15 de enero de 2026
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Emotiva carta de la madre del niño asesinado en Lomas

La madre junto a Joaquín.

Desde el 5 de agosto la vida de Natalia cambió drásticamente. En una carta que hizo pública, relató que nunca imaginó que su entonces marido, Alejandro Ruffo, pudiera estar involucrado en el crimen que dejó sin vida a su hijo Joaquín. El niño tenía 8 años cuando fue asesinado, y desde ese momento Natalia sostiene que su propósito principal es que se haga justicia por lo ocurrido.

En el texto la madre rememora su vínculo con Joaquín y la cotidianeidad que quedó truncada: los recuerdos simples y las rutinas compartidas adquirieron otro valor después de la pérdida. La carta funciona como un testimonio íntimo en el que combina el dolor personal con la exigencia pública de que se esclarezcan los hechos. Su narrativa alterna la memoria de lo vivido con reflexiones sobre el presente y el futuro inmediato, marcado por la búsqueda de verdad y responsabilidad.

Hacia el final de la carta, Natalia incluye un pasaje emotivo en forma de diálogo simbólico con su hijo, en el que expresa un deseo para la próxima Navidad: “Pedí un deseo: que mi mamá vuelva a sonreír”. Esa frase sintetiza la ambivalencia de su situación: la aspiración a recuperar algún atisbo de normalidad frente a un dolor que persiste. También se plantea de forma directa su identidad actual: “¿Quién soy hoy? Una mamá sumida en un gran dolor”, frase que subraya cómo la pérdida la configura ahora como protagonista de una historia marcada por el luto.

Además de describir su propio sufrimiento, Natalia plantea la transformación de ese dolor en algo con propósito social. Señala que ha intentado convertir cada herida en un relato que pueda servir a otros: “Convertí cada herida en una historia para contar, que ayude a otros”. Este giro sitúa su experiencia en un plano testimonial: no sólo busca justicia para su hijo, sino también que su vivencia contribuya a generar conciencia, alertar sobre la gravedad de la violencia y apoyar a quienes pueden estar atravesando situaciones semejantes.

La carta concluye con una despedida breve y cargada de afecto: “Te amo, mamá”. Con esas palabras cierra su mensaje, que combina la intimidad del duelo con la firme decisión de exigir respuestas y de dar voz a un sufrimiento que, según ella, debe servir para algo más que el recuerdo privado. En suma, el texto refleja una madre que, frente a una pérdida irreparable, reclama justicia y transforma su dolor en testimonio público.

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