El conflicto laboral en la planta de GEPSA, productora de alimento balanceado con sede en Pilar, dio un giro esta semana ante la posibilidad de que la empresa reanude su actividad, aunque con una reducción importante del personal.
La planta había sido cerrada recientemente, lo que derivó en cerca de 80 despidos y dejó en alerta a los trabajadores y al sindicato de Molineros (UOMA), que venía sosteniendo audiencias y negociaciones con la empresa ante el Ministerio de Trabajo.
Según una fuente consultada, en una reunión entre los propietarios y un grupo de empleados la dirección de GEPSA manifestó que podría continuar operando, pero condicionó esa continuidad a una disminución de su plantilla.
Tras ese encuentro, algunos trabajadores que volvieron de sus vacaciones regresaron a realizar tareas de mantenimiento y limpieza, y se abonó una parte de las sumas adeudadas que se habían pactado en una reunión previa a fines de diciembre.
Quienes participaron en la reunión informaron que “los que quieren continuar se quedan y los que no, se sientan a negociar”, aunque varios empleados mostraron cautela ante las condiciones anunciadas y temen que se vean afectadas categorías, premios y beneficios extras al convenio.
El conflicto se inició en octubre por una presunta caída de ventas y tensiones en los acuerdos laborales; primero se aplicó una reducción de la jornada, luego hubo retrasos en los pagos y finalmente el cierre efectivo de la planta en diciembre.
Para este viernes por la mañana está prevista una nueva audiencia en el Ministerio de Trabajo, donde se buscará avanzar sobre la propuesta de mantener la actividad con menor cantidad de empleados.
La situación genera expectativas y preocupación a la vez entre los empleados y sus familias, que siguen atentos a las negociaciones en curso para definir el futuro de la histórica planta pilarense.


