Una histórica planta de alimentos para mascotas de Pilar cerró y dejó sin trabajo a 80 empleados, en un nuevo episodio de la crisis que atraviesa el sector productivo en el marco de las políticas económicas del gobierno de Javier Milei.
Se trata de la empresa Gepsa, que decidió cesar definitivamente la actividad en su planta tras registrar una caída del 30% en las ventas, lo que —según la compañía— hizo inviable mantener la producción. La resolución fue formalizada mediante un acta presentada ante el Ministerio de Trabajo.
En el documento, la empresa afirmó que “pese a las distintas gestiones realizadas no se ha podido resolver los problemas económicos que hacen imposible la continuidad productiva” y confirmó que, al no haberse encontrado comprador, iniciará los trámites para el cierre del establecimiento, asegurando el pago de las indemnizaciones legales.
El cierre impacta en una zona ya golpeada por la pérdida de empleo industrial: Pilar acumuló cierres y despidos en empresas como ILVA, Whirlpool y otras firmas proveedoras, lo que profundiza el deterioro del tejido productivo local.
Según fuentes del sector, el conflicto comenzó en octubre pasado, cuando la empresa informó la caída de ventas. En ese momento se pactaron con el sindicato reducciones salariales y de jornada para evitar despidos, pero la situación se agravó por demoras y pagos parciales de salarios, además de licencias forzadas y vacaciones adelantadas sin abonar.
A fines de año, Gepsa comunicó que el cierre de la planta era la única alternativa viable. Desde el sindicato de Molineros rechazaron la decisión y reclamaron la continuidad de la actividad y la preservación de los puestos de trabajo; los empleados realizaron una protesta en la puerta de la fábrica.
La incertidumbre persiste entre los trabajadores: pese al anuncio de cierre no se enviaron telegramas de despido y algunos mantienen la esperanza de que la planta pueda reabrir tras el receso de vacaciones previsto hasta febrero.
Un operario consultado por el medio local Pilar de Todos sostuvo que el cierre podría obedecer a un intento de achicar personal: “Creemos que la empresa quiere desprenderse de los trabajadores con antigüedad”, dijo, y planteó la posibilidad de que la fábrica vuelva a operar con nuevo personal en condiciones laborales más precarias.
El caso de Gepsa se suma a una sucesión de cierres, despidos y conflictos laborales que evidencian el impacto de la caída del consumo y la recesión sobre la industria nacional.


