15 de enero de 2026
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EE. UU. insta a Camboya y Tailandia a respetar el alto el fuego tras combates fronterizos

El secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, llamó este jueves al primer ministro de Camboya, Hun Manet, para instar a un alto el fuego ante un nuevo ciclo de enfrentamientos armados, pese a la vigencia formal de un acuerdo de paz firmado hace dos meses.

Según un comunicado del Departamento de Estado, Rubio manifestó su “preocupación por la violencia en curso entre Camboya y Tailandia”, resaltó el deseo de paz del presidente Donald Trump y subrayó la necesidad de “implementar plenamente los Acuerdos de Paz de Kuala Lumpur”, suscritos en octubre tras una mediación con participación estadounidense.

El jefe de la diplomacia estadounidense reafirmó que su país está dispuesto a facilitar conversaciones entre Phnom Penh y Bangkok para garantizar la estabilidad en una de las fronteras más sensibles del Sudeste Asiático, una región clave para las cadenas de suministro y la seguridad regional.

Las gestiones de Estados Unidos coinciden con el inicio, este miércoles, de una nueva ronda de negociaciones bilaterales entre Tailandia y Camboya, previstas para cuatro días, con el objetivo de detener los choques militares registrados desde el 7 de diciembre a lo largo de la línea fronteriza común.

De acuerdo con balances oficiales y fuentes regionales citadas por agencias internacionales, los enfrentamientos de las últimas semanas han dejado al menos 86 muertos, entre soldados y civiles, y han provocado el desplazamiento temporal de miles de personas en comunidades rurales cercanas a la frontera.

El conflicto tiene raíces históricas profundas. Ambos países disputan la soberanía de varios tramos fronterizos que fueron definidos originalmente por la cartografía colonial francesa de 1907, cuando Camboya formaba parte de la Indochina francesa; esos mapas siguen siendo objeto de interpretaciones divergentes más de un siglo después.

Las tensiones se concentran en distintos puntos de los aproximadamente 820 kilómetros de frontera común, donde en el pasado ya se han producido escaramuzas armadas, especialmente en zonas próximas a templos y enclaves estratégicos con valor histórico y simbólico.

En julio pasado, tras varios días de intensos combates que dejaron cerca de medio centenar de muertos, Trump intervino personalmente como mediador. Según el propio mandatario, ambos gobiernos aceptaron frenar las hostilidades después de que Washington amenazara con represalias comerciales si continuaba la escalada.

Ese proceso culminó en octubre con la firma de los Acuerdos de Paz de Kuala Lumpur, en un acto celebrado en la capital malasia y con compromisos explícitos de desescalada militar, verificación y diálogo político permanente.

No obstante, a comienzos de diciembre los combates se reanudaron, lo que evidenció la fragilidad del acuerdo y la falta de mecanismos efectivos de supervisión sobre el terreno, un aspecto que ahora Washington busca reforzar mediante una mediación más activa.

Para Estados Unidos, el conflicto no solo plantea una dimensión humanitaria sino también estratégica: una escalada prolongada en la frontera entre Camboya y Tailandia podría desestabilizar el Sudeste Asiático continental y afectar intereses comerciales y de seguridad en una región marcada por la rivalidad entre Washington y Pekín.

(Con información de EFE y Europa Press)

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