15 de enero de 2026
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Exilio de Bashar Al-Assad en barrio de lujo de Moscú

El derrocamiento de Bashar al-Assad tras catorce años de guerra en Siria —conflicto que dejó alrededor de 620.000 muertos y cerca de 14 millones de desplazados— puso fin a la última dictadura baazista en Oriente Medio y dio paso al exilio de la familia Assad en Moscú y en los Emiratos Árabes Unidos, según una investigación de The Guardian. Mientras Bashar permanece alejado de la vida pública y bajo vigilancia rusa, su familia vive con comodidades y cierto anonimato, aunque sin el acceso a los círculos de poder que antes tenían.

Assad reside actualmente en Rublyovka, un barrio exclusivo de la élite moscovita donde también vivió el expresidente ucraniano Viktor Yanukovych, según dos fuentes citadas por The Guardian. Allí la familia mantiene una existencia discreta, distante de la influencia política que ejerció en Siria.

Un amigo cercano de la familia describió su vida en Moscú como muy tranquila y con muy poco contacto con el exterior, limitado a un reducido círculo de conocidos que trabajaban en su palacio, como Mansour Azzam y Yassar Ibrahim.

Formado como oftalmólogo en Londres, Bashar al-Assad ha retomado estudios médicos en Moscú; según allegados estudia ruso y repasa oftalmología, actividad que se presenta más como una pasión que como una necesidad económica, y que podría abrirle un posible vínculo con la clientela adinerada de la ciudad.

La caída del régimen se aceleró el 8 de diciembre de 2024, cuando Assad y sus hijos abandonaron Damasco de madrugada escoltados por militares rusos hasta la base aérea de Khmeimim, desde donde partieron hacia Rusia. No avisó a familiares ni a aliados más cercanos sobre la inminente salida.

El abogado de Rifaat al-Assad, Elie Hatem, relató que varios miembros de la familia tuvieron que dormir en sus coches frente a la base aérea hasta que un alto funcionario ruso facilitó su salida hacia Omán.

Meses después, la familia se reunió en Moscú para acompañar a Asma al-Assad, nacida en el Reino Unido, quien recibió tratamiento experimental por una fase crítica de leucemia bajo la supervisión de los servicios de seguridad rusos. Fuentes cercanas confirmaron que Asma logró recuperarse tras la terapia.

A pesar de su patrimonio, parte del cual fue transferido a Moscú tras las sanciones occidentales de 2011, los Assad están marginados tanto de la élite siria como de la rusa. Un allegado al Kremlin dijo que Bashar es visto como “irrelevante” para Vladimir Putin, que suele mostrar poca paciencia hacia líderes que pierden el control del poder.

Las restricciones impuestas por Rusia son estrictas: el embajador ruso en Irak, Elbrus Kutrashev, señaló en entrevistas que Assad puede residir en Rusia, pero tiene prohibido participar en actividades políticas o mediáticas, por lo que permanece seguro pero sin presencia pública.

Los hijos de Assad se han ido adaptando a la vida en Moscú. Zein, de veintidós años, se graduó en relaciones internacionales en la universidad MGIMO, frecuentada por gran parte de la élite rusa; en la ceremonia la familia estuvo presente de forma discreta y no permaneció mucho tiempo ni posó en el escenario.

Hafez, de veinticuatro años y quien en su momento fue preparado como posible sucesor, prácticamente desapareció de la vida pública tras publicar en febrero un video en Telegram donde negó haber abandonado a sus aliados y atribuyó la salida familiar a órdenes de Moscú. Ese video fue identificado por usuarios sirios como grabado en las calles de Moscú; desde entonces Hafez ha cerrado la mayoría de sus redes sociales y utiliza seudónimos.

La familia, en particular Asma y sus hijos, ocupa gran parte de su tiempo en compras y actividades exclusivas en Moscú: Zein frecuenta tiendas de lujo, un salón de pedicura y un gimnasio elitista, según filtraciones. Además, los hijos viajan con frecuencia a los Emiratos Árabes Unidos; registros de vuelos revisados por The Guardian muestran numerosos desplazamientos entre Abu Dabi, Moscú y Siria entre 2017 y 2023, incluidos vuelos en noviembre de 2022 y septiembre de 2023.

En un principio la familia aspiraba a fijar su residencia de manera permanente en los Emiratos Árabes Unidos, un entorno más familiar para ellos, pero la reticencia de las autoridades locales para acoger a Bashar pospuso ese plan de forma indefinida.

La imagen pública de Bashar al-Assad también cambió tras la caída del régimen: rebeldes difundieron fotografías privadas halladas en sus residencias, que muestran a un joven Bashar en situaciones informales, en contraste con la figura autoritaria que proyectó durante años. Analistas y antiguos negociadores señalaron que fue la caída del poder lo que permitió que esas imágenes se hicieran públicas, y estiman que la familia seguirá siendo reservada en el futuro.

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