15 de enero de 2026
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Apagones récord en Ucrania tras bombardeos rusos

Las principales ciudades de Ucrania enfrentan cortes eléctricos prolongados, de hasta 16 horas diarias, provocados por ataques rusos dirigidos a la infraestructura energética.

Los apagones afectan la calefacción, el suministro de agua y otros servicios básicos, y las reparaciones avanzan con lentitud por la magnitud de los daños. Las autoridades alertan que la situación podría mantenerse durante gran parte del invierno.

En Leópolis, en el oeste del país, el zumbido de generadores portátiles se ha vuelto habitual y acompaña las actividades cotidianas; comercios y edificios dependen de ellos para operar mínimamente.

Irina, empleada de una librería que permanece abierta a pesar de la falta de alumbrado público, dice que el local funciona con baterías recargables que se agotan con rapidez.

“Las usamos hasta que se descargan, pero intentamos seguir atendiendo”, cuenta, mientras clientes recorren los pasillos con lámparas portátiles.

Las gruesas paredes del edificio, construido a finales del siglo XIX, conservan algo de calor, un recurso escaso cuando las temperaturas exteriores rondan el punto de congelación.

En su vivienda la situación es más complicada: los servicios esenciales dependen de la red eléctrica y los cortes dificultan el acceso al agua y la calefacción. Aun así, muchos residentes muestran una actitud de resistencia ante una situación recurrente.

Cerca de la Iglesia de la Guarnición, voluntarios de la organización Cocina Voluntaria de Leópolis instalaron un puesto improvisado para recaudar fondos con los que preparar alimentos destinados a soldados en el frente.

Oksana Maziar, una de las coordinadoras, afirma que la población intenta ajustarse a los horarios de cortes que publica el operador local.

“Lo hacemos para mantener la cocina en funcionamiento. No podemos permitirnos usar generadores”, explica mientras ofrece productos caseros a los transeúntes. El grupo depende de donaciones para sostener sus operaciones, que cobran mayor importancia ante la precariedad de las comunicaciones y el suministro.

La incertidumbre también afecta a quienes trabajan a distancia.

Zoreslava Taraj, profesora de inglés, revisa cada día el cronograma de apagones para adaptar sus clases virtuales.

“Al menos sé en qué momento tendré electricidad, aunque sea por poco tiempo”, indica. Sus vecinos almacenan leña en el patio para afrontar las horas sin calefacción, y ella organiza sus actividades según los breves periodos de energía disponible.

Las autoridades energéticas ucranianas reconocen que la red opera con severas limitaciones. Vitali Zaichenko, responsable del operador nacional Ukrenergo, señaló que los daños acumulados —producto de ocho ataques masivos desde comienzos del año— exigen reparaciones prolongadas.

“Pedimos a la población reducir el consumo todo lo posible”, declaró al describir la presión que sufre el sistema.

Expertos locales consideran que la ofensiva rusa persigue un objetivo estratégico: fragmentar el sistema energético a lo largo del río Dniéper.

Volodimir Omelchenko, del Centro Razumkov, explica que gran parte de la capacidad de generación se concentra en el oeste del país.

Los ataques del fin de semana pasado dañaron instalaciones en el este y líneas de transmisión que conectan con los nueve reactores nucleares ubicados en la zona occidental, lo que generó un déficit estimado en cinco gigavatios.

“Si los ataques continúan cada pocos días, los cortes seguirán durante todo el invierno”, advirtieron expertos.

Los analistas estiman que la respuesta de Ucrania debe incluir el refuerzo de la defensa antiaérea, mayor protección de instalaciones críticas y la expansión de proyectos de generación distribuida.

Además recomiendan que las autoridades informen con claridad a la población para facilitar la preparación ante apagones más prolongados.

Mientras las cuadrillas trabajan de forma continua para restablecer el servicio, los residentes de ciudades como Leópolis ajustan su rutina: los generadores, las baterías portátiles y una planificación estricta se han vuelto parte de la vida diaria en un país que afronta un invierno especialmente duro desde el inicio de la invasión.

(Con información de EFE)

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