Mantener el cerebro en buen estado es una prioridad para quienes buscan conservar la calidad de vida al envejecer. Conservar rasgos propios de la juventud cerebral favorece la agudeza mental, la memoria y reduce el riesgo de enfermedades neurodegenerativas, además de estar relacionado con una mayor expectativa de vida. La edad cerebral, que puede diferir de la cronológica, condiciona la salud general y la capacidad para afrontar los desafíos físicos y cognitivos propios de la vejez.
El envejecimiento cerebral suele traducirse en pérdida de volumen cerebral, deterioro cognitivo y mayor riesgo de trastornos como el Alzheimer. Entre los factores que aceleran este proceso se encuentran la acumulación de grasa visceral, la pérdida de masa muscular y la presencia de enfermedades crónicas como la diabetes y la obesidad.
Varios estudios han relacionado la composición corporal —en particular una mayor masa muscular y una menor proporción de grasa— con una edad cerebral más joven, lo que sugiere que el estado físico refleja en buena medida la salud del cerebro.
La relación de la masa muscular con la juventud cerebral
Investigaciones recientes han explorado la asociación entre masa muscular y juventud cerebral. Un estudio con 1.164 personas sanas (edad promedio 55 años) empleó resonancias magnéticas de cuerpo completo para evaluar la composición corporal. Los hallazgos indican que una mayor masa muscular y una menor proporción de grasa visceral respecto al músculo se asocian con cerebros que aparentan ser más jóvenes que la edad cronológica.
El ensayo utilizó un algoritmo entrenado con resonancias de 5.500 adultos sanos para estimar la edad cerebral de los participantes. Aunque la diferencia promedio observada fue de 0,69 años —sin alcanzar significación estadística— la tendencia fue consistente: más masa muscular y menos grasa se vinculó con una edad cerebral más baja, mientras que la combinación inversa correspondió a cerebros con mayor envejecimiento.
Esta relación se observó específicamente con la grasa visceral —la grasa abdominal profunda— y no con la grasa subcutánea. La grasa visceral se asocia con un mayor riesgo de diabetes, resistencia a la insulina, alteraciones lipídicas y un estado inflamatorio sistémico que, con el tiempo, perjudica al cerebro. Ese mecanismo contribuye a explicar por qué la obesidad incrementa el riesgo de Alzheimer.
El índice de masa corporal (IMC), una medida tradicional, no recoge la composición corporal real porque no distingue entre tipos de tejido. Para evaluar mejor el perfil de riesgo, es preferible medir la circunferencia de la cintura y el índice cintura-cadera, ya que valores elevados se asocian a mayor riesgo de enfermedad cardiovascular y diabetes tipo 2. En adultos mayores, sobre todo con enfermedades crónicas, la masa muscular suele ser menor y el volumen cerebral tiende a reducirse.
Cerebros jóvenes y longevidad
Conservar un cerebro joven tiene implicaciones que van más allá de la función cognitiva. Investigadores han desarrollado un análisis de sangre capaz de estimar la “edad biológica” de once sistemas de órganos, incluido el cerebro, y de predecir la probabilidad de desarrollar enfermedades relacionadas. Este marcador permite evaluar el envejecimiento de un órgano y anticipar riesgos futuros para la salud.
Un estudio citado por la Universidad de Harvard analizó a más de 44.000 personas de entre 40 y 70 años durante hasta 17 años. Los resultados mostraron que la edad biológica del cerebro es un factor clave en la longevidad: un cerebro con edad biológica avanzada incrementa la probabilidad de mortalidad, mientras que uno más joven se asocia a una mayor esperanza de vida.
El equipo examinó cerca de 3.000 proteínas sanguíneas para identificar firmas proteicas específicas de distintas partes del cuerpo, lo que permitió constatar que los órganos envejecen a ritmos distintos y que ese envejecimiento influye significativamente en la expectativa de vida.
En conjunto, las personas con cerebros de menor edad biológica presentan menor riesgo de mortalidad por afecciones vinculadas a los sistemas evaluados, lo que subraya la importancia de preservar la salud cerebral mediante una composición corporal adecuada y hábitos de vida saludables.


