15 de enero de 2026
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Cirujana del Ejército Argentino reconocida en Estados Unidos por su superación

“Él solo vale más que muchos combatientes; sabe sacar los dardos de las heridas y calmar con bálsamos suaves los sombríos dolores”, escribe Homero en La Ilíada sobre Machaón, un médico guerrero que, herido, es retirado del frente para ser protegido. Esa referencia resume la estima que los griegos atribuían al personal de sanidad en la epopeya. En otras palabras, desde tiempos remotos los profesionales de la salud han sido aliados esenciales de las fuerzas, tanto en guerra como en paz.

Esta es la historia de la doctora Tamara Almada, una integrante de la sanidad militar que ha dedicado su vida a la medicina y la ejerce con pasión desde el Ejército Argentino. No hace falta ser especialista para reconocer a quienes profesan su trabajo con dedicación y compromiso.

Tamara transita con seguridad los pasillos del Hospital Militar 601 “Cirujano Mayor Dr. Cosme Argerich”, en Palermo, al que define como “su casa”. Pacientes y colegas se le acercan con afecto; ella escucha, consuela y acompaña en la recuperación. En los momentos previos a una operación, cuando predominan la incertidumbre y la vulnerabilidad, profesionales como Tamara aportan calma y esperanza, tanto como su capacidad técnica.

Además, Almada es reconocida a nivel internacional: en pocos meses recibió uno de los mayores galardones del American College of Surgeons en Estados Unidos y ganó un premio en Uruguay. Su trayectoria combina excelencia profesional y una dimensión humana destacada.

“El Hospital Militar es el amor de mi vida y mi casa”

La capitán Tamara Almada es médica cirujana, egresada de la Universidad de Buenos Aires (UBA), y lleva más de 20 años trabajando en el Hospital Militar Central 601 “Cirujano Mayor Dr. Cosme Argerich” en Palermo. Allí opera, atiende en consultorio y también se desempeña como docente. Aunque trabaja además en otros ámbitos, reconoce una atracción especial por este nosocomio: eligió esa sede en la Facultad para la unidad hospitalaria y, al terminar esa etapa, se sintió profundamente conectada con el lugar. Entró luego en la residencia; sin antecedentes familiares en las fuerzas, debió entrenar para aprobar la exigencia física, rendir y ser seleccionada.

Almada explica que su elección profesional la obliga a actualizarse constantemente, y que ese esfuerzo tuvo resultados. Tras la residencia fue jefa de residentes y luego médica de planta. Agradece a jefes y mentores que la guiaron y la motivaron, y menciona que recientemente cumplió 42 años.

Una infancia atravesada por el llamado de la vocación: “No tenía muchas posibilidades de bancar la carrera”

Al relatar por qué eligió ser médica y militar, Almada remonta a la infancia. A los cinco o seis años acompañó a su hermano, que tiene una discapacidad, tras una caída que le provocó una herida en el rostro. Ella lo asistió sin miedo, lo llevó al hospital y presenció la sutura; esa experiencia, dice, marcó su primer auxilio y su inclinación por servir. Creció en una familia trabajadora; su madre, maestra, se ocupó de la economía y la crianza cuando el padre estuvo ausente. La situación económica complicó los estudios: en la facultad no tenía recursos, pero recibió ayuda de docentes y ganó una beca en el CBC que le permitió acceder a material y alimentos. Pasaba largas horas en la biblioteca porque estudiar la apasionaba.

Al conocer el Hospital Militar, se identificó con sus valores, su énfasis en la educación y el ambiente de “gran familia”. Dice haber encontrado un lugar donde ejercer con libertad y formación constante.

Su hermano, a quien considera fundamental, la visita con frecuencia y es querido por el equipo del hospital.

Del Hospital Militar al American College of Surgeons

En octubre, Tamara viajó a Estados Unidos para participar en un congreso del American College of Surgeons y presentar un trabajo. Es miembro de esa institución desde 2017; reúne a unos 90.000 cirujanos y organiza un congreso anual con múltiples salas simultáneas. Con los años Almada empezó a presentar casos clínicos, técnicas y propuestas docentes. Este fue el primer año en que obtuvo un premio: de 270 trabajos recibidos, se seleccionaron 21 y la etapa final fue una defensa en vivo ante un jurado. Ella expuso desde media mañana y defendió su trabajo hasta la tarde.

El caso presentado en Estados Unidos: 100 % hito argentino

Su presentación trató sobre cine médico histórico. Mostró la primera cirugía filmada en 1899, de origen argentino: una filmación del doctor Alejandro Posadas operando, con la participación de un alumno suyo que más tarde fue jefe del Servicio de Cirugía del Hospital Militar en 1910, el doctor Roccatagliata. En aquella época los anestesistas aplicaban cloroformo con una máscara y las intervenciones se realizaban al aire libre en el patio del Hospital de Clínicas para aprovechar la luz solar.

Posadas es considerado un pionero de la cirugía torácica por sus técnicas para operar el pulmón sin perforarlo. Las películas que presentó Almada se habían perdido y fueron recuperadas al mover la sede del Hospital de Clínicas; la Escuela de Cinematografía de Bélgica certificó que la filmación de Posadas, realizada por Eugenio Py, es la primera cirugía registrada en cámara. Almada destaca el orgullo de llevar ese material y de poner en valor un hito argentino; ocho horas después de defender su trabajo en inglés obtuvo el segundo puesto.

En Uruguay, el primer puesto

Recientemente, en un congreso de cirugía en Uruguay, Almada ganó el primer lugar con un trabajo sobre innovación y la brecha tecnológica en cirugía robótica. Señala que hay más de 20.000 robots en el mundo, pero apenas ocho en Argentina: solo el 0,26 % de los centros quirúrgicos cuentan con esa tecnología, lo que genera una brecha importante. En el Hospital Militar aplicaron alternativas como fluorescencia, laparoscopía 3D y un instrumental que emula funciones robóticas para potenciar la laparoscopía. Reclutaron a 340 pacientes con distintas patologías y trabajaron en equipo con otras especialidades; aunque ella presentó el estudio, detrás hubo residentes, médicos de planta y otros servicios que colaboraron. Por estos logros también fue reconocida por la Sanidad Militar y recibió un premio de la Comisión de Sanidad “San Lucas”.

Además de médica, militar

La tarea de Almada no se limita al horario laboral: los fines de semana y las fiestas puede estar de guardia. Ella acepta esa responsabilidad y procura equilibrar el trabajo con la vida familiar, dedicando parte del fin de semana a su marido y a su perro. Aconseja a los jóvenes que consideran la medicina pese a las limitaciones salariales: reconoce que no es una profesión para hacerse millonario, pero destaca la satisfacción de ejercer lo que uno ama y el reconocimiento afectuoso de los pacientes a lo largo del tiempo.

Almada también comparte experiencias profesionales con veteranos de Malvinas vinculados a la sanidad del Ejército y participa de jornadas donde exponen médicos y suboficiales que relatan su historia con humildad.

Finalmente, alienta a quienes piensan hacer la residencia en el Hospital Militar: describe un ambiente de compañerismo, amistades que nacen en el Colegio Militar y la presencia de referentes en todas las especialidades. Para ella, es un centro de formación modelo que ofrece un aprendizaje valioso y muchas satisfacciones.

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