Hoy, 5 de enero, Londres se despide del abeto noruego que durante semanas iluminó Trafalgar Square, poniendo fin a la 78.a edición de una tradición que, desde 1947, vincula a Noruega y al Reino Unido como muestra de gratitud y memoria.
Tras ocupar el centro de la plaza durante la temporada navideña, el árbol será retirado esta noche, concluyendo su papel como símbolo de fraternidad, memoria compartida y espíritu festivo.
La costumbre tiene sus raíces en la Segunda Guerra Mundial. En 1940, la invasión alemana obligó al rey Haakon VII y al gobierno noruego a exiliarse en Londres.
Desde allí, la resistencia noruega pudo reorganizarse y coordinar esfuerzos. Las emisiones de la BBC y la emisora noruega NRK transmitidas desde Londres ofrecieron un canal clandestino de información y esperanza para quienes, en Noruega, escuchaban en secreto.
Esas transmisiones, en noruego y emitidas desde suelo británico, reforzaron la solidaridad entre ambos pueblos. Al finalizar la guerra, Oslo instauró en 1947 la donación anual de un árbol de Navidad como gesto de agradecimiento, según informó The Associated Press.
Cada año, la llegada del abeto a Trafalgar Square recuerda el pasado compartido y la capacidad de transformar la adversidad en una relación duradera entre naciones.
El árbol no es cualquiera: se trata de Picea abies procedente de los alrededores de Oslo, seleccionado mediante un proceso casi ritual en el que varios ejemplares son identificados y cuidados durante cinco a diez años antes de decidir el finalista.
El elegido de este año, apodado “Ever Oslo”, mide unos veinte metros y tiene alrededor de sesenta años. Fue seleccionado entre otros finalistas —“Nordic Star” y “Fjord Fir”— y talado el 21 de noviembre en una ceremonia a la que asistieron la alcaldesa de Oslo, Anne Lindboe, y el lord alcalde de Westminster, Paul Dimoldenberg.
El traslado añade significado a la tradición: el árbol se fija en una estructura especial y recorre unos 180 kilómetros por carretera hasta el puerto, donde se limpia para eliminar la sal de las vías antes de embarcarlo.
La travesía marítima dura aproximadamente 26 horas con el abeto protegido bajo cubierta. Su destino en Reino Unido es Immingham, a 239 kilómetros al norte de Londres; desde allí se completa el trayecto final por carretera hasta Trafalgar Square.
La iluminación oficial, que suele celebrarse el primer jueves de diciembre con coros y villancicos, marca el inicio de la cuenta regresiva navideña. Las luces se colocan en vertical, siguiendo la tradición noruega y destacando la silueta característica del árbol.
Durante casi un mes, el abeto no solo adorna la plaza, sino que invita a recordar la historia de solidaridad y agradecimiento que simboliza, como subrayó The Associated Press al describir la ceremonia anual.
Un aspecto valorado por los londinenses es la conciencia ambiental que acompaña la tradición: el árbol no se descarta. Hoy, en la Duodécima Noche de Navidad, será retirado para ser triturado y convertido en compost destinado a parques y jardines urbanos, cerrando su ciclo con una práctica sostenible y garantizando que, por cada ejemplar donado, se planten nuevos abetos en los bosques de Oslo.
Con el retiro del abeto noruego, Londres renueva un gesto de memoria y gratitud, reafirma la relevancia de las tradiciones compartidas y muestra un compromiso con la sostenibilidad.
La historia de este árbol, que cada año cruza el mar para presidir Trafalgar Square, sigue siendo un testimonio de la capacidad humana para convertir la adversidad en un legado de esperanza y solidaridad; el abeto se marcha, pero el significado que representa permanece en la ciudad y en sus habitantes.


