16 de febrero de 2026
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Mujer obligada a jubilarse a los 65 y 70 se consolida como líder social

La vida de Maggie Kuhn cambió en 1970 cuando, al ser obligada a jubilarse a los 65 años, decidió transformar esa experiencia en acción política y fundó el movimiento Gray Panthers.

La jubilación forzada, que entonces prevalecía en Estados Unidos, la alejó de un trabajo en el que había participado durante décadas. Para Kuhn, la pérdida no fue solo laboral, sino también de comunidad, autonomía y propósito.

Denunció la discriminación por edad —edadismo— y el estigma que asocia el envejecimiento con incapacidad y aislamiento. “Si no está preparado, la jubilación a los 65 años lo convierte en un ser inexistente”, llegó a afirmar para ilustrar el efecto deshumanizador de esa norma.

De esa experiencia surgió la convicción de que la vejez podía ser un terreno para impulsar cambios sociales. Inicialmente agrupó a personas en un colectivo llamado “Consulta de Adultos Mayores y Jóvenes para el Cambio Social”.

El nombre Gray Panthers, propuesto por el reverendo Reuben Gums y adoptado en 1972, transmitía energía y acción. Bajo ese rótulo la organización ganó visibilidad pública y se convirtió en una voz reconocida en la defensa de los derechos de las personas mayores.

El trabajo de Kuhn excedió la defensa exclusiva de los ancianos. Con el lema “Edad y Juventud en Acción”, los Gray Panthers promovieron una agenda amplia de justicia social que incluyó vivienda, seguridad social, equidad entre generaciones y causas internacionales relacionadas con la paz y la justicia económica.

Kuhn cuestionó la “teoría del desapego”, que pretende que la vejez implica retirada y aislamiento. Sostenía que “la vejez no es una enfermedad: es fortaleza y supervivencia, triunfo sobre toda clase de vicisitudes”, y criticó tanto a ciertos enfoques de la gerontología como a los estereotipos difundidos por los medios.

Firme defensora de la colaboración intergeneracional, abordó temas tabú como la sexualidad en la vejez y promovió modelos de vivienda comunitaria y compartida.

En su vida cotidiana practicó esas ideas: en Filadelfia compartió su casa con adultos jóvenes, a quienes llamaba su “familia de elección”. Participó en la creación del Shared Housing Resource Center y colaboró en festivales y publicaciones para cambiar la percepción pública sobre el envejecimiento.

Su estilo combinaba irreverencia, conciencia y valentía. Se definía como una “radical arrugada” y afirmaba: “Mi objetivo es hacer algo escandaloso cada día”. Animaba a actuar a pesar del temor: “Ponte delante de las personas a las que temes y diles lo que piensas, incluso si te tiembla la voz”. Consideraba que las personas mayores —y especialmente las mujeres— constituían una fuente de energía humana desaprovechada.

El movimiento impulsado por Kuhn logró efectos concretos, como contribuir a la eliminación de la jubilación obligatoria en Estados Unidos, y mantuvo una presencia sostenida en medios, programas de televisión y debates públicos.

Al superar los 70 años alcanzó mayor visibilidad: ofrecía centenares de conferencias anuales y fue reconocida como una de las líderes más influyentes del país. En 1995 ingresó en el National Women’s Hall of Fame.

Hasta el final de su vida defendió la idea de que las personas mayores, como “ancianos de la tribu”, deben proteger el interés público y aprovechó la libertad que la edad puede ofrecer. Su trayectoria convirtió la jubilación en un camino de compromiso social y resistencia duradera.

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