15 de enero de 2026
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Perra que escapó tras explosión en Ezeiza adoptada en Monte Grande

“Cuando nos dimos cuenta de que la familia no iba a aparecer, buscamos una adopción”, contó a El Diario Sur Sergio Moragues, director de El Campito Refugio.

El Campito Refugio, la organización que resguardó a Rosaura desde el primer momento, informó que durante varias semanas intentaron localizar a su familia sin obtener respuesta. Ante la falta de contacto y considerando las características y necesidades especiales del animal, el refugio decidió iniciar la búsqueda de un nuevo hogar que ofreciera las condiciones adecuadas para su bienestar.

Según explicó Sergio Moragues, director de El Campito Refugio, los responsables del lugar realizaron gestiones para establecer comunicación con los posibles propietarios, pero ante la ausencia de respuestas optaron por priorizar la seguridad y la estabilidad de Rosaura. La decisión de avanzar hacia una adopción se tomó tras evaluar que la familia original no aparecería y que mantener al animal en el refugio por tiempo indefinido no era lo más conveniente para su situación particular.

En el proceso de búsqueda de adopción se consideraron aspectos como el temperamento, la salud y las necesidades especiales de Rosaura para encontrar una familia compatible. Durante las conversaciones con candidatos a adoptantes, el equipo del refugio valoró a diferentes hogares hasta identificar a quienes, en su criterio, reunían las condiciones ideales. Tras confirmar esa compatibilidad, se cerraron los pasos formales de la adopción y se coordinó la entrega del animal.

Para concretar la incorporación de Rosaura a su nuevo hogar, integrantes de El Campito realizaron un traslado considerable: un viaje de entre 300 y 350 kilómetros. Moragues indicó que efectuaron ese desplazamiento precisamente para asegurar que la transición fuera lo menos traumática posible y para verificar que el lugar receptor ofreciera el cuidado y la contención necesarios. El traslado incluyó la entrega directa al hogar adoptante y las instrucciones pertinentes para garantizar una adaptación gradual y un seguimiento responsable.

Actualmente, Rosaura está instalada en su nuevo hogar, donde recibe atención y acompañamiento adecuados a sus necesidades. El refugio describió la situación como el cierre de una etapa marcada por la incertidumbre inicial y por el esfuerzo institucional para asegurar una solución estable. La acción de El Campito combinó la búsqueda de una familia apropiada con la disposición a movilizar recursos para facilitar la llegada del animal a ese entorno.

Este caso pone de manifiesto el papel que desempeñan los refugios en la gestión de situaciones en las que la localización de propietarios resulta infructuosa, así como la importancia de procesos de adopción responsables que consideren las características individuales del animal. El traslado y la entrega buscaron priorizar el bienestar de Rosaura y el compromiso del refugio con la protección animal.

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