15 de enero de 2026
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TDAH en adultos: retos y claves para el bienestar

Durante mucho tiempo se creyó que el trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH) afectaba únicamente a niños. Estudios recientes han demostrado que sus síntomas pueden persistir y transformarse en la vida adulta, por lo que ya no se considera una condición exclusiva de la infancia.

Según datos citados por National Geographic, millones de adultos conviven hoy con TDAH y afrontan dificultades que a menudo son sutiles o se confunden con otros problemas de salud mental.

La idea de que el TDAH desaparece con la madurez ha quedado obsoleta. En Estados Unidos se calcula que 15,5 millones de adultos tienen TDAH, frente a unos 7 millones de niños diagnosticados. Aproximadamente la mitad de esos adultos recibió el diagnóstico en la edad adulta, lo que refleja tanto una mayor sensibilización como obstáculos históricos para reconocer el trastorno fuera de la infancia.

Los especialistas consultados por National Geographic señalan que los síntomas son variables, pero que el TDAH sigue afectando la vida diaria incluso cuando algunas manifestaciones llegan a ocultarse.

Dificultades diagnósticas y factores de agravamiento

El diagnóstico de TDAH en adultos presenta desafíos particulares. Mientras que en la infancia los signos suelen ser más visibles —por ejemplo, dificultad para permanecer quieto o tendencia a interrumpir—, en la adultez esas conductas pueden manifestarse de manera diferente, como impaciencia en situaciones cotidianas (por ejemplo, al esperar en una fila).

Jill RachBeisel, profesora de psicología en la Universidad de Maryland, indica que los adultos con TDAH tienden a interrumpir conversaciones o mostrar inquietud en contextos sociales y laborales. La intensidad de los síntomas varía ampliamente, desde casos leves hasta presentaciones más marcadas.

Craig Surman, psiquiatra del Hospital General de Massachusetts, apunta que la impulsividad y la hiperactividad suelen disminuir con la edad, mientras que los problemas de atención tienden a persistir.

Ese cambio en la expresión de los síntomas complica la detección en adultos, ya que muchas personas desarrollan estrategias para enmascarar sus dificultades, lo que puede retrasar tanto el diagnóstico como el acceso a un tratamiento adecuado.

El TDAH es un trastorno del neurodesarrollo con una base genética, aunque factores ambientales y tecnológicos también pueden influir en su aparición o empeoramiento. Para investigadores como John Ratey, de la Facultad de Medicina de Harvard, es razonable considerar la posibilidad de un déficit de atención adquirido en contextos de sobreexposición tecnológica.

La cultura digital, caracterizada por la multitarea y la estimulación constante, puede agravar los síntomas en personas con TDAH y generar problemas de atención incluso en quienes no tienen el trastorno de base. Lidia Zylowska, psiquiatra de la Universidad de Minnesota, advierte que la conexión permanente a dispositivos móviles puede intensificar un TDAH preexistente o inducir mayor distracción en personas sin antecedentes.

Otros factores, como los cambios hormonales asociados a la menstruación o la menopausia, pueden desencadenar o intensificar síntomas en mujeres adultas. Ratey subraya que las mujeres suelen estar infradiagnosticadas, ya que con frecuencia reciben tratamientos para ansiedad o depresión sin que se identifique la causa real de sus dificultades.

Además, el TDAH suele coexistir con otros problemas de salud, como insomnio, trastornos tiroideos o cambios cognitivos atribuibles a la edad, lo que complica el diagnóstico diferencial y contribuye al subregistro.

Diagnóstico, abordaje y potencial de las personas con TDAH

El subdiagnóstico en adultos, y en particular en mujeres, se explica en parte por la superposición de síntomas con otras condiciones y por la tendencia a atribuir las dificultades de atención al estrés o a la falta de sueño.

Zylowska señala que el TDAH rara vez aparece de forma aislada en adultos y que sus síntomas pueden confundirse con ansiedad, depresión o apnea del sueño. Las dinámicas familiares en la infancia pueden enmascarar las señales, que se hacen más evidentes cuando aparecen responsabilidades adultas y desaparece el apoyo previo.

El diagnóstico en adultos requiere revisar la historia personal, buscar indicios de síntomas desde la infancia y consultar fuentes como diarios, informes escolares o testimonios familiares. RachBeisel explica que muchas personas descubren que sus dificultades estuvieron presentes desde siempre, aunque no se hayan detectado antes. La ausencia de reconocimiento temprano puede obligar a quienes tienen TDAH a esforzarse mucho más que sus pares para alcanzar objetivos similares, afectando su autoestima y bienestar.

A pesar de las dificultades, el TDAH es tratable. RachBeisel afirma que existen opciones terapéuticas diversas, que van desde medicación hasta intervenciones psicológicas como la terapia cognitivo-conductual.

Mark Stein, psicólogo del Hospital Infantil de Seattle, recomienda una evaluación profesional detallada para determinar el enfoque más adecuado. Un tratamiento correcto puede mejorar sustancialmente la calidad de vida y facilitar que los adultos con TDAH desarrollen sus capacidades y afronten las tareas diarias con mayor eficacia.

Además de los retos, el TDAH puede asociarse a cualidades como creatividad, entusiasmo, curiosidad y la capacidad de concentrarse intensamente en proyectos estimulantes. Identificar y potenciar estas fortalezas, junto con un entorno favorable, permite que las personas con TDAH alcancen su potencial y aporten de manera significativa en distintos ámbitos.

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