15 de enero de 2026
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El abeto noruego de Trafalgar: historia y retirada del protagonista

Hoy, 5 de enero, Londres se despide del abeto noruego que durante semanas iluminó Trafalgar Square, poniendo fin a la 78.a edición de una tradición que, desde 1947, une a Noruega y al Reino Unido en un gesto de gratitud y memoria.

Tras presidir la plaza durante toda la temporada navideña, el árbol será retirado esta noche. Ha sido un símbolo de fraternidad, historia compartida y espíritu navideño: desde hace casi ocho décadas llega desde Oslo y representa un vínculo forjado en los días más oscuros de la Segunda Guerra Mundial, reafirmado cada invierno.

El origen de esta costumbre está estrechamente ligado a la guerra. En 1940 la invasión nazi obligó al rey Haakon VII y a su gobierno a exiliarse en Londres.

Desde la capital británica, la resistencia noruega pudo reorganizarse y planear su recuperación. Las emisiones de la BBC y de la emisora noruega NRK, transmitidas desde Londres, se convirtieron en un puente de esperanza para quienes en Noruega escuchaban a escondidas, desafiando la prohibición nazi.

Esas emisiones, en la lengua natal y enviadas desde suelo británico, mantuvieron viva la esperanza y simbolizaron la solidaridad entre ambos pueblos. Al terminar la guerra, el agradecimiento noruego se tradujo en un gesto duradero: “Como muestra de agradecimiento, el gobierno municipal de Oslo instauró en 1947 la donación anual del árbol de Navidad”, explicó The Associated Press.

Así, cada año la llegada del abeto a Trafalgar Square recuerda no solo el pasado compartido, sino también la capacidad de convertir la adversidad en una alianza perdurable.

No se trata de cualquier árbol. El abeto es un Picea abies procedente de los alrededores de Oslo cuya selección se realiza casi como un ritual: varios ejemplares se identifican y cuidan durante cinco a diez años antes de escoger el definitivo.

Este año el elegido, apodado “Ever Oslo”, mide unos veinte metros y tiene alrededor de sesenta años. Fue elegido entre otros dos finalistas —“Nordic Star” y “Fjord Fir”— y fue talado en una ceremonia el 21 de noviembre a la que asistieron la alcaldesa de Oslo, Anne Lindboe, y el lord alcalde de Westminster, Paul Dimoldenberg.

El desplazamiento del abeto aporta significado a la tradición. Tras ser cortado se coloca en una estructura especial y recorre unos 180 kilómetros por carretera hasta el puerto, donde se lava para eliminar la sal de los caminos antes de embarcarlo en una travesía marítima de unas 26 horas, protegido bajo cubierta para evitar daños por el agua salada.

Su destino es Immingham, a 239 kilómetros al norte de Londres. Desde allí la última etapa se realiza por carretera hasta Trafalgar Square, donde el abeto es finalmente instalado.

La ceremonia de encendido oficial, que suele celebrarse el primer jueves de diciembre y cuenta con coros que interpretan villancicos, marca el inicio de la temporada navideña. Las luces se colocan en vertical, respetando la tradición noruega y dando al árbol una silueta característica que preserva las costumbres originales.

Durante casi un mes, el abeto no solo adorna la plaza, sino que invita a reflexionar sobre la historia de solidaridad y gratitud que representa. “El árbol simboliza la amistad entre Londres y Oslo en una ceremonia anual que resalta la historia de la alianza entre los países”, señaló The Associated Press.

Un aspecto valorado por los londinenses es la conciencia ecológica de la tradición. El abeto no se desecha: hoy, 5 de enero, en la Duodécima Noche de Navidad, será retirado para ser triturado y convertido en compost destinado a los jardines urbanos. Así se cierra el ciclo del árbol y se garantiza que, por cada ejemplar donado, se plante un nuevo abeto en los bosques de Oslo.

Con la retirada del abeto noruego, Londres no solo pone fin a las celebraciones navideñas: renueva un pacto de memoria y gratitud, reafirma la importancia de las tradiciones y mira al futuro con un compromiso renovado con la sostenibilidad.

La historia de este árbol, que cada año cruza el mar para presidir Trafalgar Square, sigue siendo un testimonio de la capacidad humana para transformar la adversidad en un legado de esperanza y solidaridad. El abeto se va, pero la historia que representa permanece en el corazón de la ciudad y de quienes la habitan.

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