Esta madrugada, a las 0:43, falleció a los 92 años Ángel Norberto Coerezza, una figura destacada del arbitraje argentino. Su partida fue recibida con profundo pesar por colegas y aficionados.
En los estadios se percibió un silencio respetuoso. Coerezza fue más que un árbitro: fue un referente en un deporte marcado por la pasión, la presión y los conflictos inherentes al juego.
Una imagen que definió su época
Quienes lo vieron dirigir en las décadas de 1950, 1960 y 1970 recuerdan su postura erguida, presencia sobria y capacidad para anticipar la jugada. En un fútbol físico y de temperamentos intensos, imponía orden sin recurrir a la ostentación.
No fue un juez castigador, sino un árbitro de equilibrio. Su autoridad provenía del criterio y la coherencia, más que del gesto o el grito, lo que le ganó respeto entre jugadores y entrenadores. Convertía el arbitraje en un ejercicio de juicio y sensibilidad.
Proyección internacional
Su trayectoria explica por qué su nombre trascendió fronteras. Fue árbitro de Primera División entre 1957 y 1978 y participó en competencias internacionales de relevancia. En el Mundial de México 1970 dirigió el encuentro Inglaterra–Alemania y actuó como juez de línea en la final entre Brasil e Italia.
Además, estuvo presente en los Juegos Olímpicos de Montreal 1976 y en el Mundial de Argentina 1978, donde dirigió el partido inaugural.
Esas designaciones reconocieron un estilo basado en la templanza, el criterio y la integridad. Coerezza demostró que desde la Argentina se podía arbitrar con nivel internacional manteniendo una fuerte identidad ética.
Formador y docente
Su legado más importante se forjó fuera del campo de juego. Entre 1979 y 1989 fue director de la Escuela de Árbitros de la Asociación del Fútbol Argentino, contribuyendo de forma decisiva a la formación de varias generaciones. Allí enseñó no solo las reglas, sino también la interpretación y la responsabilidad en la toma de decisiones.
Entre 1995 y 2002 estuvo al frente del Predio AFA–Ezeiza, aportando estructura y visión institucional. Más tarde, entre 2010 y 2017, regresó a la Dirección Nacional de Arbitraje como mentor, reafirmando su compromiso con la enseñanza.
Fue docente de referencia porque comprendió que la norma sin humanidad queda vacía de sentido y porque ejerció un liderazgo sereno, alejado de la imponencia.
Un legado perdurable
La influencia de Ángel Norberto Coerezza se mantiene cada vez que un árbitro joven decide con convicción, cuando se prioriza la lealtad deportiva sobre el espectáculo vacío o cuando se opta por el criterio en lugar de la comodidad.
Actuó como puente entre el fútbol de otra época y la modernidad, sin renunciar a un principio central: la integridad. No se dejó doblegar por la presión de los estadios; su compromiso fue con el juego y con la justicia que lo sostiene.
Hoy, simbólicamente, la pelota parece rodar un poco más despacio, como señal de respeto.
El silbatazo final
Con serenidad terminó su etapa en el campo. El fútbol argentino despide a una figura íntegra, de las que dejan huella sin necesidad de alzar la voz.
Ángel Norberto Coerezza pasa a formar parte de la historia del fútbol. Es una pérdida humana, profesional y educativa. Descanse en paz.


