15 de enero de 2026
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Louisa Dunne: asesinato sin resolver por 58 años

El asesinato de Louisa Dunne en junio de 1967, en el barrio de Easton de Bristol, permaneció sin resolver durante décadas y llegó a ser considerado uno de los casos sin respuesta más antiguos del Reino Unido. Un avance en las técnicas de análisis de ADN permitió identificar y condenar al presunto responsable, un hito para la investigación forense y la historia criminal británica.

Dunne, de 75 años, era madre de dos hijas y abuela. Había enviudado en dos ocasiones y vivía con un círculo social reducido, principalmente en su barrio. Aquella noche fue violada y asesinada en su domicilio. La policía llegó a tomar 19.000 huellas de palma en unas 8.000 viviendas de la zona sin obtener resultados; la única huella localizada en una ventana no ofreció coincidencias. Sin testigos ni avances técnicos suficientes, el caso quedó archivado. El suceso tuvo un fuerte impacto en su familia y puso de manifiesto el aislamiento que sufrían muchas mujeres mayores en la sociedad británica de los años 60, en un contexto donde el estigma dificultaba la denuncia de agresiones sexuales.

¿Quién era Louisa Dunne y cómo marcó su entorno?

En Easton, Dunne era conocida por su vinculación con la actividad política local: su primer marido, Edwin Parker, fue concejal y sindicalista, y su hogar funcionó como punto de encuentro para la militancia. En los últimos años de su vida, tras volver a enviudar, vivía sola. Aunque estaba distanciada de sus hijas, mantenía amistades en el barrio y era una presencia habitual en la puerta de su casa en Britannia Road.

Su vida estuvo marcada por la adversidad y la separación familiar. Vecinos la describieron como una mujer amable, aunque también señalaron problemas con el alcohol y episodios de conflicto doméstico, asuntos que en aquella época rara vez se discutían en público. Al morir, medía alrededor de 1,6 metros y pesaba menos de 44 kilos. Quienes la conocieron la recuerdan como una figura relevante en la comunidad de Easton en los años sesenta.

El crimen dejó secuelas emocionales profundas en su familia. Su nieta, Mary Dainton, hoy con 78 años, narró que solo la vio una vez en su adolescencia y que el asesinato fracturó la dinámica familiar: la educación recibida les impedía hablar sobre el dolor y plantear preguntas incómodas. Con el reabrirse del caso años después, Dainton recuperó el vínculo emocional con la memoria de su abuela y ha expresado cómo ese episodio ha marcado su vida.

La resolución del caso tras 58 años

La investigación se reactivó en 2023 cuando Jo Smith, agente del equipo de revisión de delitos graves de la policía de Avon y Somerset, localizó una caja con pruebas que no habían sido sometidas a técnicas forenses modernas. La evidencia, con etiquetas antiguas y sin códigos de barras, permitió retomar la pesquisa. Bajo la coordinación del inspector Dave Marchant, el equipo organizó y preparó el material para su análisis técnico.

Smith declaró a The Guardian que, al ver que las pruebas databan de 1967, comprendió que solo el examen forense moderno podría ofrecer respuestas y por ello revisó los archivos con el material conservado. Su labor y la del equipo fueron reconocidas con un premio al Equipo de Investigación del Año.

Tras meses de análisis, en 2024 los forenses obtuvieron un perfil genético completo a partir de la falda de la víctima. La comparación en una base de datos de ADN identificó a Ryland Headley, un hombre que entonces era nonagenario y residía en Ipswich. Headley contaba con antecedentes: en 1977 fue condenado por la violación de dos mujeres mayores en sus domicilios y había vivido en Bristol en la época del crimen de Dunne.

El proceso judicial concluyó en junio de 2024 con la condena de Headley a cadena perpetua; debido a su edad, permanecerá en prisión hasta su fallecimiento. Para la familia de Louisa Dunne, la sentencia representó una forma de justicia largamente esperada. Su nieta, Mary Dainton, expresó que finalmente empieza a cobrar sentido aquello que entonces no pudo procesarse.

El desenlace del caso subraya la importancia de conservar las pruebas, la persistencia de las investigaciones y el papel que la ciencia forense puede desempeñar al resolver crímenes antiguos. El equipo liderado por Smith y Marchant demostró que incluso los detalles preservados durante décadas pueden ser decisivos para cerrar casos históricos, y que la búsqueda de respuestas mantiene su valor sin importar el tiempo transcurrido.

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