descarbonización y la transición energética.
Esto plantea una paradoja: aunque la reutilización y el reciclaje se promueven como prácticas sostenibles, los costos humanos y ambientales recaen en comunidades del Sur global. El estudio subraya que la informalidad facilita que países desarrollados exporten residuos sin asumir responsabilidades, perpetuando desigualdades y externalizando impactos.
Gobernanza, informalidad y políticas públicas: desafíos persistentes
La gestión de residuos electrónicos en Ghana se caracteriza por la falta de regulación efectiva y la prevalencia de prácticas informales. Autoridades locales, incluida la Accra Metropolitan Assembly, han recurrido ocasionalmente a demoliciones y desalojos masivos que desplazan a miles sin consulta previa, lo que agrava la precariedad y aumenta la desconfianza hacia las instituciones.
La investigación señala que la informalidad impacta la economía, la vivienda y la gobernanza. La ausencia de transparencia y trazabilidad en la cadena de suministro dificulta la implementación de políticas y la protección de derechos laborales y ambientales. Muchos trabajadores desconocen el destino final de los materiales, y los intermediarios suelen operar sin registros claros ni mecanismos de rendición de cuentas.
Las políticas públicas han oscilado entre la represión y la inacción, sin abordar las causas estructurales. El proyecto de ley sobre gestión de residuos electrónicos en Ghana, aunque pretende restringir la importación y exportación de desechos peligrosos, contiene vacíos que permiten la continuidad de prácticas dañinas y la criminalización de los trabajadores informales.
Hacia un equilibrio entre sustento y protección
La Universidad de Michigan plantea la urgente necesidad de estrategias que reconozcan la centralidad de la informalidad y reduzcan sus efectos negativos. Entre las propuestas figuran la provisión de herramientas seguras para desmantelar cables, la creación de centros de procesamiento controlados y la implementación de sistemas de registro y certificación para trabajadores informales.
La transparencia en las transacciones y la trazabilidad de los materiales reciclados son elementos clave para mejorar las condiciones laborales y ambientales. Se sugiere que entidades como la Environmental Protection Agency de Ghana trabajen junto a las comunidades y organizaciones no gubernamentales para implementar estándares mínimos de seguridad y mecanismos de certificación.
El éxito de estas iniciativas dependerá de políticas públicas que comprendan la complejidad del contexto y eviten intervenciones desinformadas que puedan agravar la vulnerabilidad de quienes dependen del reciclaje informal.
La experiencia de Agbogbloshie demuestra que soluciones desconectadas de la realidad local pueden profundizar desigualdades y riesgos. Encontrar un equilibrio entre la necesidad de ingresos y la protección social y ambiental sigue siendo un desafío central dentro de la economía circular global.


